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Elena Ochoa, sobre su matrimonio con Norman Foster: «Dejé de golpe 20 años de disciplina académica para estar a su lado»

El reputado arquitecto y la artista se casaron a mediados de los años 90 y juntos han tenido dos hijos; Paola y Eduardo

Elena Ochoa, sobre su matrimonio con Norman Foster: «Dejé de golpe 20 años de disciplina académica para estar a su lado»

Elena Ochoa junto a su marido, Norman Foster. | Gtres

Elena Ochoa y Norman Foster son los protagonistas de uno de los matrimonios más importantes del mundo social. La pareja, formada por el arquitecto más reconocido del mundo y la intelectual, se casó a mediados de los años 90 y, desde entonces, han combinado, en su día a día, el éxito empresarial, la sofisticación intelectual y una discreción envidiable. Su vida se divide entre Madrid y Londres, donde tienen establecidas sus residencias y su lugar de trabajo. Aunque siempre siempre con un toque chic.

Cuando se conocieron, Elena era una figura mediática en España gracias a su programa Hablemos de sexo y una respetada psicóloga. Al casarse con Norman, ella dio un giro radical a su carrera. Se mudó a Londres y fundó Ivorypress en 1996, una editorial de libros de artista y galería de arte que hoy es referencia mundial. Norman siempre ha incidido en que Elena no solo es su esposa, sino su musa y su guía en el mundo del arte contemporáneo, ayudándole a expandir su visión más allá de los planos de arquitectura.

El matrimonio de Norman Foster y Elena Ochoa

Elena Ochoa, la mujer de Norman Foster. | Gtres

Tienen dos hijos en común que han heredado el cosmopolitismo y la creatividad de sus padres. Paola ha seguido los pasos de su padre y se ha formado como arquitecta. Recientemente, ha destacado en entrevistas por su visión propia del diseño, desmarcándose de la sombra de su apellido. Por su parte, Eduardo está vinculado al mundo creativo y empresarial, mantiene un perfil algo más discreto, aunque se le ha visto apoyando los proyectos de la Norman Foster Foundation en Madrid. El matrimonio vive a caballo entre tres lugares emblemáticos que reflejan su estilo de vida. Poseen un impresionante palacete del siglo XIX en el barrio de Chamberí, que también sirve de sede para su fundación. Es el centro de su vida social en España.

Su residencia principal durante décadas, un ático acristalado diseñado por el propio Norman con vistas al Támesis. Pasan largas temporadas en St. Moritz, en su futurista casa llamada Chesa Futura, un refugio de madera con forma de burbuja que es una joya de la ingeniería. Hace apenas unos días, con motivo de ARCOmadrid 2026, el matrimonio ejerció de anfitrión en un cóctel VIP en Madrid. Se les vio tan unidos como siempre, demostrando que a sus 90 años (él) y 67 años (ella), siguen siendo el tándem de oro del sector. Norman suele decir que el secreto de su matrimonio es que «nunca dejamos de aprender el uno del otro».

«Nunca dejamos de aprender el uno del otro»

Norman Foster y Elena Ochoa, por las calles de Madrid en febrero de 2019. | Gtres

Se dice que Elena es la única persona capaz de hacer que Norman Foster «desconecte». Ella le introdujo en el mundo del esquí de fondo y el ciclismo, deportes que practican juntos para mantenerse en forma y evadirse de sus colosales proyectos. Han sido varias las ocasiones en las que Norman y Elena han hablado de su relación. Probablemente ha sido Ochoa quien más se ha sincerado sobre cómo es su matrimonio y cómo fueron sus comienzos. Su primer encuentro se produjo en una cena a la que ella, ni siquiera, quería ir. «Llegué la última y me presentaron a Norman… y nada, ahí fue hasta hoy. En la vida hay que ir a por todas, y a veces las decisiones más improvisadas son las que te cambian la vida», contó Elena.

Y es que, a finales de los años 90, Elena era una psicóloga de enorme éxito en España, pero decidió dejarlo todo para mudarse a Londres con Norman. «Vivir con Norman supone estar hoy en China, mañana en Estados Unidos y pasado en Francia. […] Un día me pregunté: ‘¿Qué pintas aquí? ¿Para esto te has casado, para estar cada uno en una punta del mundo?’. Dejé de golpe 20 años de disciplina académica para estar a su lado», confirma la intelectual, dejando claro que siempre han estado con una maleta detrás de la puerta para poder trasladarse de un lugar a otro.

Su conexión y el trabajo de Elena

Con un toque de ironía y mucha complicidad, ha bromeado sobre quién lleva las riendas en el día a día. «Mi marido y yo somos muy cómplices, hace lo que yo le diga», relató a Antena 3. A pesar del lujo que les rodea, Elena siempre ha intentado mantener los pies en la tierra. Y es que para ella, la felicidad «como estado constante es una imbecilidad». «La felicidad es la tranquilidad, la paz contigo mismo. Bajo el brillo, lo que hay son dos personas que eligieron la serenidad como forma de vida», relata. Fue hace un tiempo cuando Norman recibió uno de los galardones más importantes de su carrera, el premio Pritzker, momento en el que aprovechó para dedicarle a su mujer unas románticas palabras. «A tu lado, Elena, la palabra Renacimiento tiene para mí un nuevo y más profundo significado», contó.

Elena Ochoa nació en Orense en 1958. Fue catedrática de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid. Investigó en universidades de élite como Cambridge y Chicago con becas Fullbright. Su especialidad eran las fobias y los trastornos de la alimentación, y era respetadísima en el ámbito médico mucho antes de ser famosa. En 1990, su vida cambió cuando Chicho Ibáñez Serrador la eligió para presentar Hablemos de sexo en TVE. Fue una revolución. Por primera vez en la televisión española, una mujer hablaba de sexualidad de forma científica, clara y sin tabúes. Se convirtió en un fenómeno de masas, pero ella siempre se sintió un poco «incómoda» con esa fama de estrella de televisión, ya que ella se consideraba, ante todo, una académica.

Elena Ochoa, su gran apoyo en la capital. | Gtres

En 1996 se casó con el arquitecto Norman Foster y se trasladó a Londres. Allí nació su tercera y actual versión: la mecenas de arte. Fundó su propia editorial y galería de arte que hoy es mundialmente conocida. Tras el nombramiento de su marido como Caballero por la Reina Isabel II, ostenta el título de Lady. Es el nexo de unión entre el mundo de la arquitectura de su marido y el arte contemporáneo más vanguardista.

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