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Internacional

Venezuela: ¿y ahora qué?

Los comentarios de Trump son impresentables. Reconstruir la democracia con los demócratas debe ser la prioridad

Venezuela: ¿y ahora qué?

Manifestación de venezolanos en Madrid. | Europa Press

Tras la celebración de millones de personas —y el duelo de algunos— por la caída de Nicolás Maduro en una operación militar tan coordinada que es difícil no pensar que haya tenido apoyos internos dentro del chavismo, el presidente Donald Trump confundió con sus explicaciones —y sus contradicciones— sobre los planes de EEUU para el futuro de Venezuela, especialmente por su desprecio de las personas que han luchado por la libertad de Venezuela y que han sido elegidas democráticamente por los venezolanos. Es pronto para saber qué va a ocurrir, pero algunas pistas que dejó Trump este sábado desde la Casa Blanca causan más intranquilidad —e indignación— que otra cosa.

De las palabras del presidente, las más insultantes fueron las dedicadas a la dirigente de la oposición democrática María Corina Machado. «María Corina es una mujer muy agradable pero no tiene ni el respeto ni el apoyo del país», dijo, al responder a una pregunta sobre la necesaria transición democrática que debería empezar en Venezuela y la figura de la luchadora galardonada con el Nobel de la Paz (al que aspiraba Trump, por cierto). ¿Mezquindad, arrogancia o simplemente pacto con el chavismo detrás de esas falsedades insultantes? Para que no hubiera equívocos sobre la mujer que está en el centro de su atención, Trump añadió que el secretario de Estado había tenido una conversación con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, «y está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que esto funcione».

Sus declaraciones posteriores a The New York Post fueron todavía peores: no habrá nuevos ataques si la vicepresidenta de Maduro «hace lo que queremos». ¿Qué es «lo que queremos»? Si hay que tomar en serio lo que dijo Trump, un grupo de personas «designadas» para dirigir el país lo gobernarán «hasta que podamos llevar a cabo una transición pacífica, adecuada y juiciosa». En ese «grupo de personas» estarán el secretario de Estado, Marco Rubio, y el jefe del Pentágono, Peter Hegseth, en colaboración con la oposición venezolana, aseguró Trump, sin más precisiones en cuanto a plazos de tiempo ni nombres propios. Además, ese grupo debería hacer que «el petróleo fluya como debe ser», en colaboración con las grandes compañías estadounidenses, que «repararán las infraestructuras dañadas para que comiencen a generar dinero para el país».

Como la confusión es marca de la casa —si no, no sería Trump—, el presidente declaró también —en este caso, a Fox News— que tendrá que analizar si respalda a María Corina Machado como líder de la transición en Venezuela. En esa misma entrevista, Trump aseguró que no va a permitir que nadie del régimen chavista suceda a Maduro: «No podemos correr el riesgo de permitir que alguien más tome su lugar y continúe su camino». EEUU, aseguró, «quiere la libertad del pueblo» y estará «muy involucrado» en el futuro de Venezuela.

En esta situación de una de cal y otra de arena, es fundamental —para los que crean que la transición democrática dirigida por aquellos elegidos por los venezolanos es algo básico en este proceso— hacer valer una y otra vez los resultados de las últimas elecciones presidenciales. En palabras de María Corina Machado: «es la hora de los ciudadanos: los que arriesgamos todo por la democracia el 28 de julio, los que elegimos a Edmundo González Urrutia como legítimo presidente de Venezuela, quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional por todos los oficiales y soldados que la integran». Y González Urrutia dijo: «Venezolanos, son horas decisivas, sepan que estamos listos para la gran operación de la reconstrucción de nuestra nación».

Los gobiernos europeos deberían seguir las palabras del presidente francés, Emmanuel Macron: «La próxima transición debe ser pacífica, democrática y respetuosa con la voluntad del pueblo venezolano. Deseamos que el presidente Edmundo González Urrutia, elegido en 2024, pueda garantizar rápidamente esta transición». EEUU tiene que sentir la unidad europea en torno a este objetivo.

Las declaraciones de los líderes son importantes. También lo es responder a los impresentables comentarios contra Machado y al ninguneo de González Urrutia. Pero lo fundamental es no defraudar a los millones de venezolanos que celebran que el autócrata Nicolás Maduro, que robó las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, se encuentre ahora mismo en una prisión federal de Nueva York, y que vaya a comparecer ante un tribunal para escuchar las acusaciones de narcoterrorismo y otros delitos.

Esas mismas personas, esos venezolanos que han salido a las calles con sus banderas y sus lágrimas para festejar la caída del tirano y recordar a sus muertos y torturados, no merecen que se juegue con su alegría y su esperanza.

Que la reconstrucción de la democracia venezolana sea un asunto difícil y que lo ideal hubiera sido una transición después de la victoria electoral de la oposición de hace año y medio no quita para que ahora cambie el objetivo. No se trata tanto de debatir sobre la legalidad internacional —la misma que no tuvo ningún efecto sobre la dictadura chavista ni alivió los sufrimientos de los venezolanos— ni de discutir la caída de un dirigente ilegítimo, sino de que los demócratas de todo el mundo cooperen y presionen para que, en el plazo más corto posible, los elegidos por los venezolanos tomen las riendas de su país. De esa presión dependerá en buena medida que lo entiendan Washington y el grupo de personas que se hacen cargo de la situación para llevar a cabo «una transición pacífica, adecuada y juiciosa».

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