Sabina, sobre su quiebra económica: «Hacienda me ha dado un viaje de los que quitan el hipo»
El cantante vivió un momento especialmente complicado, a lo que su unió su gran deuda con Hacienda

Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres
Joaquín Sabina, al comienzo de su carrera, no fue muy consciente del dinero que manejaba. Un estilo de vida despreocupado le hizo perder la mayoría de la fortuna que había amasado. Es más, como él mismo contó, «malgastó» su dinero en «mujeres, alcohol y fiestas». Un estilo de vida que fue cambiando cada vez que se iba haciendo más mayor. Aunque eso sí, uno de sus peores momentos llegó cuando tuvo que enfrentarse a su deuda con Hacienda.
«Hacienda me ha dado un viaje de los que quitan el hipo. Me han dejado temblando, pero no me quejo de pagar impuestos, me quejo de que me traten como a un delincuente cuando yo solo quería hacer canciones», contó. Un punto de vista que siguió defendiendo en Lo de Évole, donde confesó que había tenido que trabajar «más de la cuenta» porque «los señores de Hacienda decidieron que yo era un magnate del petróleo, cuando solo soy un tipo que rima ‘corazón’ con ‘canción’». Aunque eso sí, su verdadera ruina —si no hablamos de la económica— fue cuando sufrió un ictus que le hizo entrar en una depresión profunda.
La quiebra económica de Sabina

«Me sentí una ruina humana. De pronto, el tipo que se comía la noche y no dormía, tenía miedo de salir a la calle. Me quedé vacío, sin una sola palabra que escribir. Esa fue mi verdadera quiebra», confesó. Y es que estuvo dos años en los que su casa era «una cárcel». «No es que no tuviera dinero, es que no tenía vida. La ruina emocional es mucho más difícil de gestionar que una cuenta bancaria a cero», admitió. No hay que olvidar que Sabina tiene a su espalda una amplia y fructífera carrera en el mundo de la música. A diferencia de otros artistas que dependen de las ventas de discos —que han caído para todos—, la fortuna de Sabina se asienta en dos pilares muy sólidos.
Es, sin duda alguna, uno de los autores que más recauda en España. Sus canciones —propias y las que ha escrito para otros como Ana Belén o Miguel Ríos— generan royalties constantes en radios, bares y televisiones de todo el mundo hispano. En la última década, sus giras —como Lo niego todo o Contra todo pronóstico— han sido hitos de recaudación. Sabina llena estadios en Argentina, México y España con entradas que no son precisamente baratas. Como decíamos, hace tiempo, Sabina tuvo una contienda con Hacienda por utilizar sociedades para pagar menos impuestos por sus derechos de autor entre 2008 y 2010.
Su deuda con Hacienda

Tras años de litigios, el Tribunal Supremo confirmó que debía pagar cerca de 2,5 millones de euros. Él siempre ha dicho que «sus gestores se encargaban de eso» y que él no entendía de números, pero el golpe financiero fue notable. De hecho, ha bromeado diciendo que sus últimas giras han sido para «pagarle el sueldo al ministro de Hacienda». En todo este tiempo, además, ha ido amasando una buenísima situación económica y una fortuna que se centra, sobre todo, en su casa en el centro de Madrid, su mayor tesoro. Es su joya de la corona. Un piso enorme en el centro de Madrid que ha ido ampliando comprando viviendas colindantes. Es más una biblioteca y un museo que una casa convencional.
También, posee una casa en la localidad de Rota, en Cádiz, y es su refugio de verano donde se reúne con la jet set intelectual —como Benjamín Prado, Almudena Grandes en su día, etc.—. Es más, él mismo ha presumido que es una persona que no ha sabido ahorrar. «El dinero para mí nunca fue un fin, sino un medio para no tener que pedir permiso a nadie», confesó. Su dinero lo ha gastado, no solamente en fiestas, como él mismo ha dicho, sino, también, en sus colecciones. Y es que es un coleccionista compulsivo de primeras ediciones y de rarezas literarias, lo cual es una inversión de valor que no se puede calcular.
«Me han dejado temblando, pero no me quejo de pagar impuestos, me quejo de que me traten como a un delincuente»

Gestiona su actividad, principalmente, a través de Ultramarinos Finos SL, una sociedad que ha llegado a declarar activos por valor de varios millones de euros. A través de ella gestiona sus giras, contratos publicitarios y la edición de sus libros de dibujos y poemas. Hoy en día, Sabina vive una gran estabilidad, tanto económica como personal. Su riqueza no está en coches de lujo o yates, sino en activos mucho más estables. Su piso en la plaza de Tirso de Molina es su mayor activo inmobiliario. Es una propiedad inmensa —fruto de unir varios pisos— cuyo valor en el mercado madrileño es altísimo, pero cuyo valor sentimental y artístico —por la biblioteca que alberga— es incalculable.
Culpa del gran momento que vive es de Jimena Coronado. Ella ha profesionalizado la gestión de sus asuntos. Ha pasado de ser la musa a ser la persona que supervisa sus contratos, sus sociedades —como Ultramarinos Finos— y sus impuestos. Jimena ha logrado que el dinero de Joaquín deje de irse en «noches de hotel para 20 amigos» y se convierta en una estructura sólida que garantiza que al maestro no le falte de nada. A sus 77 años, su rutina es la de un hombre inmensamente rico en tiempo. Ha saldado sus cuentas con el Estado y vive en una casa que él mismo compró. Es más, ya no gasta en juergas. Sus mayores gastos actuales son los libros raros, las buenas cenas privadas con amigos íntimos y el mantenimiento de su refugio en Rota (Cádiz).
