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Ana Botín, 65 años: «De niña, en mi casa se desayunaba, se comía y se cenaba banco; no había desconexión»

La presidenta del Santander vivió una infancia marcada por la figura de su padre y la mano tendida de su progenitora

Ana Botín, 65 años: «De niña, en mi casa se desayunaba, se comía y se cenaba banco; no había desconexión»

Ana Botín, en una imagen en Palacio Real. | Gtres

Ana Botín siempre tuvo muy claro que quería seguir los pasos de su padre. La presidenta del Banco Santander se crio en un entorno marcado por las finanzas y, sobre todo, por el trabajo de su progenitor. Emilio siempre fue «una persona muy exigente, con él mismo y con los demás. No era una infancia de mimos, era una infancia de disciplina». Es más, en su casa «se desayunaba, se comía y se cenaba banco. No había desconexión», contó en Planeta Calleja. Cuando era pequeña, la mandaron a estudiar al extranjero, lo que influyó mucho en su educación.

Botín ha confesado, en varias ocasiones, que fue una niña «tímida» y que su marcha, fuera del hogar, le hizo «espabilar». «Textualmente, me sentía una extraña, pero eso me dio una perspectiva global que otros no tenían», contaba. Su padre siempre fue su apoyo en su carrera laboral, mientras que su progenitora ejerció como compañera en un plano más sentimental. «Mi madre fue el equilibrio. Ella nos enseñó que había un mundo fuera de las finanzas: la música, el arte y, sobre todo, el esfuerzo personal sin necesidad de reconocimiento público», ha reconocido.

La infancia de Ana Botín

Ana Botín junto a su marido en el verano de 2023. | Gtres

A pesar de los privilegios que gozaba para una niña de edad, Ana nunca sintió una sensación de privilegio. «Desde pequeña me grabaron a fuego que el apellido no era un regalo, sino una responsabilidad. Textualmente: ‘Tienes que trabajar el doble para demostrar la mitad’», confesó en una entrevista. Así, esa infancia, esos primeros años de vida, estuvieron marcados por una gran austeridad emocional, en la que había abrazos pero, también, objetivos por cumplir. Su educación europea la alejo de la vida del Banco Santander desde muy niña. Y la idea de ser «hija de» se convirtió en una barrera que pudo derribar gracias a sus notas brillantes y su trabajo incansable.

Su padre, Emilio Botín, era una figura omnipresente y arrolladora. Ana ha recordado que en su casa no se hablaba de juguetes o dibujos animados, sino de tipos de interés y expansión bancaria. Frente a la mentalidad financiera de su padre, su madre, Paloma O’Shea —la marquesa de O’Shea y pianista de profesión—, fue el contrapunto cultural. Gracias a ella, Ana creció rodeada de música clásica y arte. De hecho, Ana es una excelente pianista, una disciplina que le enseñó la importancia de la repetición y la paciencia. Su madre le dio una visión del mundo que iba más allá de los balances contables, inculcándole una sensibilidad que hoy aplica en su gestión de la sostenibilidad y el microcrédito.

La figura de su padre, el no dar nunca nada por sentado y Paloma O’Shea

La reina Sofía y Ana Botín en junio de 2023. | Gtres

Como decíamos, uno de los momentos más determinantes de su vida fue cuando sus padres decidieron mandarla a estudiar a Reino Unido. Se formó en un internado católico, St.Mary’s School, en Ascot. Pasó de ser la hija del banquero en Santander a ser una desconocida en un entorno británico extremadamente competitivo. Ella misma ha confesado que esa etapa fue dura por la soledad, pero fundamental para vencer su timidez crónica y aprender a valerse por sí misma en un idioma que no era el suyo. Sus padres le inculcaron una mentalidad de ahorro y discreción, por lo que nunca presumió de su gran fortuna. Sus veranos en Santander no eran de fiestas glamurosas, sino de deporte intenso —es una apasionada del golf desde niña— y de estudio. La competitividad en el deporte fue el ensayo general para su futura competitividad en el sector bancario.

Por ese entonces, Emilio era uno de los hombres más poderosos de nuestro país. Su esposa, Paloma O’Shea, siempre fue la figura equilibrante. Mientras Emilio se encargaba del dinero, ella se encargaba de la excelencia. Pianista de formación y fundadora de la Escuela de Música Reina Sofía, Paloma aportó a la familia un estatus que el dinero solo no compra: el de mecenas de la cultura. Emilio y Paloma tuvieron seis hijos, a quienes educaron bajo la premisa de que el apellido es una carga de trabajo, no un privilegio. Ana, la primogénita, fue quien heredó la presidencia. Es la cara visible, educada en EEUU y el Reino Unido, con una visión mucho más tecnológica y social que su padre.

La Reina Sofía junto a Paloma O’Shea. | EP

Javier es el hermano en la sombra. Es quien realmente maneja los hilos de la sindicación de acciones de la familia. Es un hombre de finanzas puro, muy discreto, apasionado de la navegación y el golf. Sus hermanos, Emilio, Paloma o Carmen, han mantenido siempre perfiles más bajos, relacionados con la inversión privada o la vida familiar, aunque siempre lejos del foco de la prensa. Ana Botín fue una de las primeras personas de su familia en abandonar el hogar en Santander. Se graduó en Economía y completó su formación en la Harvard Business School. Antes de entrar en el banco familiar, trabajó siete años en Wall Street. Fue una etapa crucial donde aprendió el lenguaje de la banca de inversión global, lejos del apellido Botín.

En 2002 fue la encargada de reflotar Banesto. En 2010, dio el salto a Londres como Consejera Delegada de Santander UK. Allí se convirtió en una figura respetada en la City, gestionando uno de los mercados más competitivos del mundo. Tras la muerte de Emilio Botín en 2014, se convirtió en presidenta del Grupo Santander. Fue la primera mujer en dirigir un banco de tal magnitud en España. Desde entonces, ha transformado la cultura del banco: menos agresividad comercial a lo bruto y más digitalización, diversidad y banca responsable.

Se casó en 1983 con Guillermo Morenés y Mariátegui, un aristócrata y financiero que ha sido su apoyo en la sombra durante cuatro décadas. Tienen tres hijos —Felipe, Javier y Pablo—. Siguiendo la tradición familiar, todos se han formado fuera y trabajan en el sector financiero y de inversión, manteniendo un perfil bajísimo. Ana, en su tiempo libre, se dedica a practicar uno de sus deportes estrella, el golf.

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