'Hackers', nieve y agentes federales: los Juegos de Invierno se juegan fuera de la pista
Italia blinda los Juegos frente a una guerra híbrida que combina ciberataques, sabotajes y presión política

Michele Malfatti, de Italia, compite durante la prueba masculina de 5.000 metros de patinaje de velocidad en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 | Li Jing / Xinhua News
Tres días después de la inauguración del pasado viernes, los Juegos de Invierno avanzan en las pistas, pero el verdadero termómetro de estabilidad está en otro lugar. Italia ha tenido que gestionar, casi en paralelo al arranque deportivo, una combinación de ciberataques y sabotajes físicos que confirman que los grandes eventos ya no son burbujas, sino celebraciones expuestas a las disputas geopolíticas del sistema internacional.
Antes de que se encendiera el pebetero, Roma anticipó y frustró intentos de intrusión digital contra el Ministerio de Asuntos Exteriores —empezando por su oficina en Washington— y contra infraestructuras vinculadas al entorno olímpico en el eje Milán-Cortina, incluidos hoteles. El ministro Antonio Tajani señaló que se trataba de hackers rusos, notificó a otras autoridades y puso en valor el trabajo de la estructura de seguridad de su ministerio. Al mismo tiempo, hizo un llamamiento a una «tregua olímpica» para rebajar la tensión en zonas en conflicto como Ucrania.
DDoS y la lógica del desgaste
Los incidentes de la pasada semana encajan en un patrón repetido en grandes citas internacionales. Desde Londres 2012 hasta la Eurocopa 2024 de Alemania, los eventos deportivos globales han sido objetivo habitual de ataques conocidos como de denegación de servicio (DDoS, por sus siglas en inglés), esos en los que los usuarios esperan eternamente a poder acceder a una página web pero que acaba dando error por sobrecarga de los servidores. No buscan robar información ni tomar el control de sistemas, sino bloquear temporalmente servicios saturando servidores con tráfico masivo.
Las autoridades italianas en materia de seguridad digital lo resumían así la pasada semana: «La naturaleza cada vez más accesible y politizada del panorama de amenazas, unida a la exposición global y a la dependencia de sistemas digitales interconectados, convierte a los Juegos de Invierno de 2026 en un objetivo de primer orden para los ciberdelincuentes».
El atractivo de este tipo de ataque es evidente. «Quizá la herramienta más potente que pueden utilizar los actores de amenazas contra un espectáculo global como los Juegos de Invierno son los ataques DDoS», explican. «Están diseñados para saturar servidores y redes digitales, son fáciles de lanzar, difíciles de rastrear y capaces de interrumpir retransmisiones en directo, conectividad de sedes y sistemas de seguridad pública».
A ello se suma un factor político: «La actividad DDoS con motivación geopolítica ha pasado a primer plano, reflejando conflictos del mundo real. Hackers antioccidentales pueden fijar su atención en un evento como los Juegos de Invierno, impulsados por motivos que van desde la suspensión de Rusia por parte del COI hasta una oposición ideológica más amplia al gobierno italiano».
De hecho, la reivindicación de los ataques por parte de un grupo prorruso en Telegram la pasada semana contra las webs asociadas a la familia olímpica, encaja en un patrón de presión digital de bajo perfil pero de alto valor simbólico. El efecto buscado no es paralizar los Juegos, sino forzar a una alerta constante a las fuerzas de seguridad italianas que han de estar bajo vigilancia constante.
Sabotaje físico
Al mundo digital se ha sumado también un frente físico. Las autoridades italianas investigan varios incidentes en la red ferroviaria del norte del país que este sábado provocaron fuertes interrupciones del tráfico coincidiendo con el inicio de las citas deportivas. Así, se contabilizaron incendios en diferentes tramos de vía, cables eléctricos cortados y la localización de un artefacto explosivo rudimentario cerca de las líneas. El Ministerio de Transportes del Gobierno italiano calificó los hechos de «sabotaje grave».
Las infraestructuras afectadas conectan ciudades importantes como Bolonia–Venecia y líneas de alta velocidad esenciales para la movilidad entre sedes olímpicas. Bolonia, por ejemplo, es un punto neurálgico que enlaza norte y sur, así como rutas este-oeste, por lo que cualquier alteración tiene efecto inmediato en el normal funcionamiento de los trenes. La comparación con los sabotajes ferroviarios ocurridos en Francia durante los Juegos de París 2024 ha sido mencionada por los responsables italianos por las similitudes en momento y método.
No hay por ahora reivindicación oficial, pero el trasfondo político es evidente. Italia, como uno de los tres países más importantes de la UE, es un actor activo en el apoyo a Ucrania, y las autoridades no descartan que el país enfrente presiones adicionales hasta su conclusión el próximo 22 de febrero. La lógica es coherente con lo que se conoce como «guerra híbrida», es decir, combinar acciones digitales de desgaste con interferencias físicas selectivas que alteran la normalidad de la cita olímpica sin cruzar los umbrales de confrontación abierta.
Si eso no fuera poco, las autoridades italianas enfrentan otra brecha de seguridad fruto de la presencia de agentes federales estadounidenses del ICE (la policía migratoria de EEUU) dentro del dispositivo asociado a la delegación de Estados Unidos. Esto ha generado protestas en Milán, reflejando cómo los debates políticos importados se proyectan sobre el evento.
Pero la presión social no se ha quedado en lo simbólico. El sábado por la tarde, manifestantes antiolímpicos marcharon por Milán, con pancartas, música y consignas, en una movilización que cuestionaba los impactos ambientales de las infraestructuras olímpicas y denunciaba lo que los organizadores califican como «daño económico y social» asociado al evento. La marcha fue impulsada por el llamado Comité Olímpico Insostenible, que agrupa a movimientos de izquierda. La movilización cambió de tono al caer la noche. Tras pasar cerca de la Villa Olímpica —protegida por un amplio cordón policial—, algunos participantes lanzaron petardos y botes de humo en dirección a la zona, aunque sin alcanzar los edificios de los atletas, pero sí contra la policía y vehículos oficiales. Las fuerzas de seguridad respondieron con cargas, gases lacrimógenos y cañones de agua.
