The Objective
Entrevista

El exlíder de Honduras que estuvo en la misma cárcel que Maduro: «Nunca sabes si es de día»

Hernández fue indultado por Trump en diciembre, unas semanas antes de la llegada de Maduro al penal de Brooklyn

Juan Orlando Hernández (Gracias, 1968) fue presidente de Honduras entre 2014 y 2022. Apenas unas semanas después de dejar el poder, Estados Unidos pidió su extradición por supuestos delitos de narcotráfico y fue detenido y enviado a este país en abril de ese año bajo la Administración Biden. Ingresó en el penal de Brooklyn en Nueva York, el mismo lugar en el que se encuentra recluido el venezolano Nicolás Maduro desde principios de enero. Dos años después, en marzo de 2024, una corte federal de Nueva York le declaró culpable de delitos de conspiración para traficar narcóticos y uso de armas de fuego, posiblemente los cargos a los que se enfrente el sucesor de Hugo Chávez.

En la sentencia que le condenó a 45 años de cárcel se indicó que Hernández habría aceptado sobornos millonarios antes y durante su presidencia para favorecer el narcotráfico en Honduras por parte de bandas criminales, entre ellas el cartel de Sinaloa; acusación semejante a la que se cierne sobre Maduro. Según la Fiscalía estadounidense, durante su mandato Honduras operó como un narcoestado, permitiendo el tráfico de estupefacientes con la ayuda de las fuerzas de seguridad estatales. Finalmente, pasó casi cuatro años entre rejas hasta que Donald Trump sorprendió a finales de noviembre anunciando que le perdonaría su larga condena. El indulto presidencial a su favor llegó el pasado 1 de diciembre.

Tras ello, fue puesto en libertad y ahora se encuentra en Florida, en una ubicación que prefiere no desvelar «por motivos de seguridad», a la espera de que se resuelva su expediente judicial, pues su condena se encontraba en la corte federal de apelaciones cuando le llegó el perdón de gracia de Trump. Hernández conversa con THE OBJECTIVE para defender su «inocencia», explicar cómo se construyó «una mentira tras mentira» en su contra y relatar cómo fue su paso por la cárcel de Brooklyn en la que hoy discurren los días del expresidente venezolano.

El político hondureño no olvida su llegada al penal federal de Nueva York hace casi cuatro años. En un primer momento, quedó confinado en una zona que llaman «la unidad contra los terroristas». Allí estuvo unos 25 días «sin ningún tipo de acceso para conversar con alguien y en completo aislamiento».

El hondureño Juan Hernández saluda a Donald Trump cuando ambos eran presidentes.

«Estás en solitario. No tienes idea también cuándo es de día o de noche. Es, diría yo, un módulo para generar una presión psicológica muy fuerte. Luego, apareció uno de los guardias y me dice: Hernández, vos no deberías estar aquí. Yo espero que ya mañana te saquen. Y en efecto, al día siguiente apareció un oficial y me llevó a una unidad donde estaban personas que, de alguna manera, el sistema tiene que darles algún nivel de protección», rememora.

Pasó dos años y medio en esa otra zona de confinamiento antes, durante y después de su juicio. Tres días antes de que Trump llegase a la Casa Blanca, el 17 de enero de 2025, le trasladaron «a una de las cárceles más peligrosas de Estados Unidos»: la de Hazelton, en West Virginia, donde en principio iba a estar recluido hasta 2060. Sin embargo, su estancia fue mucho más corta. De apenas once meses.

Sobre Maduro, prefiere no especular sobre su ubicación dentro de la cárcel de Brooklyn, si bien cree que lo más seguro es que haya estado en el mencionado módulo de aislamiento total. «En esta cárcel hay dos edificios: uno viejo y uno nuevo. En el nuevo está la población carcelaria general. En el viejo, hay unidades que son abiertas. No por celda, me refiero, sino por espacios un poco más abiertos, donde se comparte con los demás presos que están ahí».

En la zona más benigna de la prisión neoyorkina también hay segregación de reclusos si están implicados en un caso federal que se investiga o ya ha sido juzgado. «De hecho, ahí había tres o cuatro [narcotraficantes] de los que fueron testigos en mi contra y que fueron afectados por las decisiones de mi Gobierno, como quitarles sus bienes, otros extraditados y otros con otras complejidades». 

Preguntado sobre qué consejo daría a Maduro durante su estancia en dicho penal, el exmandatario hondureño hace hincapié en que lo importante es «tener ocupada la mente». «Cuando uno decide pelear un caso, es dedicarse con toda la energía y la fuerza a estudiar o a encontrar los elementos para atacar las acusaciones. Una rutina de ejercicios es muy importante, por lo menos para mí, para liberar tensión física y mental. La lectura es supremamente importante y para mí, en mi familia, es muy importante en ese sentido. Pasaba cada vez que teníamos la oportunidad de llamar a mi familia y trabajar con ellos también en mi proceso de defensa». 

«Mi indulto se basa en mi inocencia»

Hernández se centra a continuación en defender el perdón concedido por Trump justo unas semanas antes de que EEUU atrapase a Maduro en Caracas y lo enviase a Nueva York. «Mi indulto se basa en mi inocencia. Yo fui injustamente perseguido por razones de orden político. Y cuando el presidente Trump es preguntado por qué capturan a Maduro y por qué me indulta a mí, él da una explicación un poco más profunda y dice: ‘Bueno, yo he leído el caso’».

El exmandatario hondureño cree que sufrió «una cacería de brujas». O si se prefiere, «una persecución política». ¿Por qué? «Si usted revisa mi trayectoria, cuando yo comienzo en el 2010 y hasta el 2014, cuando fui presidente del Congreso de Honduras, todos los instrumentos de lucha contra el narcotráfico que nadie se atrevía a aprobar, un montón de ellos los impulsé yo como presidente del Congreso», señala sobre esa etapa previa a sus ocho años en la presidencia. En aquel momento, Honduras era el país más violento del mundo mientras se sucedían «emblemáticos asesinatos de los zares antidrogas».

Bajo la Administración Obama, todo fueron parabienes y felicitaciones. Desde la Guardia Costera de EEUU hasta el «más alto nivel» del Comando Sur de este país. Venezuela era un problema para la región y Hernández expulsó al embajador de Maduro, pero con Biden cambiaron las tornas. Washington impulsó, a su juicio, «una operación de persecución política para habilitar el camino a la izquierda radical hondureña» de Xiomara Castro y «así quedar bien con la izquierda latinoamericana».

Juan Orlando Hernández tras su puesta en libertad.

Ahora, el conservador Nasry Asfura ha sustituido a Castro en la presidencia de Honduras. «Fue un excelente alcalde. Sirvió durante el período que yo serví [de presidente] como alcalde de la capital con muy buen resultado. Un hombre, diría yo, muy noble, con mucho sentimiento para servir. Tenemos mucha esperanza que va a hacer un buen trabajo. Lo llamé cuando ya se confirmó que le había ganado para felicitarle y desearle lo mejor», señala tras las semanas de incertidumbre que hubo a finales de 2025 debido a lo ajustado del escrutinio en los comicios presidenciales.

Tras ello, no ha tenido más contacto con Asfura. «Uno tiene que dar el espacio a los nuevos liderazgos que han surgido, para que hagan su trabajo. Cada quien tiene su tiempo. Voy a regresar a Honduras, sí. Cuando las condiciones estén dadas. Yo les digo a quienes a veces se preocupan por los riesgos que yo corro, porque tengo muchas amenazas de muerte en Honduras y hay una persecución política que dejó montada a la izquierda radical en los tribunales. Les digo: ‘Nadie, solo Dios, va a evitar que yo regrese a mi tierra y vaya’. Vamos a analizar el momento apropiado para hacerlo». 

En todo caso, Hernández no quiere implicarse de nuevo en política. «Trato de evitar que puedan involucrarme», afirma en la entrevista con este diario. «La respuesta concreta es que no es mi prioridad participar en política. Mi prioridad es contar mi verdad y, obviamente, aprovechar el tiempo que me queda con mi familia, que es algo que logré apreciar en su verdadera dimensión ahora que he estado tanto tiempo alejado de ellos». 

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