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La razón por la que Fernando Ónega es velado en la Casa de Galicia: su fuerte unión con esta pequeña aldea de Lugo

El histórico presentador está recibiendo su último ‘adiós’ en uno de los lugares más especiales para él en Madrid

La razón por la que Fernando Ónega es velado en la Casa de Galicia: su fuerte unión con esta pequeña aldea de Lugo

Fernando Ónega junto a la reina Letizia. | Gtres

Un emblemático edificio del madrileño, castizo y céntrico de Retiro, acoge, este miércoles, la capilla ardiente de Fernando Ónega. El último ‘adiós’ al histórico periodista está siendo en la Casa de Galicia, uno de los lugares que tiene un gran significado para el que fuera uno de los presentadores más importantes de nuestro país. Ha sido la propia Sonsoles, su hija, quien ha llegado al lugar, visiblemente emocionada, y junto a su pareja, Juan. Lo ha hecho dando las gracias a los periodistas que allí se encontraban, ya que la muerte de su progenitor ha sido un duro golpe; ambos estaban muy unidos. Una conexión que, además de con su familia, Ónega siempre vivió con su tierra, Galicia.

Es por eso que su despedida se ha realizado en la Casa de Galicia, una pequeña representación de la comunidad que le vio nacer en el centro de Madrid. Durante toda su vida, la unión con esta tierra no fue solamente una cuestión de origen, sino, también, funcionó como una seña de identidad. Y es que Fernando nunca se fue del todo de su pueblo natal, de Mosteiro. Era hijo predilecto de Pol y regresaba siempre que podía. Allí conservaba la casa familiar y era donde, según sus propias palabras, «recuperaba la calma y el sentido común».

Fernando Ónega recibe su último ‘adiós’ en la Casa de Galicia

Mariano Rajoy junto a Alsina, en el último ‘adiós’ a Fernando Ónega. | Gtres

Frente a la sofisticación de Madrid, él siempre reivindicó sus orígenes humildes y rurales, algo que plasmó en cientos de artículos donde analizaba la política nacional desde la «retranca» y la perspectiva gallega. Es por eso que la Casa de Galicia siempre fue su segunda casa y se convirtió en una figura clave en la dinamización de esta institución, utilizándola como puente entre la Xunta y el Gobierno central. Así, no es casualidad que su capilla ardiente se haya instalado precisamente allí hoy, 4 de marzo de 2026. Es el reconocimiento de la comunidad gallega a quien mejor supo explicar Galicia al resto de España.

Ónega utilizó su voz en la radio —especialmente en Onda Cero— para narrar la actualidad gallega con un cariño especial. Fue uno de los grandes promotores del Camino de Santiago, al que dedicó numerosos escritos y crónicas, destacando siempre el valor espiritual y cultural de la ruta. Ayudó a poner en valor a figuras gallegas clave de la política, como Manuel Fraga o el propio Adolfo Suárez —quien, aunque abulense, tuvo en Ónega a su mejor «traductor» gallego—. Ónega recibió la Medalla de Oro de Galicia por su contribución a la cultura y a la comunicación.

Su conexión especial con Galicia

Sonsoles Ónega y su padre, Fernando, en 2023
Sonsoles Ónega y su padre, Fernando, en 2023. | Gtres

Además, también le otorgaron, por la Asociación de Periodistas de Galicia, el premio Diego Bernal, reconociendo toda una vida de maestría profesional. Fernando solía decir que «un gallego nunca llega del todo a Madrid, porque siempre tiene un pie en la maleta para volver». Como decíamos, el nexo de unión más especial para Fernando reside en Mosteiro, la capital del municipio de Pol, en la provincia de Lugo. Es un lugar pequeño en extensión, pero con una importancia histórica y sentimental inmensa, especialmente por ser la cuna de Fernando Ónega. Curiosamente, Mosteiro es la parroquia más pequeña de todo el municipio de Pol, con apenas 1,2 kilómetros cuadrados, pero ostenta la capitalidad desde 1970.

Está situada en la comarca de Meira, a unos 25 kilómetros de Lugo. Es un paisaje típicamente gallego de media montaña, rodeado de ríos —como el Azúmara y el Lea— y pequeños montes como el de Lal (575 metros). Su nombre proviene de un pequeño monasterio benedictino que existió en la zona entre los siglos XI y XII. La Iglesia de San Salvador es el edificio más emblemático. Aunque la estructura actual fue reconstruida entre los siglos XVIII y XIX, conserva vestigios románicos del antiguo cenobio, como una dovela ajedrezada incrustada en su fachada.

Fernando Ónega siempre ha estado muy unido a Lugo. | LugoXa

En el pueblo se encuentran los servicios principales del municipio: el Ayuntamiento (Concello), el colegio público CEIP Rosalía de Castro y la Plaza de Galicia, centro neurálgico de la localidad. Para Ónega, Mosteiro no era solo su pueblo, era su «patria emocional». Él siempre recordaba su infancia allí como la de un niño que «solo tenía la posibilidad de refugiarse en los libros para escapar de las labores del campo». Mosteiro celebra cada agosto esta fiesta, muy significativa para Ónega, quien personificaba al gallego que triunfa fuera pero que nunca olvida su origen. La localidad le otorgó este título en reconocimiento a su labor como embajador de Pol y de toda Galicia.

Mosteiro, la pequeña aldea de Lugo donde nació

Mosteiro es una zona de clima fresco y húmedo, ideal para el senderismo, como el Sendeiro Muíños do Azúmara, que recorre antiguos molinos de agua restaurados. Con poco más de 200 habitantes, es el lugar perfecto para lo que Ónega llamaba «recuperar el sentido común».

Pol también forma parte de la vida de sus hijos. | Turismo de Galicia

Fernando Ónega fue una figura capital del periodismo español y una pieza clave en la comunicación de la Transición. Su carrera alcanzó una dimensión histórica como director de prensa de la presidencia del Gobierno de Adolfo Suárez, siendo el autor de discursos emblemáticos que marcaron el rumbo del país; a él se le atribuye la famosa muletilla «puedo prometer y prometo». Tras su paso por la política activa, consolidó un perfil mediático polifacético dirigiendo importantes medios como el diario Ya y las agencias de noticias Pyresa y Fax Press, además de desempeñar cargos de máxima responsabilidad en Radio Nacional de España y Onda Cero.

En su faceta como comunicador, Ónega destacó por su capacidad de análisis político y su tono conciliador, convirtiéndose en un rostro imprescindible de la televisión y la radio. Fue director de informativos en Telecinco y Antena 3 durante los años noventa, y su firma fue una constante en las páginas de opinión de La Vanguardia. Hasta sus últimos años, se mantuvo activo como presidente del comité editorial de 65Ymás, demostrando un compromiso firme con los derechos de los mayores. Su trayectoria, premiada con tres premios Ondas y la Antena de Oro, deja un legado de rigor, palabra precisa y una visión del periodismo como un servicio público esencial para la convivencia.

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