La jefa de gabinete de Trump cuenta cómo es tratar con él: «Tiene personalidad de alcohólico»
La revista ‘Vanity Fair’ ha difundido un reportaje basado en una decena de entrevistas a Susie Wiles

La jefa de Gabinete de Trump, Sisie Wiles. | Nathan Howard (Reuters)
Estados Unidos cuenta con una larga tradición de políticos y altos cargos que publican memorias sobre su paso por la Casa Blanca. Tienden a ser relatos cargados de cotilleos, ajustes de cuentas, inquina y retratos poco amables de compañeros, superiores o adversarios. Pero lo que no es en absoluto habitual que esto ocurra cuando los protagonistas aún siguen en el cargo. Este martes, la revista Vanity Fair ha difundido un reportaje basado en una decena de entrevistas del periodista Chris Whipple con Susie Wiles, jefa de gabinete de Donald Trump.
Frente a otros miembros más mediáticos del equipo, Wiles siempre ha optado por un perfil bajo. Sin embargo, en este texto, quien dirigió la campaña de Trump para la reelección y trata de poner algo de orden en el desorden de Washington se expresa sin rodeos sobre las figuras más ambiciosas del entorno presidencial.
El eje central es, como no podía ser de otra manera, Donald Trump. Su jefa de gabinete no lo confronta ni lo ataca de forma directa, pero admite algunos de los rasgos más inquietantes del presidente y ciertos errores. Así, afirma que Trump «tiene una personalidad de alcohólico», pese a no consumir alcohol. «Algún psicólogo clínico que sabe un millón de veces más que yo probablemente discrepará con lo que voy a decir. Pero los alcohólicos funcionales, o los alcohólicos en general, tienen personalidades que se exacerban cuando beben. Y en ese sentido, soy un poco experto en personalidades fuertes (…) Trump tiene una personalidad de alcohólico (…) y actúa con la convicción de que no hay nada que no pueda hacer. Nada, absolutamente nada».
Wiles reconoce que las deportaciones de inmigrantes sin garantías fueron excesivas y asegura que defendió no indultar a los asaltantes más violentos del Capitolio, sin éxito. Aun así, define su función no como un freno a Trump, sino como la persona que facilita que su voluntad se materialice.
Un ejemplo claro es su intento fallido de lograr que el líder del movimiento MAGA dejara de utilizar el poder del cargo para «ajustar cuentas» con sus enemigos. Según relata, alcanzaron un «acuerdo informal» para que, tras tres meses en la Casa Blanca, dejara atrás esas obsesiones, pero no funcionó. Wiles matiza que Trump no vive permanentemente instalado en la venganza, aunque «cuando se presenta la oportunidad, la aprovecha».
La asesora, muy respetada en el ámbito republicano —especialmente en Florida—, se muestra mucho más distante con el vicepresidente. De J.D. Vance dice que es un oportunista político, al pasar de crítico feroz de Trump a adulador cuando decidió presentarse al Senado. También lo describe como «un teórico de las conspiraciones durante una década», en un tono claramente negativo. Utiliza esos términos al abordar uno de los mayores problemas de la Administración: el caso Epstein. Según Wiles, Trump se equivocó o mintió al intentar implicar a Bill Clinton en visitas a la isla privada del financiero pederasta Jeffrey Epstein.
Para ella, la principal responsable del fiasco es la fiscal general, Pam Bondi, antigua abogada personal del presidente. «Creo que no supo valorar en absoluto que ese era precisamente el grupo al que le importaba este asunto», afirma sobre el entorno MAGA. «Primero, les entregó carpetas llenas de información irrelevante. Y luego dijo que la lista de testigos, o la lista de clientes, estaba en su escritorio. No existe tal lista de clientes, y desde luego no estaba en su escritorio», reprocha.
Sin embargo, la figura que sale peor parada es Elon Musk. «Es un actor completamente solitario», explica sobre el hombre más rico del mundo y responsable del DOGE, el Departamento de Eficiencia Gubernamental, que desmanteló agencias y departamentos enteros sin criterio ni justificación, provocando el despido de decenas de miles de personas y actuando al margen de las directrices de la Casa Blanca.
«Wiles describe a Musk como una especie de Nosferatu hiperactivo», recoge Vanity Fair. «El desafío con Elon es seguirle el ritmo. Es un consumidor declarado de ketamina. Y duerme en un saco de dormir en el Edificio de la Oficina Ejecutiva durante el día. Y es un tipo muy, muy peculiar, como creo que lo son los genios. No es lo ideal, pero es una persona con una personalidad muy marcada», sostiene. «Creo que en ese momento estaba consumiendo microdosis de alguna sustancia», añade al recordar algunos de sus tuits más polémicos.
Su juicio sobre la labor del DOGE, especialmente tras el cierre de la agencia de ayuda al desarrollo, es demoledor. La jefa de gabinete asegura que intentó frenar a Musk, sin resultado. «La actitud de Elon es que hay que hacerlo rápido. Si eres de los que van paso a paso, simplemente no vas a llevar tu cohete a la luna. Con esa actitud, vas a romper algunas cosas. Pero ninguna persona racional podría pensar que el proceso de USAID era bueno. Nadie», concluye. Un lenguaje igual de duro emplea para referirse a Russell Vought, arquitecto del Proyecto 2025 y director de la Oficina de Gestión y Presupuesto: «Es un fanático de la derecha».
Otra de las revelaciones más impactantes gira en torno a Rusia y la visión real de Trump. Durante años ha mostrado simpatía por Vladímir Putin, ha sostenido que no habría invadido Ucrania si él hubiera sido presidente en 2022 y ha repetido que podría acabar con la guerra en 24 horas, insistiendo en que cree que Putin desea la paz. En privado, sin embargo, la percepción era distinta. Wiles admite que el equipo de Trump estaba profundamente dividido sobre si el objetivo de Putin se limitaba a una anexión parcial o total de Ucrania. «Los expertos creen que si pudiera conseguir el resto de Donetsk, Putin estaría contento», comentó Wiles al periodista en agosto. Pero Trump no lo veía así. «Donald Trump cree que quiere todo el país», reconoció la jefa de gabinete.
