Venezuela: daños colaterales de EEUU mientras la oposición celebra el Nobel de la Paz
Mientras a María Corina Machado le entregaron el ilustre y bien merecido Nobel, suceden acciones de película en el Caribe

María Corina Machado en Oslo.
Vamos, que ya lo hemos visto en las crónicas de todas las grandes campañas bélicas de la historia y en cada película de acción que nos vende Hollywood: siempre hay daños colaterales, mira tú cuanto lo siento, civiles en el lugar y momento equivocado.
Pero en el conflicto ya no tan sordo entre los gobiernos de Donald Trump y el de Nicolás Maduro, independientemente del desenlace, los daños colaterales ya comienzan a contarse, sin disparos mediante.
Es que mientras la perseguida oposición venezolana celebraba a la calladita dentro de Venezuela y con estridente euforia en Oslo, Noruega, y en decenas de otros países porque a su líder máxima, María Corina Machado, le entregaron el ilustre y bien merecido Premio Nobel de la Paz, suceden acciones de película en aguas del Caribe.
Las espectacular extracción y fuga de Machado desde la clandestinidad dentro de Venezuela, para aparecer en Noruega recibiendo su premio, ya es clásico de un guion de cine. Los de Netflix deben andar en lo suyo para contarlo.
En otra secuencia casi paralela, marines de Estados Unidos bajaban en rapel de un helicóptero en alta mar para ocupar la cubierta del buque petrolero VLCC Skipper, vinculado a Irán, que navegaba con falsa bandera de Guyana, y cargaba 1,9 millones de barriles de sancionado crudo venezolano.
Según el gobierno de Trump, esta incautación es solo la primera de una serie. Ya hay al menos otros seis buques venezolanos sancionados y en la mira.
Para seguir con el celuloide, el gobierno de Maduro califica la incursión como un acto de Piratas del Caribe y un vulgar robo por parte de EEUU.
El Skipper es uno de los al menos 400 buques de la «flota fantasma» que, según agencias especializadas, sirven para que gobiernos transgresores como los de Rusia, Irán y Venezuela eludan las sanciones que les han impuesto Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido en castigo por varios alegados delitos contra el antiguo orden mundial y la democracia occidental y los derechos humanos.
Después de cuatro meses de amagos, amenazas, del mayor despliegue bélico de Estados Unidos en el Caribe desde hace 40 años, el ataque no letal y quirúrgico al petrolero de marras es la primera señal inequívoca de que las cosas en el teatro de operaciones comienzan a ir más lejos de lo que apostaban los escépticos.
Hasta ahora, lo más notable habían sido los ataques con activos de guerra contra lanchas en las que supuestos narcotraficantes transportaban presunta droga para supuestamente envenenar a miles de estadounidenses.
Hipérboles de la era Trump que ahora lo tienen bajo el escrutinio hasta de sus propios aliados republicanos porque esas acciones, con sus 80 asesinados, rayan la ilegalidad.
La economía, sargento
La recién iniciada ofensiva contra los buques con petróleo venezolano es el mayor impacto directo contra la línea de flotación de la economía venezolana en esta zaga, hasta hoy.
Trump y sus halcones alfiles argumentan que están atacando las fuentes ilegales de financiamiento de un régimen al que consideran foragido.
El problema mayor es que en Venezuela no solamente viven potentados chavistas, Maduro y la cúpula en el poder tienen más dinero guardado y son los menos afectados en sus bolsillos por este tipo de acciones. En cambio, en esa situación de rehenes convertida en una Tarde de perros, sin Al Pacino, es poco probable que al cortarle suministros de dinero a la agencia bancaria asediada, los bandidos vayan a salir con las manos en alto.
El petróleo es el motor de la economía venezolana y la abrumadora principal fuente de divisas desde hace casi 100 años. Durante este más de un cuarto de siglo del férreo control chavista, esta dependencia ha aumentado mientras el resto de la economía real ha sido destruida, inlcuyendo industrias pesadas del acero y el aluminio que en la era democrática aportaban divisas. El país también exporta camarones, cangrejos azules extraidos de dudosas marismas, ron, cacao y casi que hasta ahí.
El comercio de su petróleo está sancionado por Estados Unidos, aunque irónicamente la Chevron trasiega cada día unos 125.000 barriles a la costa este de su país.
Entonces el chavismo ha recurrido a enrevesados vericuetos del lado oscuro de la Fuerza para eludir esas sanciones y poner ese petróleo en los mercados asiáticos, principalmente en China, su mayor socio comercial después del propio Estados Unidos. Mediante ese expediente, ha logrado facturar miles de millones de dólares que ingresan a Venezuela principalmente a través de también engorrosos mecanismos financieros que se apoyan en stablecoins y criptomonedas. Esto también ayuda a eludir sanciones financieras.
El gobierno en Venezuela tiene un peso enorme en la economía toda. Ese aparato estatal vive del petróleo y de una enorme carga tributaria que le exprime al sector privado formal más del 64% en promedio de su factura. Esa carga fiscal, junto a las constantes devaluaciones diarias y la inflación son, además del petróleo y de varios negocios ilícitos con oro y otros recursos, las fuentes de financiación del régimen y de todo el país.
Al cortarse el flujo de ciertas divisas habrá de verse perjudicado el financiamiento del ya reducido gasto público, caerán importaciones, subirán más el precio del dólar y la inflación y es previsible el regreso de la escasez de algunos productos.
Los trastornos al comercio petrolero afectarán la importación de naftas y solventes, lo que agudizará la escasez crónica de gasolina provocada por la ruina de la compañía estatal Petróleos de Venezuela a manos de la corrupción. También se afecta el proceso del petróleo pesado venezolano, que necesita ser diluido para poder venderlo en los mercados mundiales, de forma licita o ilegal.
Los optimistas esperanzados sobre lo que ocurre en Venezuela andan eufóricos anunciando el fin de los tiempos del chavismo. Dueños de un optimismo irracional, afirman que hay una transición en marcha y que los días del régimen autoritario de Maduro están contados. Muchos hasta apuestan a que eso ocurrirá antes del 31 de diciembre y habrán de atragantarse con la uvas de noche vieja.
Pero sin contar con la resaca sino con el entorno real, con la información disponible hasta la fecha, en realidad el chavismo se está atrincherando, apretando las tuercas de la represión y el control social y luce dispuesto a quedarse con el poder y a enfrentar toda presión internacional, la única que tiene, porque dentro del país ya liquidó a la oposición.
La última ficha opositora que quedaba activa dentro de las fronteras era justamente la más valiosa, la reina de este ajedrez, María Corina Machado, que ha echado el resto en esta épica personal y colectiva ahora consagrada con el Nobel.
Hace más de año y medio, poco antes de las elecciones del 28 de julio de 2024, el chavismo pregonaba que jamás entregaría el poder, ni por las buenas ni por las malas. Es decir ni por una derrota electoral ni en obediencia a la amenaza de la fuerza.
Y, mirándolo bien, no hay razones objetivas para creer que esté dispuesto en el corto plazo a cambiar de idea, simplemente porque no tiene incentivos reales para hacerlo. La etapa más violenta de esta tarde de perros podría estar apenas comenzando.
