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La extraña relación de Isabel Preysler con la fe católica: se casó dos veces por la Iglesia pero no quería que Tamara Falcó creyera en Dios

La marquesa de Griñón ha revelado que su madre se llevó un disgusto cuando empezó a acercarse al catolicismo

La extraña relación de Isabel Preysler con la fe católica: se casó dos veces por la Iglesia pero no quería que Tamara Falcó creyera en Dios

Isabel Preysler junto a Tamara Falcó | Gtres

La relación de Isabel Preysler con la fe siempre ha estado marcada por la discreción y la moderación. Aunque se ha identificado como católica, nunca ha hecho de la religión un eje central de su vida. De hecho, parece que mantiene su fe pero no comparte en absoluto el fervor religioso de su hija Tamara Falcó.

Este enfoque más templado tiene también raíces en su historia personal. Isabel Preysler procede de una familia filipina profundamente católica, lo que explica su vínculo cultural con la Iglesia. A lo largo de su vida ha mantenido esa tradición. De hecho, se ha casado por la Iglesia en dos ocasiones —con Julio Iglesias en 1971 y Carlos Falcó en 1980— y ha celebrado sacramentos como bautizos en su entorno familiar.

Sin embargo, su trayectoria vital también revela una relación flexible con la religión, ya que ha compartido su vida con parejas no creyentes —se casó con Miguel Boyer por lo civil, ya que él era ateo— y ha llevado un estilo de vida alejado de los modelos más tradicionales del catolicismo.

Tamara Falcó revela que su madre se llevó un disgusto cuando se convirtió al catolicismo

Muy distinta es la vivencia de Tamara Falcó, que ha hecho de su fe una parte fundamental de su vida. La marquesa de Griñón lo volvió a evidenciar en su reciente entrevista con Ana Milán para el programa Ex. La vida después, estrenado este miércoles en Cuatro. En este espacio, la hija de Isabel Preysler confesó el disgusto que se llevó su madre cuando decidió acercarse al catolicismo.

«Ella lo llevaba fatal al principio», confesó, entre risas, antes de relatar una escena muy significativa. Estaba en el salón de su madre, cenando con ella y con Elena Benarroch, entre otros invitados. Entonces, la Isabel Preysler dijo delante de todos: «Ay, que se me ha vuelto católica». Los invitados, «que son muy liberales», le contestan a la socialite que será «una fase» y que no se preocupara. Unas declaraciones, sin duda, llamativas, ya que su madre se había casado por la Iglesia en dos ocasiones y creció en un entorno religioso.

«En mi familia era complicadísimo creer en Dios»

Según explicó, en su entorno familiar la religión no era algo habitual. «Era complicadísimo creer en Dios», aseguró, recordando que su madre había pasado por varios matrimonios y que figuras cercanas, como su tío Miguel, eran abiertamente ateas. «Estaba muy mal visto, era una superstición», añadió.

Todo cambió en un momento muy concreto: durante una visita a una librería junto a su padre, Carlos Falcó. Allí encontró una Biblia que le llamó poderosamente la atención. «Encontré lo que llevaba buscando toda mi vida», explicó sobre ese punto de inflexión. A partir de entonces, su estancia en el campo con su padre, sin acceso a Internet, se convirtió en una experiencia transformadora, volcada en la lectura. Fue el propio Carlos Falcó quien, al percibir el cambio en su hija, decidió apoyarla e incluso animarla a viajar juntos a Jerusalén.

Tamara Falcó y su padre, Carlos Falcó. Gtres
Tamara Falcó y su padre, Carlos Falcó. Gtres

«Incluso siendo ateo se puede ser bueno»

En la entrevista, Tamara Falcó también reflexionó sobre la fe y la bondad: «Incluso siendo ateo se puede ser bueno. Yo he conocido a gente muy buena que era atea. En lo que vamos a ser juzgados es en el amor. Sería imposible decir que esa gente atea no lo sea, pero es mucho más fácil amar cuando te sientes amado. Eso a mí no me pasó hasta que conocí a Jesús».

Finalmente, explicó cómo este proceso ha transformado su forma de ver a su familia: «Yo estoy segura de que Dios existe y de que Jesús era Dios. Dios empieza a sanar cosas en mi vida que había tenido de pequeña o incomprensiones que había sentido en mi familia. Y puedo comprender mejor a mis padres y no juzgarles y quererles. A mis padres les tenía muy endiosados, era una relación de amor, odio, y Jesús me ayudó a verles como a personas».

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