La «pasión arrebatadora» que sentía Jaime de Marichalar por la infanta Elena (y el beso en público que no pudo evitar darle)
Amor, pasión, emoción y protocolo: así comenzó —y terminó— la historia de la infanta Elena y Jaime de Marichalar

Jaime de Marichalar y la infanta Elena en 1998 | Contacto
Han pasado 31 años de la boda de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Ambos se casaron el 18 de marzo de 1995 en Sevilla, que se convirtió en el epicentro de la primera boda real celebrada en el país en casi un siglo, desde la de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg en 1906.
La pasión de la infanta Elena y Jaime de Marichalar
En los días previos a la boda, la pareja protagonizó escenas que reflejaban la complicidad y emoción del momento. Durante una escapada a Baqueira-Beret, el mal tiempo impidió que disfrutaran plenamente del esquí. Aun así, aprovecharon unos minutos tras bajar del telesilla para conversar, en uno de esos encuentros breves pero significativos.

Esa misma noche, en una fiesta celebrada en Salardú, su conexión volvió a quedar patente. Tras más de tres horas de celebración, llegó uno de los momentos más recordados. «Es evidente lo que puedo sentir», dijo Jaime de Marichalar ante la pregunta de los periodistas. «¿Podría extenderse un poco más?», le dijeron. A lo que él respondió: «Dime, ¿qué sentirías tú?». «¿Una pasión arrebatadora?», le sugirieron. «Eso, ¡como mínimo!», aseguró Marichalar, recoge Semana. Una frase espontánea que terminaría definiendo el espíritu de aquella relación.
Sevilla, volcada con una boda histórica
El 18 de marzo de 1995, Sevilla se volcó completamente con el acontecimiento. Más de 150.000 personas salieron a la calle para acompañar a la pareja en un ambiente festivo y multitudinario. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de Sevilla a las 12:30 del mediodía, en el altar mayor, reservado para grandes ocasiones de la realeza.
En total, asistieron entre 1.300 y 1.500 invitados, incluyendo representantes de decenas de casas reales y figuras del ámbito político, social y cultural. La expectación fue tal que la retransmisión televisiva superó los 10 millones de espectadores, convirtiéndose en un récord histórico en ese momento.
Jaime de Marichalar se saltó el protocolo y besó a la novia
La infanta Elena llegó del brazo de su padre, Juan Carlos I, visiblemente emocionada. Eligió un diseño de Petro Valverde, confeccionado en organza de seda, acompañado por el velo de la Reina Sofía, un guiño a la tradición familiar.
Uno de los momentos más comentados fue un pequeño despiste fruto de los nervios: la novia olvidó pedir la venia a su padre antes del «sí, quiero», un detalle que humanizó aún más la escena. Pero si hubo un gesto que resumió todo, fue el de Jaime de Marichalar al romper el protocolo y besar a la novia en la mejilla en pleno altar, dejándose llevar por la emoción.

Un banquete a la altura de la historia
Tras la ceremonia, los recién casados recorrieron Sevilla en una calesa hasta los Reales Alcázares de Sevilla, donde se celebró el banquete nupcial. El despliegue fue extraordinario:
- 170 mesas organizadas para los invitados.
- 14 cocinas provisionales.
- cerca de 300 personas trabajando en el servicio.
El menú incluyó platos como lubina del Cantábrico, perdiz roja y una tarta nupcial decorada con flores de lis. Más allá del protocolo, los invitados o el lujo, lo que quedó grabado en la memoria colectiva fue la emoción de aquellos días.
Del matrimonio a la separación: el final de una etapa
Fruto de su matrimonio nacieron dos hijos: Felipe Juan Froilán de Marichalar, el 17 de julio de 1998, y Victoria Federica de Marichalar, el 9 de septiembre de 2000. Sin embargo, con el paso de los años, la relación fue deteriorándose. En noviembre de 2007, la Casa Real anunció oficialmente el «cese temporal de la convivencia» de la pareja, un comunicado que marcó el inicio de su separación pública.
Finalmente, el divorcio se formalizó en enero de 2010, poniendo fin a casi quince años de matrimonio. Tras la ruptura, Jaime de Marichalar perdió el tratamiento de duque de Lugo, aunque mantuvo el vínculo como padre de los hijos de la Infanta. En cuanto a si han tenido parejas posteriormente, se desconoce totalmente.
