La vida de Toni Fernández Gabarre, el actor de 15 años que vive en la Cañada Real y podría llevarse un Goya
El adolescente es el protagonista de ‘Ciudad sin sueño’ donde interpreta a Toni, un joven que vive en ese asentamiento

Toni, en una imagen de archivo. | Gtres
Barcelona ya lo tiene todo preparado para la celebración de una nueva edición de los premios Goya. La ciudad condal ya se ha vestido de gala para dar paso a uno de los galardones más especiales y con más repercusión del cine patrio. Entre los nominados, nos encontramos con nombres más conocidos, mientras que hay otros actores y actrices que se estrenan en estos premios, marcando un antes y un después en su carrera. Entre ellos, nos encontramos con Toni Fernández Gabarre, el actor de etnia gitana que está nominado, en la categoría a mejor actor revelación, por su papel en Ciudad sin sueño.
Antonio «Toni» Fernández Gabarre es un joven actor español que ha emergido con fuerza en la escena cinematográfica actual (2025-2026), convirtiéndose en una de las grandes revelaciones del cine social reciente. Toni tiene 15 años y vive en la Cañada Real, un asentamiento irregular a pocos kilómetros de Madrid que, en los últimos tiempos, se ha enfrentado a una de las etapas más crudas de vivir una chabola; hacerlo sin electricidad y en unas condiciones infrahumanas. Esto mismo denunció el propio Toni, junto al elenco de la película, durante su paso por La revuelta.
La vida de Toni Fernández Gabarre en ‘Ciudad sin sueño’
Como decíamos, Toni pertenece a una familia de etnia gitana dedicada tradicionalmente a la chatarra, una herencia de la que se siente profundamente orgulloso. Su salto al cine no fue buscado de forma convencional, sino que forma parte de un cine que mezcla la ficción con la realidad documental de su entorno. Su carrera está estrechamente ligada al director Guillermo Galoe, con quien ha trabajado en proyectos que retratan la vida en los márgenes de la capital. Aunque es de noche fue su primera incursión relevante, donde ya se empezó a notar su magnetismo natural ante la cámara.
Ciudad sin sueño, su último proyecto, vio la luz en 2025. Se trata de un gran éxito y su primer papel protagonista en un largometraje. En la película, interpreta a un adolescente que vive en la Cañada Real y enfrenta la amenaza de desalojo mientras cuida de su abuelo. La cinta ha sido alabada por su autenticidad y por dar voz a una realidad a menudo invisible. El impacto de su actuación ha sido tal que ha llegado a las cotas más altas del cine español. Fue el pasado mes de enero cuando se anunció su nominación a los Goya por su papel en Ciudad sin sueño. Bajo su liderazgo actoral, la película ha logrado un total de cinco nominaciones en la 40.ª edición de los premios Goya —incluyendo mejor guion adaptado y mejor dirección de fotografía—.
Su vida en la Cañada Real marcada por la reivindicación social
Toni destaca por una interpretación que la crítica define como natural y visceral. Al no ser un actor de formación académica tradicional, aporta una verdad y una pureza que han sido claves para el tono de sus proyectos. Su relación con su abuelo en la vida real y en la ficción ha sido uno de los puntos más destacados de su biografía pública. Ciudad sin sueño, su ópera prima, es un largometraje dirigido por Guillermo García López que se ha convertido en una de las obras más impactantes del cine español reciente (2025-2026). La película es un relato de cine social y realista que camina por la frontera entre la ficción y el documental.
La película nos sitúa en la Cañada Real Galiana, el asentamiento irregular más grande de Europa, a las afueras de Madrid. El protagonista es Toni —interpretado por el propio Toni Fernández Gabarre—, un chico gitano de 13 años que vive en el Sector 6, una zona marcada por la falta de suministro eléctrico desde hace años. El conflicto estalla cuando Toni descubre que su familia y sus vecinos van a ser desalojados de sus casas. A partir de ahí, la película narra su resistencia silenciosa y su lucha por no perder sus raíces, su hogar y su identidad en un entorno que parece querer borrar su existencia. Así, la película se centra en distintos temas como la pérdida del hogar; no solo como estructura física, sino como el espacio donde reside la memoria de su familia.

Además, el vínculo generacional es fundamental en el largometraje, sobre todo, la relación de Toni con su abuelo, un chatarrero que representa la tradición y la sabiduría de un mundo que se desvanece frente al avance de la ciudad moderna. También, muestra cómo un adolescente debe cargar con preocupaciones de adultos —como cortes de luz, trámites judiciales o excavadoras— mientras intenta mantener la inocencia y sus sueños. El largometraje no se rodó en un set de estudio, sino en la propia Cañada Real. Muchos de los actores, incluido Toni, no son profesionales y viven realmente allí, lo que le da una verdad a la mirada y a los diálogos que es difícil de fingir.
A pesar de la dureza de lo que cuenta, la película tiene una fotografía bellísima. Juega con el contraste entre la oscuridad de un barrio sin luz y la luminosidad de los sueños de los jóvenes que lo habitan. El director no busca dar un discurso político masticado, sino ponerle rostro y nombre a las personas que viven a pocos kilómetros de la Puerta del Sol en condiciones de exclusión extrema.
