La Coalición de Voluntarios para Ucrania
«La seguridad de Ucrania ya no es solo un asunto militar: es una prueba de la madurez política y estratégica de Europa»

Reunión de la Coalición de Voluntarios en París (Francia). | X
Pocas veces desde la creación de la OTAN en 1949 la arquitectura europea y trasatlántica de seguridad se ha enfrentado a una coyuntura tan determinante como la actual. La agresión rusa a Ucrania en 2022 reactivó la confrontación entre bloques y obligó a replantear los fundamentos del sistema de seguridad euroatlántico: quién financia la defensa, quién lidera, quién decide y, en última instancia, quién está dispuesto a asumir los riesgos de un conflicto de alta intensidad. En este contexto, la discusión sobre la autonomía estratégica europea, la emergencia de fórmulas como la Coalición de los Voluntarios (originalmente llamada Coalition of the Willing) en el conflicto que sufre Ucrania y el debate sobre el futuro del vínculo transatlántico se entrelazan de forma inseparable.
Dicha invasión ha supuesto una ruptura del orden de seguridad mundial y europeo construido tras el final de la Guerra Fría. Más allá de su terrible impacto en términos humanos, territoriales y económicos, el conflicto ha puesto en cuestión los supuestos estratégicos fundamentales que habían guiado la política de seguridad mundial y europea. La idea de una Europa estable por la interdependencia económica, protegida por la disuasión estadounidense y progresivamente liberada de la confrontación interestatal ha demostrado ser insostenible frente al retorno de la guerra de alta intensidad.
Este conflicto ha acelerado una transición hacia un modelo de seguridad más exigente, en el que la autonomía estratégica europea deja de ser una aspiración política abstracta para convertirse en una necesidad funcional. En este contexto, han reaparecido debates estructurales que permanecieron deliberadamente postergados: la asimetría persistente entre EEUU y los aliados europeos dentro de la OTAN y el reparto de cargas en la defensa colectiva, la credibilidad de la disuasión frente a actores revisionistas y la capacidad real de Europa para actuar como proveedor de seguridad en su propio entorno estratégico.
La denominada Coalición de los Voluntarios, impulsada por Francia y el Reino Unido en relación con Ucrania una vez que haya un alto el fuego y se permita una fuerza de interposición o estabilización, debe entenderse como un intento de adaptación pragmática a un entorno estratégico profundamente volátil y alterado.
La Coalición de los Voluntarios como respuesta pragmática
En este contexto emerge la Coalición de los Voluntarios como una fórmula flexible para proporcionar garantías de seguridad creíbles a Ucrania, sin provocar una escalada directa con Rusia ni asumir compromisos que Europa no esté dispuesta a asumir o no sea capaz de sostener.
La iniciativa, que lleva tiempo en marcha, fue de nuevo impulsada en la cumbre de París de enero de 2026. Representa el esfuerzo más amplio hasta la fecha para debatir el escenario de seguridad posterior a un eventual alto el fuego o acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, una vez producida la solicitud formal de Ucrania de apoyo exterior, en línea con su soberanía nacional y los marcos jurídicos internacionales. En este sentido, Francia, el Reino Unido y Ucrania firmaron un documento orientado a la creación de una fuerza multinacional que podría desplegarse tras un acuerdo de paz.
En esta cumbre participaron más de treinta Estados y organizaciones, incluidos Ucrania, Francia, Reino Unido, EE. UU., Alemania, Canadá, España e Italia, así como representantes de la Unión Europea y de la OTAN. La presencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, subrayó la centralidad de Kiev en el diseño de cualquier arquitectura de seguridad futura.
Francia y el Reino Unido han asumido un liderazgo político y militar claro, que responde a una combinación de capacidades militares, tradición estratégica y voluntad política. Ambos Estados poseen fuerzas armadas adiestradas, con capacidad nuclear y experiencia en operaciones expedicionarias, mientras que Estados Unidos ha optado por un apoyo prudente, sin comprometer explícitamente fuerzas de combate, reforzando la idea de que Europa debe asumir un papel más visible en la gestión de su propia seguridad. Otros Estados europeos manifestaron su apoyo político y logístico, aunque con reservas respecto a un despliegue directo sobre territorio ucraniano (Alemania, Polonia e Italia).
Alemania prioriza el apoyo financiero e industrial y evita compromisos que puedan interpretarse como beligerancia directa; Polonia, pese a su firmeza frente a Rusia, prioriza la defensa de su propio territorio y del flanco oriental de la OTAN, evitando cruzar umbrales que puedan aumentar su vulnerabilidad inmediata, e Italia, de momento, parece ofrecer solo apoyo político y logístico.
La Coalición de los Voluntarios no constituye una estructura institucional político-militar permanente ni una misión formal de la OTAN, sino una coalición voluntaria de Estados con distintos niveles de compromiso. Los acuerdos alcanzados se centran en la continuidad del apoyo militar operacional, logístico, de inteligencia y económico, el refuerzo del adiestramiento de las fuerzas ucranianas y la exploración de mecanismos de disuasión posteriores al conflicto.
La posibilidad de desplegar una fuerza multinacional tras un alto el fuego se plantea como una opción condicionada, cuidadosamente delimitada y orientada a funciones disuasorias y de estabilización. El objetivo explícito es evitar que un eventual alto el fuego se traduzca en una congelación inestable del conflicto que favorezca a Rusia. La propuesta evita deliberadamente definir la misión como una operación de combate, subrayando su carácter defensivo. Aun así, y como en 2014, habrá que contar con gran probabilidad con acciones híbridas rusas (sabotajes, desinformación, provocaciones, ataques con drones, etc.). Desde luego, no será «un paseo militar».
Disuasión en misiones posconflicto de alta intensidad y guerra híbrida
La posible configuración de esta fuerza en Ucrania debe partir de una premisa clave: Rusia no puede ser considerada un actor posconflicto convencional. Se trata de una potencia militar con capacidad probada para la guerra híbrida, ataques de precisión y escalada controlada, incluso en escenarios cubiertos formalmente por altos el fuego.
En consecuencia, cualquier despliegue internacional deberá ser creíblemente disuasorio, altamente protegido y capaz de operar bajo una amenaza persistente. La lógica estratégica de esta fuerza no debe basarse en la disuasión por ofensiva, sino en la disuasión por resiliencia. El objetivo no es derrotar militarmente a Rusia, sino hacer extremadamente costosa y políticamente arriesgada cualquier agresión limitada.
El riesgo principal no sería una ofensiva terrestre rusa a gran escala, sino una escalada controlada destinada a evaluar la cohesión y la voluntad de la coalición. Por ello, una fuerza simbólica o ligera sería estratégicamente insuficiente. La experiencia del conflicto ucraniano demuestra que la credibilidad estratégico-militar no depende tanto del número de efectivos desplegados como de las capacidades de protección, defensa aérea y supervivencia que acompañan al despliegue.
España y el futuro de la seguridad europea
España está participando en esta iniciativa Coalición de los Voluntarios, originada el 2 de marzo de 2025. Desde hace tiempo, en el Mando de Operaciones, en coordinación con los Ejércitos y la Armada y bajo la dirección del JEMAD, se están planificando capacidades, fuerzas y escenarios para un eventual despliegue, que podría ser uno de los más exigentes y peligrosos a los que se enfrenten las Fuerzas Armadas españolas en un futuro cercano. La decisión final requerirá una evaluación detallada del contexto de seguridad y la correspondiente aprobación parlamentaria.
España se inserta en este debate como una potencia media con fortalezas específicas y limitaciones estructurales. Su posición geográfica, su papel en el flanco sur, la presencia de bases estadounidenses y el potencial de su industria de defensa la convierten en un actor relevante, aunque tradicionalmente secundario en términos de liderazgo estratégico.
La cuestión central no es solo cuánto invertir en defensa, sino qué papel desea desempeñar España en una Europa que avanza lentamente hacia una mayor asunción de responsabilidades. La autonomía estratégica europea debe concebirse como un complemento al vínculo transatlántico, no como una alternativa.
Conclusiones
La guerra de Ucrania ha inaugurado un nuevo ciclo geopolítico para Europa, marcado por la incertidumbre, la competencia estratégica y una redefinición del equilibrio transatlántico. La Coalición de los Voluntarios expresa la voluntad de un grupo de Estados de asumir mayores responsabilidades, aunque con el riesgo potencial de fragmentar la arquitectura de seguridad europea.
La postura europea, y en particular la de España, se ha caracterizado por una combinación de apoyo firme a Ucrania y prudencia estratégica respecto a los compromisos militares directos. Esta posición refleja una concepción multilateral de la seguridad, en la que la legitimidad y la sostenibilidad son tan importantes como la fuerza disuasoria.
La seguridad de Ucrania ya no es solo un asunto militar: es una prueba de la madurez política y estratégica de Europa. La respuesta europea determinará la estabilidad ucraniana y la credibilidad de la UE como actor global. La Coalición de los Voluntarios abre una ventana de oportunidad, pero también pone a prueba la unidad europea, la relación con EE. UU. y la reacción de Rusia en un entorno internacional cada vez más competitivo, incierto e impredecible.
Carlos de Antonio Alcázar es analista del Centro de Seguridad Internacional del Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria.
