No mereces llamarte periodista si eres espía
Pablo González no acudirá a su juicio en Polonia porque traicionó al periodismo para servir al GRU

Pablo González, alias Pavel Rubtsov.
En su pasaporte español aparece Pablo González y en su pasaporte ruso pone Pavel Rubtsov. Hijo de española y ruso, esta doble nacionalidad le suponía una ventaja para moverse por el mundo y superar con éxito las fronteras de países de los dos bloques tradicionalmente enfrentados —al menos hasta que Trump llegó hace un año a la presidencia de Estados Unidos y cambió ese concepto—. Junto a esas cartas de identidad, Pablo-Pavel podía esgrimir un tercer salvoconducto que le abría muchas otras puertas: el de periodista.
Por suerte para los espías y desgracia para los profesionales de la información, el hecho de que los servicios de inteligencia tengan que estar presentes en muchos ámbitos donde no son bien recibidos hace que doten a sus agentes de profesiones como el periodismo que derriban muros, convierten en inofensivas preguntas sospechosas y hacen admisibles relaciones que de otro modo nunca se mantendrían.
El GRU, el servicio secreto militar ruso, lo sabía bien cuando captó a Pablo-Pavel. Podía viajar por países enemigos sin mostrar su pasaporte ruso, mostrando el inocuo de España, nada sospechoso. Podía moverse en todo tipo de ambientes con libertad gracias a su profesión de periodista, sumando que estaba acreditado por medios progresistas como La Sexta, para la que cubría hechos de actualidad tan importantes como la guerra de Ucrania. Su tapadera era casi perfecta. Ese casi residía, en algunas ocasiones, en su pasaporte ruso. En sus viajes por países occidentales, con las personas con las que trababa relaciones, para evitar suspicacias evitaba mencionar su procedencia del país de Putin.
Hasta en el CNI utilizan la tapadera de periodista
En los servicios secretos, recurrir a la profesión de periodista como tapadera está generalizado. Lo ha utilizado desde siempre el espionaje ruso, pero también los de los países occidentales, incluido el CNI español. Cuando el supuesto periodista nunca había ejercido como profesional y era imposible conseguirle una acreditación en un medio de peso, como la que tenía Pablo-Pavel, se registraban empresas periodísticas, totalmente desconocidas en el propio país, pero que colaban en el extranjero.
Pablo-Pavel fue detenido el 28 de febrero de 2022 cuando intentaba entrar en Ucrania, tras enviar dos días antes una crónica a la cadena de televisión en España. Le acusaron de ser agente del GRU desde abril de 2016. Fue encarcelado durante dos años sin que hubiera una acusación directa contra él por espionaje o cualquier otro delito. Es verdaderamente vergonzoso que las leyes de Polonia permitan encerrar eternamente a alguien sin formular una acusación formal.
Al margen de la injusticia de su situación penitenciaria, poco a poco fuimos descubriendo asuntos que arrojaban luz sobre su doble vida: ¿Pablo-Pavel era un espía ruso? En Polonia, donde el periodista se movía con cierta habitualidad —un terreno de sumo interés para Putin en este momento—, se había ido a vivir con Magda CH, con la que mantenía una relación sentimental. Magda era, como no podía ser de otra forma, una periodista polaca, que había ayudado a Pablo-Pavel a introducirse en los ambientes de los disidentes rusos que habían huido de la persecución de Putin.
Detenida la joven polaca y acusada de complicidad, la dejaron en libertad y le permitieron abandonar el país para alejarse de la trama en la que había colaborado inconscientemente: había abierto las puertas de sus fuentes a un espía ruso.
Pablo-Pavel no irá a que le juzguen
El próximo 25 de febrero, habrá un juicio contra Pablo-Pavel en el Tribunal de Distrito de Varsovia. En noviembre hubo un primer intento de encausarle; el periodista no apareció y alegó en redes sociales que no se lo habían notificado, aunque sus abogados polacos sí que acudieron. Mantiene que el proceso es un invento, todo es una farsa. Si no hubiera sido porque el 31 de julio de 2024 fue uno de los intercambiados en el canje de prisioneros entre Rusia y Estados Unidos, alguien podría creer su alegato de que no trabajaba para el GRU.
Sin duda tiene derecho a esgrimir que es periodista, aunque sea espía. Pero la realidad es que cuando utilizas el trabajo de informador para beneficiar en secreto a poderes ocultos, lo que te lleva a manipular la información, a mentir, no mereces llamarte periodista, eres un traidor al periodismo. Nuestra profesión está hecha para servir a la opinión pública.
