Ganadores y perdedores en el juego de Trump en Venezuela
Con Maduro ha caído una facción del chavismo y se ha barajado el tablero en la coalición gobernante de este régimen que se define como «popular, militar y policial»

Delcy Rodríguez, presidenta de Venezuela. | Wei Neiruilaquanguodaibiaoda (Europa Press)
Los vertiginosos hechos del 3 de enero en Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro por fuerzas militares de Estados Unidos para ser juzgado en Nueva York por presunto narcotráfico, han modificado el juego de tronos y las relaciones de poder en este malogrado país. Este proceso ha dejado una pizarra de ganadores y perdedores que todavía puede alterarse, como en cualquier torneo de primera división.
El más notable de los perdedores es el propio Maduro y su esposa Cilia Flores. El heredero de Hugo Chávez, cabeza más conspicua de esa hidra autodenominada «revolución bolivariana», ejercía el poder como si le fuera a durar para siempre, se ufanaba de tener un supuesto apoyo popular y afirmaba que contaba con 8,5 millones de hombres y mujeres en armas dispuestos a defenderlo ante las amenazas del imperialismo.
La caída de Maduro ha arrastrado consigo a una facción del chavismo y se ha barajado el tablero en la coalición gobernante de este régimen que se define como «popular, militar y policial». Entre sus más notables socios parece haber caído el poderoso empresario colombiano Alex Saab, ahora exministro de Industrias y señalado en varias causas en tribunales de Estados Unidos como supuesto testaferro de Maduro en oscuros negocios de lavado de dinero e importaciones con sobreprecio de alimentos para programas de control social del chavismo.
En los próximos meses y años estará por verse cuánto duran los triunfos y derrotas. Pero por lo pronto el chavismo ha articulado un repliegue táctico que lo ha llevado a negociar con Trump y a aceptar entregar su consigna histórica patriotera y nacionalista que lo hacía preservar por completo a la industria petrolera venezolana al control del Estado. Una nueva ley de Hidrocarburos fue aprobada a la carrera por la Asamblea Nacional chavista, para reprivatizar parte de la industria petrolera y dejar una futura expansión y aumento de la producción de crudo y gas en manos de empresas occidentales, de Estados Unidos y Europa.
Las primeras ganadoras son la estadounidense Chevron, que no había abandonado sus posiciones en Venezuela a la espera de mejores tiempos y ya respondía por la producción de unos 225.000 barriles de petróleo diarios, casi la cuarta parte del total del país. Ahora Chevron podrá invertir más y, en el mediano plazo, duplicará su bombeo, según el secretario de Energía de Trump, Christ Wright, quien esta semana completó una publicitada visita oficial a Venezuela para supervisar la industria petrolera e impulsar nuevas alianzas. Otros beneficiarios inmediatos son la española Repsol, la italiana ENI, la británica BP y la angloholandesa Shell, que ya han recibido licencias del Departamento del Tesoro de EEUU para operar en Venezuela. Todas serán parte de una ambiciosa campaña «para hacer grande otra vez a Venezuela», que según Trump incluirá inversiones por 100.000 millones de dólares en los próximos años.
La industria petrolera es el motor de la economía venezolana, por lo que ya hay un cambio de expectativas y muchas personas comunes e inversionistas de diferentes tallas apuestan a que pronto despegará la economía, mientras economistas ya calculan una expansión de entre 8 y 12% en el PIB de 2026. Pero todavía está por verse si estos cambios, en efecto, beneficiarán al venezolano promedio. Por lo pronto, se ha ralentizado la agobiante devaluación diaria de la moneda local y se han moderado los miedos a una nueva hiperinflación.
Negocios de China
Las grandes perdedoras son las petroleras chinas y rusas que habían forjado estrechos negocios con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) pero que nunca habían concretado grandes inversiones en sus campos de la Faja Petrolífera del Orinoco, donde están algunas de las mayores reservas del mundo de petróleo extrapesado y bitúmenes. Ahora, empresas como Sinovensa, una asociación entre Pdvsa y la corporación estatal China National Petroleum Corporation (CNPC) —que extrae unos 100.000 barriles por día—, deberá revisar sus planes e inversiones y probablemente se vea obligada a vender sus activos.
Las nuevas licencias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro excluyen expresamente de los planes petroleros en Venezuela a empresas, personas o entidades radicadas en Irán, Rusia, Corea del Norte o China. Este ha sido el primer tanto de Trump en su estrategia para reducir la presencia y la influencia económica y geopolítica de China en América.
La Venezuela de Maduro era el principal aliado político de China en esta parte del mundo, aunque en términos económicos el tamaño de esos negocios palidece comparado con obras de infraestructura, energía e industria sí ejecutadas por China en Perú, Argentina, Brasil, México, Guyana y América Central. Pekín y Caracas firmaron en 2023 un acuerdo para elevar su relación al nivel de «asociación estratégica para todo tipo de clima», en política, comercio y energía. China además competía con Rusia como vendedor de armas a Venezuela.
Pero en términos prácticos, tras los cambios, esa asociación no pasó más allá de declaraciones de condena a la incursión de Estados Unidos para llevarse a Maduro y China parece haber perdido su principal bastión para provocar a su adversario mundial. Pero hay otras empresas chinas candidatas a recibir goleadas en este proceso. En Venezuela, los sistemas de telecomunicaciones estratégicos y neurálgicos están controlados por empresas y tecnología del gigante asiático.
Huawei, ZTE y Corporación Nacional de Importación y Exportación de Productos Electrónicos de China (Ceiec) dominan desde el mercado de teléfonos móviles hasta la plataforma de control social y espionaje Carnet de la Patria, los sistemas de censura y bloqueo de información en línea e incluso servicios de radiobases para empresas privadas de telefonía celular y la red de fibra óptica que expande la telefónica estatal Cantv. No es previsible que Estados Unidos esté dispuesto a compartir con los chinos información estratégica en su bastión petrolero recién recuperado.
Ya desde 2020, sancionó a una de estas empresas, la Ceiec «por realizar operaciones cibernéticas y de vigilancia contra grupos de la oposición política en Venezuela». Esta empresa es la que opera el único satélite de telecomunicaciones activo de Venezuela, así como dos bases terrestres en este país. En diciembre pasado, la OFAC también sancionó a cuatro empresas chinas que comerciaban petróleo venezolano. Las oscuras exportaciones de petróleo eran la fórmula usada por el chavismo para amortizar una deuda pública de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares —no hay cifras oficiales sobre el remanente— contraída en los años de la bonanza petrolera por Hugo Chávez.
Donald Trump ha dejado a la oposición democrática que representa a la vasta mayoría de venezolanos y liderada por María Corina Machado en la cuneta. El presidente estadounidense nunca ha hablado de democracia, transición o elecciones libres en ningún momento de este proceso, llegando a elogiar a Delcy Rodríguez, quien se consolida en el poder en medio de maquiavélicas maniobras en Caracas y Washington que tienen el petróleo como protagonista. «Si están impulsando un cambio positivo que beneficie a los estadounidenses y esté mejorando las oportunidades de vida de las personas en Venezuela, ese dinero fluirá. Si se desvían de ese camino, simplemente tenemos una influencia tremenda», ha asegurado el inquilino de la Casa Blanca.
Por su parte, Delcy insiste que Maduro «es el presidente legítimo» al tiempo que planea viajes como invitada a Estados Unidos, sobre todo después de que Trump la reconociera como supuesta líder de Venezuela. La apuesta clara del chavismo es comprar tiempo, alargar el partido y esperar en esta fase a que Trump pierda las elecciones de medio término de este año y después sobrevivir al término del mandato del magnate que ha sacudido el tablero de la geopolítica en Occidente.
