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Internacional

La solidaridad en una Venezuela en crisis: así es el apoyo a adolescentes embarazadas

La asociación civil Salud y Familia acompaña a jóvenes embarazadas en las zonas más vulnerables desde 2006

La solidaridad en una Venezuela en crisis: así es el apoyo a adolescentes embarazadas

Adolescentes embarazadas en Venezuela. | Salud y Familia

Tras la captura de Nicolás Maduro por autoridades estadounidenses en la madrugada del pasado 3 de enero, la situación socioeconómica de Venezuela bajo el chavismo ha sido un tema recurrente en la conversación internacional. Desde el 2013, cuando Nicolás Maduro asumió el poder luego de la muerte de su predecesor Hugo Chávez, el país atraviesa un colapso político, socioeconómico y humanitario que ha derivado en la migración forzada de casi ocho millones de personas

Según cifras citadas por Infobae, el 86,9 % de la población venezolana vive actualmente en situación de pobreza, mientras que el sistema de salud enfrenta un desabastecimiento cercano al 70% de insumos básicos en las salas de emergencia. Estas carencias reflejan el derrumbe económico del país, evidenciado por el hecho de que para el 2024, la economía venezolana había disminuido un 72 % con respecto a 2013. Para el pueblo venezolano, estas cifras no son meros indicadores macroeconómicos; son la expresión cotidiana de una realidad marcada por la precariedad.

Una de las organizaciones que conoce de primera mano los efectos de este deterioro es la entidad sin fines de lucro venezolana Salud y Familia, que desde hace 29 años trabaja con las comunidades más vulnerables del país. Su labor se centra en el desarrollo social y la salud comunitaria, con especial énfasis en el empoderamiento de adolescentes y mujeres en contextos de riesgo. 

El embarazo adolescente en Venezuela

Una de las principales líneas de trabajo de Salud y Familia es la prevención del embarazo adolescente mediante la formación, así como la atención integral y el empoderamiento de jóvenes embarazadas. Se trata de una población especialmente vulnerable, que, junto con las madres lactantes, los niños menores de cinco años y los adultos mayores, se encuentra entre los sectores más expuestos a la desnutrición en el país, según cifras de la Universidad Católica Andrés Bello. En Venezuela, el embarazo juvenil es un problema estructural de tal magnitud que, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el país registra la mayor tasa de embarazos tempranos de América del Sur.

Salud y Familia explica que estas jóvenes madres y sus hijos enfrentan situaciones de alto riesgo social y destaca que muchas adolescentes embarazadas abandonan el sistema educativo, carecen de recursos económicos, presentan cuadros de desnutrición y cursan embarazos de alto riesgo. La asociación advierte, además, que una parte significativa de ellas no tiene acceso a controles médicos ni a los medicamentos y alimentos necesarios. En el contexto estructural de la crisis, el embarazo adolescente incrementa la probabilidad de pobreza a largo plazo, reforzando ciclos de precariedad y exclusión intergeneracional

Intervención en zonas marcadas por la desigualdad

Desde 2006, Salud y Familia ha desarrollado proyectos de atención y prevención del embarazo adolescente en distintas áreas del Distrito Capital (Caracas), especialmente en los municipios de Baruta y El Hatillo, donde este asunto ha sido identificado como un problema de salud pública.  

Según señala la asociación civil, se trata de municipios marcados por alta desigualdad socioeconómica, donde residen individuos de clase media y alta, pero donde también se encuentran zonas con altos niveles de pobreza. En Baruta se identifican nueve barrios vulnerables, mientras que El Hatillo alberga dos asentamientos urbanos informales y quince comunidades rurales afectadas por condiciones de precariedad.

En estos territorios, los habitantes se enfrentan a múltiples desafíos, entre ellos el acceso limitado a servicios esenciales como agua potable, gas, electricidad, transporte público y atención sanitaria de calidad. Además, los residentes viven en un ecosistema de inseguridad, acompañado por problemáticas de salud.

En este contexto, Salud y Familia prioriza la atención a adolescentes embarazadas. Morela Weiser, directora de Relaciones Institucionales y Proyectos de la asociación, explica que muchas de las jóvenes a las que acompañan viven situaciones de «pobreza, malnutrición y violencia familiar y de pareja». Añade que Salud y Familia ha atendido a adolescentes y niñas «en situación de calle y víctimas de abuso sexual», muchas de las cuales abandonaron sus estudios como consecuencia del embarazo.

Priorizando el empoderamiento femenino 

El modelo de intervención de Salud y Familia combina atención sanitaria con programas formativos, de empoderamiento, orientación  y prevención, con el objetivo de fortalecer la autonomía de las madres a largo plazo y fomentar valores humanos. 

En el ámbito clínico, la organización ofrece atención psicológica y gineco-obstétrica, así como formación en los cuidados pre y posnatales de la madre y del bebé.  La ayuda sanitaria es de suma importancia, ya que, según datos de Salud y Familia, las madres adolescentes presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones como eclampsia e infecciones sistémicas, mientras que sus hijos enfrentan altas probabilidades de nacer con bajo peso, de forma prematura o con afecciones neonatales graves. El acompañamiento psicológico y educativo, explica Weiser, contribuye además a reducir la ansiedad materna, mejorar el apego y los vínculos familiares y disminuir el riesgo de abandono y maltrato infantil.

Dentro de los programas de empoderamiento, la asociación apoya a las adolescentes para que continúen sus estudios y ofrece formación en oficios como manicura, pedicura, peluquería, repostería, panadería y computación. El objetivo, indica la entidad, es «ayudar a todas las madres jóvenes a tener un medio de vida sustentable». Los resultados reflejan el éxito de esta iniciativa, ya que en el 2024 el 70 % de las adolescentes atendidas reingresó al sistema educativo, el 60 % recibió capacitación laboral y el 40 % logró generar ingresos propios. Además, este proyecto también promueve el apoyo familiar y de pareja, cuando es posible, para evitar que las jóvenes enfrenten el embarazo y la maternidad en soledad.

La labor preventiva se desarrolla a través de campañas educativas en escuelas ubicadas en zonas de riesgo social, en las que participan estudiantes, docentes, padres y líderes comunitarios. Los talleres abordan temas como el valor de la persona, la afectividad, la sexualidad, la familia, el respeto y la prevención de la violencia de género y escolar.  «Buscamos generar espacios que faciliten el desarrollo personal y familiar, la autoestima, los valores humanos y la construcción de identidades femeninas y masculinas basadas en la autorrealización y la equidad de género», afirma Weiser. 

Un compromiso que persiste

En un país azotado por una crisis económica prolongada, sostener este tipo de programas implica desafíos constantes. «No hay suficientes empresas que puedan apoyar a estas iniciativas», explica Weiser, lo que limita el alcance de los proyectos y mantiene a muchas beneficiarias y a sus familias en situación de riesgo. Aun así, subraya que el trabajo de la entidad ha significado «una gran experiencia humana y profesional» y que, a pesar de la escasez de recursos, Salud y Familia mantiene su compromiso de atender y apoyar a las mujeres embarazadas en contextos de alta vulnerabilidad.

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