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Llúcia García, la actriz nominada al Goya: le propusieron el papel tras cinco días sin ducharse

La joven actriz está nominada a los Goya por Romería, pudiendo llevarse el cabezón a casa este sábado

Llúcia García, la actriz nominada al Goya: le propusieron el papel tras cinco días sin ducharse

Llúcia García, en una imagen de archivo. | Gtres

Llúcia García —Barcelona, 2006— fue descubierta en una plaza de Barcelona cuando volvía de un campamento. Llevaba cinco días sin ducharse y cargaba su mochila al hombro. Alguien la paró y le dijo que encajaba con el perfil de la protagonista de la nueva película de Carla Simón. No se lo tomó demasiado en serio, así que se presentó al casting acompañada de sus amigos, por si acaso. «Pensaba que a lo mejor me estaban engañando y me querían robar o algo», recuerda entre risas.

Un año y medio después, esa misma chica —que entonces terminaba el bachillerato artístico y no había pisado nunca un rodaje— se ha convertido en la nueva revelación del cine español. Romería, el último filme de Carla Simón, ha cosechado una ovación de 10 minutos en Cannes, ha sido nominado a la Palma de Oro y ha sido preseleccionado para representar a España en los premios Oscar. Críticos de todo el mundo se han rendido ante su interpretación. Deadline la describió como «hipnótica, imposible dejar de mirarla». The Guardian destacó su «gracia y encanto». The Hollywood Reporter la calificó de «hallazgo impresionante». Ella, sin embargo, prefiere hablar de su cambio de carrera universitaria —de Filosofía a Antropología— o de que nunca va elegante y se siente disfrazada con cualquier cosa formal.

Una historia de heroína, sida y memoria

En Romería, Garcia da vida a Marina, una joven huérfana que viaja a Galicia para reconstruir la memoria de sus padres fallecidos a causa del sida. La película, con la que Carla Simón cierra la trilogía dedicada a su familia tras Estiu 1993 y Alcarràs, retrata los devastadores efectos que tuvo la epidemia de heroína en España durante los años 80 y 90, una tragedia que arrasó con toda una generación y que el estigma y el silencio contribuyeron a enterrar.

Para Garcia, el rodaje supuso un descubrimiento. «Yo sabía lo que era el sida antes de rodar esta película, pero no es algo de lo que mi generación hable mucho hoy en día», reconoce. Sus amigos, al ver el filme, tampoco estaban al tanto. «No entendían qué relación había entre el sida y la heroína, por ejemplo» explica. A su generación se les ha hablado del VIH, pero solo desde el prisma de la transmisión sexual. La advertencia de no compartir jeringuillas no ha superado el paso del tiempo. Por eso, dice, películas como esta son necesarias. «Entiendes lo que sucedió desde un prisma distinto, el de la empatía y la humanidad».

El casting, los ensayos y Carla Simón

El rodaje tuvo lugar principalmente en Galicia, entre agosto y septiembre de 2024. Garcia nunca había estado allí. «Me encantó. Desarrollé una especie de vínculo místico con Vigo», cuenta. Los ensayos comenzaron antes, en Barcelona, en casa de la propia directora, con su hermana Berta —también actriz— como coach del equipo.

El reto no era sencillo: Garcia tenía que interpretar a dos personajes con el mismo físico pero distintas personalidades: Marina, la joven protagonista, y su madre. El primero le resultó más natural; el segundo, más difícil. «Carla dice que es una parte de mí que tengo, pero que no saco mucho», comenta. Encontró apoyo en Mitch, su compañero de reparto, que interpretaba tanto al primo adolescente como al padre. «Como los padres están todo el rato juntos y los personajes se construyen mucho a través de su relación, me fue muy bien ir siguiendo su ritmo».

Simón escogió a Garcia en parte porque se reconoció en ella. «Me dijo que decidió apostar por mí un día en el que me preguntó cuál era mi mayor miedo y yo le contesté que parecer tonta, porque suelo sonreír mucho y no soy altiva», recuerda la actriz. La directora también valoró actores veteranos como Tristán Ulloa y Miryam Gallego para completar el reparto. «Verlos interpretar y su forma de estar en las escenas es muy inspirador. Nunca me presionaron» afirma Garcia.

Cannes en chándal y Paul Mescal en la mesa de enfrente

Cuando las productoras le explicaron que Cannes era «algo muy grande», Garcia lo encajó con la misma naturalidad con la que había afrontado todo lo demás. «No estaba en mis expectativas. Entendía que era un festival de cine importante, pero no sabía qué esperar. Es un poco de ignorancia, de inocencia respecto a este mundo» admite.

En el festival no faltaron los momentos memorables. En la comida oficial del Palais, le tocó sentarse frente a Paul Mescal. «Yo había visto Normal People, pero no me di cuenta de que era él hasta que me avisó la productora. Es muy guapo y nos saludamos, aunque tampoco le dije nada porque, entre el inglés y que estábamos comiendo… no tenía nada que contarle a ese pobre hombre». También vio a Scarlett Johansson, aunque de lejos, y sin decirle nada. Y cuando no tenía entrevistas, ella y una amiga recorrían el hotel Marriott «pijísimo» en chándal, y los de seguridad las paraban porque no se creían que estuvieran alojadas allí. Para la alfombra roja, eligió un vestido de Sita Murt, una firma de Igualada que conocían su madre y su abuela. «Fui a divertirme porque yo nunca voy nada elegante», explica.

¿Actriz o no?

Desde el 5 de septiembre, el rostro de Llúcia Garcia se proyecta en los cines de España. La película ya acumula nominaciones y es una de las favoritas para los próximos premios Goya, que se celebrarán en Barcelona en febrero de 2026. Su nombre suena con fuerza para el galardón a mejor actriz revelación. Ella, sin embargo, no tiene claro que quiera ese camino.

«No me imagino ganando un Goya, ni siquiera sé si me apetece, me da vergüenza dar un discurso», confesó recientemente. Sobre los Oscar, su ambivalencia es similar: «Me alegraría mucho por Carla, pero a mí personalmente me da muchísima pereza, ya desde pensar en coger un vuelo tan lejos». Lo que más le cuesta de esta nueva vida es la promoción, la fama y la exposición. «Este oficio me pone en una posición extraña que aún estoy tratando de colocar. Me cuesta viajar, salir de mi círculo más cercano, ser conocida… Incluso al hablar castellano siento que pierdo mi personalidad», explica, ya que su lengua habitual es el catalán.

Durante el rodaje le llamó la atención el trabajo de los atrecistas y llegó a buscar cursos en el Instituto del Teatro. Ahora estudia Antropología —tras dejar Filosofía, que le resultó «más abstracta de lo esperado»— y no descarta ninguna opción. «Actuar es superchulo», concede. Pero también: «No tengo ni idea de a qué me quiero dedicar».

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