Zapatero participó en negociaciones con EEUU para buscar una transición en Venezuela
Madrid y Doha albergaron reuniones clave, si bien al final Maduro se negó a abandonar el poder pacíficamente

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
La salida de Nicolás Maduro del poder no fue un accidente ni una improvisación de última hora. Durante al menos seis meses, Estados Unidos trabajó en silencio para forzar el fin de una etapa considerada amortizada, imprevisible y peligrosa para la estabilidad regional. En esa operación discreta, diseñada para provocar una transición controlada en Venezuela sin el actual presidente, ha desempeñado un papel relevante el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, según ha podido saber THE OBJECTIVE de fuentes que tienen acceso directo a las negociaciones.
Las conversaciones comenzaron hace aproximadamente seis meses y se desplegaron en tres escenarios clave: Madrid, Caracas y Doha (Catar). El objetivo inicial era explorar una salida pactada para Maduro que evitara una intervención directa y permitiera una transición política tutelada por Washington. Sin embargo, la negativa reiterada del presidente venezolano a aceptar cualquier acuerdo terminó por cerrar definitivamente la vía diplomática.
Zapatero en las negociaciones
Madrid fue uno de los primeros centros de contacto. En varias reuniones celebradas en la capital española participaron Zapatero, un alto mando militar venezolano y personas que actuaban como intermediarios de Estados Unidos. El expresidente socialista, que lleva años ofreciéndose como mediador internacional en América Latina, se convirtió en una figura útil para tender puentes en una fase inicial del proceso. Según las fuentes consultadas, en esos encuentros se discutió la posibilidad de una transición ordenada que excluyera a Maduro del poder, pero mantuviera una estructura chavista reconocible para evitar una implosión institucional. La figura que comenzó a perfilarse desde el principio fue la de Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen y considerada por Washington como una dirigente con capacidad para garantizar una transición sin sobresaltos inmediatos.
No obstante, los contactos en Madrid pronto evidenciaron un problema estructural: Maduro no estaba dispuesto a marcharse bajo ninguna circunstancia. Ni siquiera con ofertas que incluían garantías personales, salida segura del país y un exilio sin persecución judicial inmediata.
Doha, el centro real de las negociaciones
Con la vía madrileña prácticamente agotada, el grueso de las negociaciones se trasladó a Doha. La capital de Catar se convirtió en el auténtico laboratorio del plan de transición. Allí se celebraron la mayoría de las reuniones decisivas, con la presencia de representantes venezolanos, enviados estadounidenses y miembros de la realeza catarí que actuaron como anfitriones. La implicación de Catar no responde a una afinidad ideológica con el chavismo, subrayan las fuentes, sino a una lógica estrictamente estratégica. Doha es un aliado clave de Estados Unidos, alberga una de sus principales bases militares en la región y mantiene una relación central con Washington en materia de seguridad y energía. En ese marco, Catar se mueve siempre dentro de los límites que marca la Casa Blanca.
Además, un cambio de régimen en Venezuela no incomoda a Doha. Al contrario: una normalización progresiva del país sudamericano favorecería la estabilidad del mercado energético global, un factor crítico para un Estado cuya economía depende de contratos de gas a largo plazo, según las mismas fuentes. Catar no tiene inversiones estratégicas relevantes en Venezuela ni una relación especialmente cercana con el entorno de Maduro, por lo que puede permitirse actuar como mediador sin quedar políticamente expuesto. Fue en Doha donde se negoció con mayor claridad el papel de Delcy Rodríguez como cabeza visible del Gobierno de transición. La apuesta estadounidense no pasaba por un derribo total del chavismo, sino por un relevo interno que permitiera cerrar la etapa de Maduro, considerado un interlocutor tóxico y no confiable.
Las «ofertas generosas» que Maduro rechazó
El propio senador Marco Rubio ha reconocido públicamente que Washington ofreció a Maduro «ofertas generosas» para que abandonara el poder de forma pacífica. Según explicó, el presidente venezolano pudo haberse marchado «hasta una semana y media antes» de la operación final si hubiera aceptado las condiciones planteadas por Estados Unidos. Entre las opciones que se pusieron sobre la mesa figuraba el exilio en Turquía, un destino que llegó a mencionarse de forma explícita y que fue rechazado por Maduro. Fuentes de THE OBJECTIVE añaden que también se le ofreció la posibilidad de trasladarse a Rusia y a Doha. La opción rusa se descartó casi de inmediato, mientras que Catar fue valorado, pero tampoco aceptado.
Rubio fue tajante al justificar el cambio de estrategia: no había nada que negociar con Maduro. Según el senador, el presidente venezolano había incumplido múltiples acuerdos en el pasado —incluidos compromisos con la propia Administración Biden— y había demostrado ser incapaz de respetar ningún pacto. En Washington se instaló la convicción de que una transición ordenada con Maduro era sencillamente imposible.
Una traición dentro del chavismo
Tras la última negativa de Maduro, los contactos se enfriaron. Estados Unidos dejó de insistir públicamente y optó por una estrategia de silencio. Según fuentes venezolanas consultadas por este diario, fue en ese momento cuando Washington tomó la decisión de actuar por la fuerza. La operación se benefició de un fallo crítico en los sistemas de detección del régimen. Las fuentes consultadas por THE OBJECTIVE aseguran que los radares dejaron de funcionar y nadie detectó a tiempo la entrada de las fuerzas estadounidenses. Las mismas fuentes aseguran que ni Diosdado Cabello ni Delcy Rodríguez traicionaron a Maduro. Sin embargo, sí hubo una persona clave que permitió el colapso de los sistemas de alerta. Su identidad se mantiene en secreto. Delcy Rodríguez, insisten las fuentes, no sabía que la entrada se iba a producir.
En este contexto se explica la aparente tranquilidad de José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente es consciente de que Estados Unidos no tiene intención de actuar judicialmente contra él, pese a disponer de información suficiente para hacerlo si quisiera. La razón, según fuentes conocedoras de las negociaciones, es clara: Zapatero ha contribuido activamente a la articulación del escenario de transición. Su papel como intermediario, especialmente en las fases iniciales, le ha otorgado un estatus de colaborador de Washington.
Además, el Gobierno que permanecerá en Venezuela durante la transición no tiene previsto facilitar información comprometedora sobre el expresidente español. Estados Unidos, por su parte, no moverá ficha en ese terreno. Las mismas fuentes advierten de que, si España decide investigar el papel de Zapatero en Venezuela, deberá hacerlo por iniciativa propia. Washington no impulsará ninguna causa ni compartirá información con ese objetivo. La etapa Maduro ha terminado, y el interés estadounidense está centrado exclusivamente en estabilizar el país y evitar un vacío de poder.

