The Objective
Gente

El histórico pueblo cerca de Zaragoza con el que Serrat tiene una unión especial: «Mi madre nació allí»

El cantante pasó allí los mejores momentos de su infancia, en los que aprovechaba para «robar uvas» con sus amigos

El histórico pueblo cerca de Zaragoza con el que Serrat tiene una unión especial: «Mi madre nació allí»

Serrat junto a Ana Belén. | Gtres

Joan Manuel Serrat siempre se ha sentido muy unido a Barcelona. Y es que, durante muchos años, se crio en la ciudad condal, considerándose «el nou del poble-sec», siendo toda una insignia en su vida. Aunque eso sí, siempre sintió mucha conexión con Zaragoza, especialmente con el pueblo de su madre, a una media hora de la ciudad, y donde pasaba los veranos, desde los cinco años, «robando uvas».

La madre de Serrat era una maña de Belchite que tuvo que emigrar a Barcelona. Para Serrat, este pueblo representa sus raíces aragonesas, el hambre de la posguerra y la memoria de una España que sufrió la fractura de la Guerra Civil. Han sido varias las ocasiones en las que el cantante se ha confesado sobre este rincón del mundo. «Mi madre era de Belchite. Mi abuelo era secretario del juzgado y lo mataron durante la Guerra Civil. Bueno, lo mataron las tropas nacionales a él, a mi abuela y a 30 familiares más», contó en una entrevista.

La unión especial de Serrat con Belchite

Candela Tiffon mujer Serrat
Serrat, junto a su mujer. | Gtres

Además, allí, pasó «algunos de sus veranos», alternando «las Delicias con Belchite. Es el decorado de la vida y una forma de ver el mundo». Incluso en la famosa Cançó de bressol (Canción de cuna), Serrat introduce una jota que su madre le cantaba de niño, conectando directamente el catalán con sus raíces aragonesas. De su abuelo materno, cuya ausencia marcó su infancia, escribió en El carrusel del Furo. «Fue su nieto, un servidor, el más pequeño de todos sus nietos, el que le convirtió en protagonista de una de sus canciones», contó. En sus reflexiones sobre la Guerra Civil, Serrat ha defendido siempre que Belchite es el símbolo de una España que no debe olvidarse. «Vengo de una familia humilde y de una larga posguerra que tardó mucho en concluir», ha reflexionado.

La madre de Joan Manuel Serrat, Ángeles Teresa, es probablemente la figura más determinante en la formación emocional y la cosmovisión del cantautor. Ella fue el puente entre dos mundos: la Cataluña urbana de posguerra y la Aragón rural, marcada por la tragedia. Como decíamos, Ángeles nació en Belchite, en una familia que sufrió de forma devastadora la represión tras el estallido de la Guerra Civil. Como mencionábamos antes, la tragedia no fue un rumor, sino una realidad brutal. Ángeles perdió a sus padres —los abuelos de Serrat— y a una treintena de familiares directos, fusilados por las tropas franquistas.

Su madre nació allí y, también, murieron sus abuelos en esta localidad

Tras la destrucción del pueblo y la pérdida de sus seres queridos, Ángeles tuvo que emigrar a Barcelona, llevando consigo el peso de ser una superviviente. En Barcelona, se instaló en el barrio obrero del poble-sec y se casó con Josep Serrat, un anarquista catalán que trabajaba en la Compañía de Gas. Ángeles se ganó la vida como costurera, trabajando incansablemente en casa. Serrat recuerda el sonido de la máquina de coser y las telas como el hilo conductor de su infancia. Ella fue quien trajo el castellano y la jota al hogar de los Serrat. Gracias a ella, Joan Manuel creció en una bilingüidad natural y sin conflictos, lo que más tarde le permitiría ser el referente de la canción en ambos idiomas.

Quienes la conocieron y el propio Serrat la describen como una mujer sobria y fuerte, protectora y muy humilde. Serrat cuenta que, cuando empezó a ganar dinero y a ser famoso, quiso comprarle cosas y sacarla de la estrechez de la posguerra. Ella, con su sabiduría de quien ha pasado hambre, siempre mantuvo una actitud de prudencia. Para Ángeles, el mayor orgullo no era que su hijo fuera una estrella, sino que fuera una «buena persona» y que no olvidara de dónde venía. Ángeles Teresa murió en Barcelona hace tiempo, pero su recuerdo siempre queda en la memoria de su hijo.

Fue destruido en la Guerra Civil y, ahora, existe el Belchite nuevo

Hoy en día, Belchite es algo más que un pueblo. El Belchite viejo es un conjunto de ruinas que quedaron detenidas en el tiempo tras la Batalla de Belchite (1937). Fue uno de los enfrentamientos más feroces del conflicto, con combates casa por casa y un asedio que redujo la villa a escombros. Al terminar la guerra, se decidió no reconstruir el pueblo. Franco ordenó dejar las ruinas intactas como un «monumento vivo» de la guerra, mientras que los prisioneros republicanos fueron obligados a construir el «Pueblo Nuevo» justo al lado. Caminar por sus calles hoy es una experiencia sobrecogedora. Destacan los esqueletos de la Iglesia de San Martín de Tours, con su torre mudéjar dañada, y el Convento de San Agustín. Aún se pueden ver impactos de proyectiles en las fachadas.

Debido a su atmósfera espectral, el pueblo ha tenido una «segunda vida» muy activa. Directores como Guillermo del Toro rodaron allí el inicio de El laberinto del fauno. También fue escenario de Las aventuras del barón Munchausen de Terry Gilliam. Es un lugar de peregrinación para los amantes de las psicofonías y los fenómenos paranormales. Muchos investigadores aseguran haber grabado sonidos de aviones, campanas y gritos que remiten a la batalla. Hoy en día, el Pueblo Viejo es un espacio protegido y vallado por seguridad —el riesgo de derrumbe es real—. Sí que es cierto que existen rutas guiadas de día —enfocadas en la historia y arquitectura— y de noche —enfocadas en las leyendas y el misterio—.

Los rincones que no te puedes perder

A pocos metros, el pueblo donde vive la gente hoy ofrece un contraste brutal: la vida cotidiana frente al silencio absoluto del cemento bombardeado.El Belchite Nuevo es un lugar fascinante, no tanto por su arquitectura (que es sobria y funcional), sino por lo que representa: es el símbolo de la supervivencia y, a la vez, una pieza de propaganda histórica congelada en el tiempo. Fue inaugurado oficialmente en 1954 (aunque las obras empezaron en 1940). Las calles son rectas y amplias, diseñadas bajo el estilo arquitectónico de la época de la dictadura (neocolonial y racionalista). La Plaza de España es el corazón del pueblo. Es enorme, rectangular y está flanqueada por soportales con arcos. Allí se encuentran el Ayuntamiento y la Iglesia de San Salvador.

Se utilizó mucho el ladrillo caravista, tratando de imitar un estilo aragonés pero con un acabado mucho más rígido y frío que el original. Lo más impactante de Belchite Nuevo es su proximidad al Viejo. Están separados apenas por un camino. Aunque la mayoría de los turistas van por las ruinas, el pueblo moderno tiene puntos de interés. El Santuario de Nuestra Señora del Pueyo es un lugar de mucha devoción local con unas vistas impresionantes de toda la estepa de la comarca. Es el lugar ideal para probar el auténtico aceite de oliva virgen extra —con denominación de origen del Bajo Aragón— y el ternasco de Aragón.

Hoy es un pueblo vivo, con unos 1.500 habitantes. Es un centro de servicios para la comarca, pero tiene un aire tranquilo, casi de pausa. Muchos de los nietos de aquellos que vieron caer las bombas ahora regentan los negocios locales o trabajan como guías en el Pueblo Viejo.

Publicidad