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Represión en Egipto: los que fueron borrados del mapa

Represión en Egipto: los que fueron borrados del mapa

Los egipcios que fueron borrados del mapa, lo que ya no existen. Aquellos a los que un día arrestaron, sin ninguna orden judicial, y no se ha vuelto a saber nada de ellos. Otros han tenido más suerte y han aparecido “de repente” ante el banquillo, después de días, meses e incluso años. Este tipo de desapariciones se ha convertido en un instrumento clave para la política de Estado en Egipto. Detenciones “forzosas” seguidas de torturas que llevan años marcando el régimen de Abdelfatah al Sisi, presidente de Egipto y exministro de Defensa.

Estas detenciones ilegales suelen ocurrir de madrugada. La última vez que los familiares o amigos los ven, en el caso de que estén presentes en el momento, es en manos de presuntos oficiales de policía, vestidos de civil y acompañados por algún oficial de la Agencia de Seguridad Nacional, que “se los llevan para interrogarlos”. Asaltan la vivienda del sospechoso y lo arrastran sin presentar ningún tipo de autorización. A partir de ahí, se pierde totalmente el rastro del arrestado, que suele ser trasladado a algún centro de detención, a veces de manera extraoficial, donde se les tortura hasta sacarles alguna confesión. Es entonces cuando su “suerte” pasa a depender del oficial al mando de la Seguridad Nacional. 

Algunos han sido localizados en prisiones, otros han aparecidos muertos, y muchos siguen sin dar señales de vida. Con el paso del tiempo, las víctimas que han sido liberadas han relatado torturas y malos tratos que habían sufrido ellos mismos o de los que habían sido testigos en la cárcel.

Las torturas documentadas incluyen descargas eléctricas, golpes, quemaduras de cigarrillo y violaciones con el fin de sacar algún tipo de confesión. Informaciones que, en numerosas ocasiones, son “falsas confesiones” que hace el arrestado para que dejen de torturarle. Estas prácticas, en ocasiones, han acabado con la muerte del prisionero.

Pese a que los objetivos de estas prácticas solían ser islamistas afines a los Hermanos Musulmanes, en los últimos tiempos, se han hecho de forma aleatoria y afectan a cualquiera. La mayoría de ellos son civiles vinculados a la oposición política, al activismo, al periodismo o, en resumidas cuentas, cualquiera que ponga en cuestión la autoridad de Abdelfatah al Sisi. En las cifras de desaparecidos se incluyen también menores de edad. Además, en ocasiones también desaparecen los abogados y familiares de los detenidos.

Normalmente las desapariciones duran entre dos días y un mes, pero hay casos en los que se han prolongado por años. Una gran cantidad de ellos termina en la prisión militar de Al Azouli, lugar donde la Seguridad Nacional esconde a los desaparecidos que no quieren dejar en libertad pese a que no haya pruebas que los incriminen.

La Comisión Egipcia tiene notificación de 18 personas que siguen desaparecidas desde la masacre de Rabaa en 2013. En el caso de que algún día aparezcan ante un fiscal, lo común es que se utilicen en su contra cargos basados en la investigación de la Seguridad Nacional.

El supuesto objetivo de esta práctica es intimidar a la oposición. El propio Gobierno reconoce que hay más de 34.000 personas entre rejas vinculados con “crímenes terroristas”, cifra que no incluye las desapariciones. Las cifras exactas de desaparecidos varían entre los grupos, pero la tendencia al alza ha sido constatada y denunciada por organizaciones internacionales como el grupo de trabajo de las Naciones Unidas en las Desapariciones Forzosas (Unwed), Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Además, desde el primer aniversario de las protestas antigubernamentales, el pasado 20 de septiembre, grupos de derechos humanos han confirmado un nuevo repunte de esta práctica. Las autoridades egipcias han negado que se produzcan estos casos. Han afirmado que los informes de las distintas organizaciones de derechos humanos son falsos.

Homicidio de Giulio Regenti

Uno de los casos más polémicos fue el de Giulio Regenti, un joven italiano estudiante de doctorado en la Universidad de Cambridge, que fue secuestrado en enero de 2016 en Egipto, donde investigaba su tesis acerca del movimiento sindical local que se oponía al régimen de Al Sisi. El cuerpo de Regeni fue encontrado en la cuneta de una de las principales autopistas de El Cairo ocho días después de su desaparición.

Regeni habría sufrido torturas como electrocuciones en los genitales, quemaduras de cigarrillo y cortes en hombros y orejas, y tenía varias costillas rotas y golpes en la cabeza y la espalda, uno de los cuales le habría provocado la muerte por hemorragia cerebral.  

Al igual que Regeni, algunos de los desaparecidos en Egipto acaban apareciendo muertos. La versión que las autoridades suelen dar es que “fallecieron en un accidente de tráfico”. Otros, sin embargo, tras días detenidos sin cargos ni abogados y sin respuestas a las familias cuando preguntan dónde están sus hijos, o siquiera si están bajo custodia policial, suelen aparecer sentados en un banquillo.

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