The Objective
El buzón secreto

Las ayudas recibidas por la CIA para secuestrar a Nicolás Maduro

En tres meses es muy complicado llegar a la información vital para un secuestro como el de Maduro

Las ayudas recibidas por la CIA para secuestrar a Nicolás Maduro

El derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. | Kyle Mazza (Zuma Press)

El mundo de los espías funciona según unos parámetros distintos a los del mundo diplomático y a los que cualquier observador puede imaginar si se deja llevar por las claves habituales de la política. Incluso ahora, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha cambiado las reglas del juego y se posiciona en los conflictos como un pistolero sin escrúpulos capaz de cualquier cosa.

La historia del ataque militar contra Venezuela y el consiguiente secuestro del presidente Nicolás Maduro necesitó de una operación de inteligencia iniciada meses antes, cuyas bases habían arrancado, sin duda, tiempo atrás. Los agentes de la CIA carecen de cobertura diplomática desde que, en marzo de 2019, Trump reconoció a Juan Guaidó como legítimo presidente, afirmó que la reelección de Maduro se hizo en unas elecciones con trampa y anunció la retirada de su personal diplomático. Esto obligó a sus espías a recurrir a la ayuda de servicios secretos aliados, algo que nunca reconocerá ninguno de los implicados: son los intercambios secretos de información, la cesta de la compra, en la que cada uno busca los productos informativos que le interesan y entrega a cambio los que le piden.

Con frecuencia, incluyen en la lista de la compra acciones que van más allá de la entrega de papeles: operaciones para que otros les busquen información que ellos, por sus propios medios, no pueden conseguir. Un infiltrado al servicio de un organismo de inteligencia lleva a cabo su actividad para aquellos con los que ha llegado a un acuerdo y a los que ha decidido ayudar por ideología, venganza, dinero o por varias de esas razones a la vez. Nadie le informa si los resultados de su traición son compartidos o no, incluso si van directamente a otro servicio secreto.

También es frecuente que servicios aliados de la CIA, como pueden ser los españoles, franceses, británicos o argentinos, con mayor despliegue en Venezuela, lleven a cabo la captación de topos, incluso la colocación de micrófonos, como si lo hicieran por el interés de su país, cuando en realidad es para hacer un favor a los estadounidenses. En estos casos, a veces los directores de los servicios se cubren las espaldas y piden autorización a su responsable político; en otras ocasiones, lo ejecutan en secreto por la contraprestación que pueden sacar a cambio.

Cuando EEUU fracasó en el secuestro de Maduro

De la noche a la mañana, o en tres meses, como aseguran los estadounidenses, es muy complicado llegar a la información vital para un secuestro como el de Maduro. Para un ataque es tiempo suficiente porque los datos necesarios se van guardando y actualizando durante meses o años en época de paz, y en el último momento solo se añaden los matices. Además, en el terreno militar el uso de aviones espía y drones es más productivo. Al contrario que en la obtención de información, como averiguar los movimientos del presidente venezolano, donde si no tienes inteligencia HUMINT, ejecutada por personas, no puedes conseguir buenos resultados.

El año pasado, el FBI intentó secuestrar a Maduro, pero no lo consiguió. Su avión presidencial voló a la República Dominicana para ser reparado y un agregado en la Embajada de Estados Unidos, Edwin López, logró que fuera requisado y el piloto, el general Bitner Villegas, detenido. El FBI intentó comprarle: le ofreció los 50 millones de dólares del rescate si en un vuelo aterrizaba en un aeropuerto estadounidense. Ni en esa ocasión ni en las siguientes, el general venezolano aceptó traicionar a su presidente.

Ese intento fue una operación exclusiva del FBI, pero lo que pasó el otro día con Maduro no lo fue. Nunca conoceremos las ayudas, excepto si dentro de 30, 40 o 50 años se desclasifica el contenido de la operación, pero otros servicios los apoyaron. ¿Recuerdan la operación Cólera de Dios? Siempre creímos que el Mossad había ejecutado en solitario la venganza contra los palestinos que participaron en el asesinato de los 11 atletas israelíes. Casi 50 años después descubrimos que, sin la ayuda de muchos servicios secretos occidentales, nunca lo habrían conseguido.

Pues eso: no nos dejemos engañar por el silencio interesado.

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