Bjørn Lomborg: «El cambio climático no es el fin del mundo, eso lo dicen para sacarte el dinero»
El gran gurú del realismo climático critica las políticas energéticas europeas por caras e ineficientes
El danés Bjørn Lomborg (Frederiksberg, 1965) pasó de ser un activista de Greenpeace a convertirse en el gran gurú del realismo climático, una visión menos catastrofista que, sin negar el cambio climático, cuestiona muchos de los dogmas que se han asentado en torno a este. Su primer ensayo, El estado real del mundo, publicado en 1998, se convirtió enseguida en una referencia. Basándose en su condición de estadístico, Lomborg se opone a las predicciones alarmistas sobre el medio ambiente, y sostiene que el progreso económico es la mejor solución a los problemas globales, con soluciones basadas en la teoría del coste-beneficio en lugar de recortes drásticos de emisiones y políticas muy caras con poco impacto. Así lo sostiene, con matices y actualizaciones, en una entrevista concedida a THE OBJECTIVE en el marco del Foro Internacional Economía, Clima y Energía, impulsado por el Instituto Juan de Mariana.
PREGUNTA.- ¿Cómo consiguió la obra de Julian Simon convertir a un miembro de Greenpeace en uno de los referentes del escepticismo climático?
RESPUESTA.- Leí a Julian Simon en la revista Wired diciendo: «¿Sabes qué? Crees que todo lo relacionado con el medio ambiente está empeorando, pero no, revisa los datos». Yo solía ser de Greenpeace, llevaba chapas en mi mochila, tenía un póster en mi cuarto… Y, como la mayoría de la gente, tenía la sensación de que el medio ambiente estaba yendo a peor, pero Julian Simon decía que si atiendes a los datos, hay muchas cosas que van a mejor. La contaminación del aire, que es de largo el gran problema del medio ambiente en cuanto a mortalidad, ha ido a mejor en las ciudades ricas en los últimos 30-40 años. Si ves los datos de Londres, la contaminación del aire fue a peor hasta 1890, pero desde entonces ha disminuido y ahora está en su mejor momento desde la época medieval. Esto es un ejemplo muy básico, pero todo el discurso en torno al medio ambiente nos habla de problemas. Lo que Julian Simon me descubrió es que los medios de comunicación no están para contarte la realidad del mundo, sino para decirte qué es lo peor que ha pasado en las últimas 24 horas. Y en eso son muy buenos, pero no te informan bien. Yo estaba enseñando Estadística en la Universidad cuando lo leí, y él decía «mirad los datos», y eso es lo que les enseñaba a mis alumnos, además de animarles a hacer estadísticas (ríe). Tenemos una impresión de cómo es el mundo, pero los datos están para decirte si esa impresión es verdadera.
P.- ¿Qué le dijeron los datos?
R.- Que en los países ricos hemos solucionado la mayor parte de los problemas relacionados con el medio ambiente. Tenemos más bosques, porque nos gustan y podemos permitírnoslos, tenemos menos contaminación ambiental, menos contaminación acuática, tenemos mejor protección de la biodiversidad… Esto no se da en los países pobres, pero los países pobres tienen problemas más importantes. Si tus niños se están muriendo por enfermedades infecciosas, esa es tu preocupación, no si están disminuyendo los bosques en Brasil. Globalmente, cuando te vuelves más rico te empiezas a preocupar por el medio ambiente y empiezas a solucionar esos problemas. Esto no se da con el cambio climático, pero supongo que volveremos a eso más adelante. Fundamentalmente, la mayor parte de los países ricos están disminuyendo sus problemas con el medio ambiente, y los países pobres empiezan a preocuparse de esos problemas conforme salen de la pobreza.
P.- ¿Por qué el discurso dominante en torno al clima pasó de preocuparse por el calentamiento global para pasar a hablar de cambio climático?
R.- Hay una teoría de la conspiración en torno a esto: el calentamiento global es sólo una cosa, el aumento de temperatura, y el cambio climático puede ser cualquier cosa. En realidad, siempre se ha hablado mucho del cambio climático en la conversación académica; la mayor parte de nuestro cambio climático se debe a la temperatura. Pero sí, se ha convertido en algo así: si hay humedad, si hay mucha sequía, si hay inundaciones, si hay fuegos… Cualquier cosa puede justificarse como cambio climático, y eso es una mala praxis. El cambio climático no es un concepto vacío, pero lo hemos convertido en algo a lo cual todo es atribuible, y eso es estúpido.
P.- ¿El calentamiento global está fundamentalmente causado por el ser humano?
R.- Sí, eso creo. Soy un científico social, trabajo con economía y escucho a los expertos, y nos dicen que el cambio climático es real y sobre todo causado por el ser humano, y no tengo motivos para creer que no es así.
P.- Usted acepta la existencia del cambio climático, y que este está causado principalmente por el hombre, pero critica las políticas basadas en el pánico, por costosas e ineficientes. ¿Por qué le llaman negacionista?
R.- (Ríe) No soy un negacionista, pero lo que pasa es que solo existe una manera de hablar del cambio climático. Yo creo que es real y es un problema, pero tienes que decir que es el fin del mundo. Hay una encuesta de la OCDE por todo el mundo rico en el que preguntaban a la gente cuál es la posibilidad de que la humanidad se extinga por el cambio climático. El 60% dijo que era probable o muy probable. ¡El 60! Seis de cada diez personas que te encuentras por la calle creen que la humanidad se va a extinguir por culpa del cambio climático, y eso es falso. No es lo que el Panel Climático nos dice. Publican artículos cada seis-siete años que no recomiendo leer, son muy aburridos, pero son buenos. Tratan de resumir todo lo que sabemos sobre el cambio climático. Sí, es un problema. No, no es el final del mundo. Hay una razón por la cual se ha convertido en argumento recurrente. Si es el final del mundo, debes pagar todo, lo que haga falta, para solucionar el problema porque es el final del mundo. Si es solo un problema, te preguntarás: ¿Cuánto costará? ¿Cuánto bien hará? ¿Nos podemos gastar el dinero en otra cosa? Entiendo por qué se ha convertido en ese discurso de «esto es final del mundo, dame tu dinero», pero no es una buena manera de dirigir una conversación ni sobre cómo gastar dinero en clima ni sobre los problemas del mundo.
P.- ¿Hay un negocio en torno al cambio climático?
R.- Por supuesto. Recordemos que toda ONG de cualquier área te va a decir «aquí hay un problema, dame tu dinero». Si preguntas a la gente que se dedica al cuidado de la salud, te dirá lo mismo. La razón por la que necesitamos outsiders como yo es porque queremos saber cuál es el verdadero estado de la cuestión. Las evidencias nos dicen que hay un problema, pero las soluciones cuestan más que el beneficio que generarán para el clima. Son un problema porque gastan tu dinero, asustan a todo el mundo y hace que todos los problemas que necesitamos solucionar sean más difícil de solucionar.

P.- Cuando normalmente se habla de los «expertos en el cambio climático» se hace referencia a los miembros del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) ¿Son realmente expertos? ¿Hay de verdad un consenso en torno al cambio climático?
R.- No hay ninguna organización gubernamental perfecta. No voy a decir que todos son expertos, han cometido errores, pero en líneas generales han tratado de transmitirnos todo el conocimiento que tenemos sobre el cambio climático. Dicen que veremos una subida en el nivel del mar, en las temperaturas, más olas de calor, que también veremos alguna que otra ola de frío (aunque muy raras veces se oye esto)… Ellos te dicen todas estas cosas. Y la mayoría son ciertas. De lo que no hablan es de lo que deberíamos hacer, cuánto va a costar y cuál es el beneficio. Ellos decidieron no hacerlo en 1998. ¿Por qué? Porque la economía del clima no cuenta la historia correcta. Lo que la economía del clima nos dice es que deberíamos hacer cosas baratas que hacen mucho bien, y que no deberían hacerse cosas caras que hacen poco bien, que es obvio, pero no es por dónde va el discurso dominante en torno al cambio climático.
P.-Hablemos de soluciones.
R.- Sí, por favor.
«Si encontramos una energía verde que sea más barata que los combustibles fósiles, todo el mundo se cambiará a la energía verde»
P.- Muchas de las políticas climáticas son criticadas en su trabajo por tener una baja eficiencia. ¿Entonces, ¿en qué políticas más inteligentes y de mayor impacto deberíamos invertir para abordar el cambio climático?
R.- Primero voy a abordar la pregunta implícita porque quiero explicar por qué las cosas que estamos haciendo no funcionan. Por qué tienen una baja eficiencia. Europa ha dicho que va a hacer todo lo posible para llegar a las cero emisiones en 2050. Y, de algún modo, creemos que así vamos a inspirar al resto del mundo a hacer lo mismo, pero nadie mira a España o Alemania y dice: «Sí, quiero energía cara, desindustrialización, alta deuda, menos trabajos…». Nadie quiere eso. La mayor parte de los países del mundo miran a China y dicen: «Sí, me gustaría tener mucha energía y sacar a mucha gente de la pobreza». Tenemos que dejar ese postureo moral en Europa. Nada de lo que hacemos va a tener un impacto, ni siquiera en cien años. Lo que hacemos para convencer a los demás para llegar a las cero emisiones, ser más verdes, es lo que marcaría la diferencia. Ahora nos enfocamos en hacer cosas en Europa, en hacer cosas más verdes y eso resulta ser muy caro y tener un impacto muy reducido. Por poner un ejemplo, si todos los países ricos del mundo llegaran a las cero emisiones en 2050: la Unión Europea, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y, sobre todo, Estados Unidos, lo cual no parece que vaya a suceder ahora mismo. Pero bueno, asumamos que eso sucede: la diferencia para finales de siglo sería de 0,1 grados centígrados.
En cien años, no serás capaz de notar la diferencia. Y eso es porque Europa y Estados Unidos no son el ombligo del mundo del siglo XXI. Estas son China, India, África, Indonesia, Brasil… Todo el resto del mundo va a estar emitiendo la mayoría de emisiones de CO2. Lo que tenemos que hacer es convencer a ellos de que dejen de usar combustibles fósiles, y eso sólo lo vamos a conseguir si encontramos una manera más barata de ser verdes. Ahora nos enfocamos en solar y eólica pero eso nunca va a funcionar para el resto del mundo. Lo que necesitamos hacer es invertir mucho más en investigación y desarrollo de energía verde. Si encontramos una energía verde que sea más barata que los combustibles fósiles, todo el mundo cambiará. Toma por ejemplo los reactores nucleares de IV generación. Hay mucha gente que dice que el futuro para por los módulos de reactores nucleares pequeños, que serán tan baratos que se impondrán. La parte crucial es si eso es verdad. Si lo es, claro que todo el mundo cambiará. No va a hacer falta una agenda 2031-2032 para forzar a todos a hacerlo: lo harán porque es más barato. Lo bonito de esto es que la innovación cuesta mucho menos que poner montones de paneles solares y turbinas de viento. Deberíamos enfocarnos en invertir en innovación. No sé si lo sabes, pero durante el Acuerdo de París, allá por 2015, donde todo el mundo prometió hacer cosas que aún no hemos hecho, hubo un encuentro entre Barack Obama, Bill Gates, Xi Jinping y otros líderes mundiales prometieron doblar la inversión en desarrollo e investigación de energía verde. Eso estuvo genial, pero hemos estado tan empecinados en recortar las emisiones de carbono y en poner paneles solares y turbinas de viento que no lo hemos logrado. Nos enfocamos demasiado en la parte cara del Acuerdo de París y nos olvidamos de la barata, que haría un bien mayor. En lugar de poner paneles solares y turbinas de viento, que son carísimos y no inspiran al mundo, deberíamos enfocarnos en hacer energía verde más barata. Esta podría ser energía nuclear de cuarta generación, podría ser fusión, geotérmica, solar o eólica si fuesen más baratas… Hay muchas oportunidades, pero deberíamos invertir en investigación y desarrollo de la energía verde, porque sólo así conseguiremos que todo el mundo se cambie a esta.
P.- Muy interesante, y además conecta con mi siguiente pregunta. No sé si lo sabe, pero a principios de este año [la entrevista está grabada en diciembre de 2025] España sufrió un apagón…
R.- Todo el mundo oyó hablar de aquello.
P.- Pasó el pasado mes de abril, y hay informes que apuntan a que en el momento del apagón el sistema eléctrico operaba con un 60-80% de energía renovable, con un bajo porcentaje de gas y nuclear. ¿Qué podemos aprender del apagón?
R.- Dos cosas. La primera es que, obviamente, necesitamos saber si estuvo provocado por la energía solar y eólica, y creo que hay muchos argumentos en favor de esto, pero el Gobierno de España ha hecho todo lo posible por transmitir que esto no era así, y aún no tenemos un informe final. En los primeros veinte segundos, solo la energía solar y eólica cayó, lo que sugiere que ahí hay un problema.
Esta es una forma indirecta de abordar la conversación. Lo primero, no puedes tener una situación en la que dependes de energía que puede desaparecer en cualquier momento, como si el viento se para o el sol desaparece. Eso no es una manera segura de operar. Lo que necesitas es energía de respaldo. Por eso vemos que universalmente no hay países que tienen mucha energía solar y eólica y bajos precios, y hay muchos países con mucha solar y eólica y altos precios. Eso sugiere algo muy básico, que si quieres energía 24/7, pero el sol y el viento solo te la proveen en algunos momentos, necesitas energía cara de reserva, en términos de baterías y en términos de energía de reserva global. Básicamente, necesitas dos sistemas. Por eso termina siendo cara, y no hay otra manera de abordarlo. Si consigues que la solar, eólica y baterías más baratas quizá puedas salir de esa encrucijada, pero estamos lejos de eso.
Hay mucha discusión académica sobre el apagón y mucha fanfarronería sobre si fue causado por el solar y la eólica o no, y ya ves a donde va la gente. Pero el problema grande es que no es eficiente para su precio. Por eso el precio eléctrico se ha doblado prácticamente en Europa, apenas ha subido en EEUU, y ha bajado un poco en China. No vamos a poder ser competitivos, no vamos a poder mejorar nuestro modo de vida mientras decidamos mantener energía cara e imprevisible.
P.- Vivimos en un mundo de recursos limitados. ¿Cómo podemos equilibrar las crisis inmediatas, como la pobreza, con las de largo plazo, como el cambio climático?
R.- Mi postura es que necesitamos preguntarnos cuál es el precio y el beneficio. Un análisis de coste-beneficio en Economía. Así es como trabaja la gente normal todo el tiempo: me gustaría irme de vacaciones, pero mi casa necesita repararse; mi coche no funciona bien, pero necesito mejorar mi jardín… Así funciona: no hacemos todo porque no podemos permitirnos todo, así que hacemos un cálculo de cuánto bien va a hacer esto y cuánto va a costar, y tratamos de hacer primero lo mejor. Así es como todos operamos. También tenemos que hacer eso en un sentido gubernamental. Necesitamos a nuestros gobiernos haciendo lo mismo, y no lo están haciendo. Están buscando crear titulares, ganar votos… Y entiendo todo eso, pero hay que pedirles que gasten el dinero de una manera más inteligente.
Deberíamos corregir todos los grandes problemas del mundo a largo plazo. Solucionamos el cambio climático de una manera más barata, alrededor del 5% del actual coste y mucho menos de lo que predecimos, enfocándonos en investigación y desarrollo de energía. Así solucionaremos el cambio climático. Luego hay más problemas. Hay un billón o billón y medio de personas que viven en países ricos, donde las enfermedades han sido vencidas, hay buena comida… No nos tenemos que preocupar por esas cosas básicas, pero más de 4 billones de personas sí. Sus hijos pueden morir de enfermedades incurables, no tienen suficiente comida, no tienen buena educación, no tienen trabajo, hay corrupción… todas esas cosas son muy básicas y están olvidadas. En Europa creemos que vamos a ayudar a esta gente bajando un poco la temperatura dentro de cien años en 0,1 grados centígrados. No. Necesitan ayuda con otras cosas más básicas como la malaria, tuberculosis, buena educación, mejor nutrición… Son cosas básicas para las que, con poco dinero, podemos hacer mucho bien. Trabajo con más de cien de los mejores economistas, algunos premios Nobel, y tratamos de ver todas las promesas que el mundo ha hecho y ver cómo podemos maximizar el bien de cada euro gastado. Resulta que hay 12 magníficas soluciones. Por ejemplo, solucionar la malaria con más veterinarios, solucionar la tuberculosis, la enfermedad más mortífera del mundo, consiguiendo más pruebas y mejores medicamentos. Estas cosas son sencillas y baratas. Se podría hacer mucho bien consiguiendo una mejor educación a los niños, enseñándoles a leer, escribir y hacer matemáticas básicas. Recordemos: el 80% de los niños de 10 niños, un tercio del billón total de niños, no sabe leer, escribir ni hacer matemáticas básicas. Así no se puede vivir en el siglo XXI. Sabemos cómo hacerlo de manera muy barata. ¿Por qué no miramos estas cosas y las solucionamos? No estoy diciendo que no se invierta en clima, sino que se invierta en clima de una manera más barata para que podamos solucionar también todos los otros problemas. Y luego, si pensamos en un contexto europeo, tenemos otros problemas: tenemos una crisis de las pensiones, tenemos una guerra en marcha, nos estamos quedando sin dinero (no recaudamos lo suficiente para gastar lo que gastamos), tenemos la inmigración… Tenemos muchos otros problemas. No voy a decir que tenga la solución a todos, pero tomando decisiones más inteligentes y gastando el dinero más inteligentemente podremos abordar muchos de ellos. Este es un camino a seguir, no tenemos todo el mapa, pero lo haremos mejor si dejamos de gastar dinero en políticas inútiles, que nos dejan con poco dinero para otros problemas.
P.- Mirando a 2030, e incluso a 2050, ¿cuál sería la decisión más inteligente que podríamos hacer en torno al cambio climático?
R.- Sin duda, la innovación. Si piensas en cómo el mundo ha manejado otros problemas en el pasado… No sé si has leído sobre esto, pero a finales de 1960 y 1970 la gente estaba preocupada porque el mundo no sería capaz de producir suficiente comida. Se pensaba que los países avanzados iban a tener hambrunas catastróficas. Si en ese momento se hubiese tomado la aproximación climática actual, habríamos dicho «todos juntos, todos tenemos que comer menos y enviaremos el resto de comida a India, China y demás». Eso no hubiera funcionado. No funciona que a la gente le digas: «¿Te importa ser un poco más pobre?». No. Lo que funcionó en 1960-1970 es que aumentamos dramáticamente la inversión en investigación y desarrollo verde, pero en un sentido distinto, en el agrícola. Hicimos que, en lugar de que las plantas crecieran altas con unas pocas semillas, crecieran un poco menos pero con más semillas. Básicamente, en diez años doblamos o triplicamos la cantidad de comida que salía de cada planta. Así salvamos a la gente de la hambruna. Por eso India no es un caso perdido sino uno de los grandes exportadores de arroz del mundo, porque apostamos por la tecnología, por la I+D. Así es como se solucionan casi todos los grandes problemas. No los solucionamos preguntando a la gente si no le importa ser pobre. Los solucionamos asegurando que la tecnología nos haga mejores. Eso deberíamos hacer con el clima. Si somos listos, tenemos que invertir mucho más en el desarrollo e investigación de energías renovables. Hagamos que las siguentes generaciones sean tan baratas que la gente las compre, en vez de pedir a todo el mundo que se empobrezca. Eso no funcionará. Lo que pasará es que Europa se quedará sin dinero y terminaremos eligiendo a alguien como Donald Trump. ¿Malas elecciones, no? Tratemos de ser más inteligentes.
