El coronel Ángel Gómez de Ágreda: «China no alcanzará a EEUU en lo militar a corto plazo»
El autor de ‘Un mundo falaz’ ve la guerra en Ucrania como «un modelo para la Tercera Guerra Mundial»

El coronel Ángel Gómez de Ágreda. | Foto: Víctor Ubiña
El coronel Ángel Gómez de Ágreda, ahora en la reserva, ha dedicado toda una carrera al Ejército del Aire. Ha sido piloto militar de transporte y paracaidista, para pasar luego a ocupar en Seúl el cargo de agregado militar en Corea del Sur y Japón. Es doctor en Ingeniería de Organización. Como experto en ciberdefensa, análisis geopolítico e inteligencia artificial, Gómez de Ágreda acaba de sacar su último libro, Un mundo falaz (Ed. Ariel), en el que desgrana los desafíos y peligros a los que se enfrenta el mundo en la actualidad y en próximas décadas.
PREGUNTA.- Tiene Mundo Orwell, Un mundo falaz, juega a 1984 y a Un mundo feliz. Hemos visto, por ejemplo, recientemente Estados Unidos insinuando que podría incluso invadir Groenlandia, un territorio de un aliado de la OTAN como es Dinamarca. ¿Cree que vivimos un momento distópico?
RESPUESTA.- Vivimos un momento en el que hay un cambio en el orden que se puso en marcha hace 80 años. De lo que la mayor parte de los países no nos hemos dado cuenta es que las reglas son distintas, que estamos jugando a otro juego. Entonces hay muchas cosas que nos chirrían, que no encajan en nuestra forma de pensar, porque seguimos con el paradigma anterior y esto no encaja en ese paradigma. Pero tenemos que pensar que ahora mismo las reglas se están rigiendo fuera del ámbito de Naciones Unidas, fuera del ámbito de las relaciones multilaterales. Que ya no es tanto multilateralismo, y esto viene arrastrando desde hace tiempo, sino minilateralismos, en los que tú creas un grupo de países como el Aukus [la alianza de Australia, Reino Unido y Estados Unidos, por sus siglas en inglés] para un tema concreto. Desarrollas el tema, pero no necesariamente tienen los mismos socios en otros. Y en un mundo en el que en lugar de aliados, tú lo que tienes son intereses. Entonces, ha cambiado absolutamente: Europa sigue jugando al juego que le interesa, que es a Bretton Woods, a Naciones Unidas, a OTAN. Pero eso solamente tiene utilidad dentro del marco minilateralista. Y esta ya no es la estructura, sino es un instrumento más.
P.- Se habla mucho en la política y en otros ámbitos de ganar el relato. ¿Cree que la información es la verdadera arma de destrucción masiva en este siglo XXI que estamos viviendo?
R.- Creo que es el arma de construcción masiva. O sea, lo que estamos haciendo no es desinformar. Eso eran las fake news, eso era la posverdad. Ahora estamos en la posrrealidad. Ahora la realidad es irrelevante. Ahora no se trata de distorsionar la realidad, sino de construir la realidad que nosotros queremos. Es decir, de meternos en una película, hacer un guión que sea coherente consigo mismo y a partir de ahí, vivimos ahí.
P.- ¿De dónde viene?
R.- Pues de que hay una serie de plataformas y empresas que tienen todos nuestros datos y el control de las redes sociales, que es donde vivimos, fundamentalmente, en las redes sociales, mucho más incluso que en la calle. Incluso cuando nos estamos moviendo en la calle vamos pendientes de la información que nos llega a través de sensores, no de nuestros sentidos. Por lo tanto, se ha trasladado todo al mundo digital. Eso permite a las empresas que controlan el mundo digital construir ese mundo, diseñarlo. Que no tiene por qué ser parecido al real. Lo único que necesita es coherencia interna. Entonces, no se trata de destruir, sino de liderar, de crear el escenario en el cual estamos viviendo.
P.- ¿Cree que nos dominan los algoritmos, que estamos manipulados ya por un algoritmo?
R.- Yo creo que no nos dominan los algoritmos, sino que nos dejamos dominar por ellos, haciendo dejación del esfuerzo necesario por aplicar nuestros propios criterios. Es mucho más cómodo dejarse guiar por los algoritmos, preguntarle a ChatGPT qué buscar en Google, que a su vez es mucho más cómodo que buscar en la enciclopedia. Con lo cual, vamos a la línea de menor esfuerzo. A partir de ahí, lo suyo sería utilizar los algoritmos de forma inteligente, contrastar su información con distintas fuentes. Los algoritmos tienen una utilidad fabulosa mientras se empleen como herramienta; no como el gurú u oráculo que te dice la verdad. No es que los algoritmos nos dominen, es que estamos subordinándonos voluntariamente a ellos por comodidad.
P.- ¿Qué retos cree que plantea la inteligencia artificial en el ámbito militar en el que ha estado?
R.- Desde 2013, aproximadamente, se está intentando hacer una regulación internacional de la inteligencia artificial, sobre todo en el ámbito de la autonomía. Casi todo el mundo está preocupado por la letalidad de los sistemas de armas autónomos, de los robots asesinos, pero la letalidad es una característica de la guerra, no de la inteligencia artificial. Lo que me interesa no es si una guerra, un arma mata o no mata: las armas tienen que matar, están diseñadas para eso. La decisión de que maten es lo que es verdaderamente relevante. Los retos que se plantean son: la toma de decisiones, a quién pertenecen y el grado de autonomía que permanece en el humano, en el decisor humano. No la autonomía que se le otorga a las máquinas, sino la autonomía que no se les puede llegar a ceder. En este debate, los principales países desarrolladores de inteligencia artificial y de sistemas de armas autónomas letales son los más reticentes a que haya una regulación de esos sistemas, porque ellos tienen la ventaja. Entonces, es muy difícil ahora mismo llegar a establecer un derecho internacional que incluya los sistemas de armas autónomos letales. Básicamente, sería una regulación ética y legal de cómo se utilizan estas armas. Al final, vuelven a ser armas e instrumentos en manos de alguien y la guerra no deja de ser un acto político y, por lo tanto, son decisiones humanas las que tienen que prevalecer.
P.- Como piloto militar, tiene que ser chocante pensar que una máquina pueda tomar esa decisión de forma autónoma. Ahí tiene que haber un límite. Tiene que ser una persona la que tome la decisión final sobre el uso de fuerza letal.
R.- Sí, pero eso es fácil decirlo cuando no eres un ucraniano en las trincheras en el frente y tu vida no depende de tomar una decisión en 2 o 20 segundos, así que el grado de autonomía está muy condicionado en el frente, en primera línea, por la supervivencia del que la está utilizando. Y luego hay un error menor en el planteamiento: la decisión del uso de la fuerza, apretar el gatillo, es lo de menos. Esa es la parte más externalizable de uso de las armas. Yo puedo tomar la decisión de que voy a atacar un objetivo y después dejar a la máquina que decida cómo y cuándo lo ataca. Eso no es problema. No hay ningún problema ético en decir cómo y cuándo. El problema es a quién y si se le ataca. Entonces el problema que tenemos, volviendo a lo de antes, es la toma de decisiones. Si el algoritmo te condiciona tu visión de las circunstancias en las que estás y por lo tanto, estás tomando una decisión ya sesgada por la información que tienes, difícilmente va a ser una decisión libre y tú te conviertes en un chivo expiatorio que toma una decisión en función de unos parámetros que te han dado o que te ha dado la máquina. Lo importante es la toma de decisión, no el acto en sí.
P.- Precisamente hablaba de Ucrania. Llevamos cuatro años de guerra allí. ¿Se atreve a hacer un pronóstico de qué va a pasar? ¿Ve más cerca la paz o estamos en el comienzo de la Tercera Guerra Mundial?
R.- No creo que Ucrania vaya a ser el comienzo de la Tercera Guerra Mundial. Puede ser uno de los de los condicionantes o un modelo para la Tercera Guerra Mundial. que cambie la forma en que se hace la guerra, pero no hay interés en que Ucrania escale más allá, por ninguna de las partes, de donde está ahora mismo. A unos les interesa mantener activa una zona de desgaste para Rusia, a otros les interesa resistir en lo posible para acercarse a la Unión Europea. A Europa le interesa mantener a Ucrania como el teatro principal donde se desarrollan las actividades, en lugar de que sea en otros sitios de Europa. A Rusia le puede interesar, por mantener su prestigio en la región o por mantener sus alianzas. Creo que es lo que está alrededor de Ucrania, lo que sí puede llegar a desencadenar una Tercera Guerra Mundial. Ucrania va a ser, posiblemente, el modelo en el cual se va a basar la forma en que se haga esa guerra.
P.- Cuando habla de la zona próxima a Ucrania, ¿está diciendo que quizá Rusia tenga la tentación de ir a por los Estados bálticos o a por Polonia?
R.- No, no creo porque no tiene la capacidad, salvo en el ámbito nuclear, de entrar ahí. Pero sí está entrando con bastante fuerza en África, por ejemplo. Sí están otros países de la región, puede ser Turquía, Irán o los países del Golfo Pérsico, que están ahora mismo actuando en otras guerras marginales que pueden dar lugar a una escalada importante de las hostilidades. Al final, la guerra de Ucrania puede ser la más importante en cuanto a número de bajas, pero no necesariamente el detonante que diera lugar a una guerra posterior. Yo creo que ni a EEUU ni a China les interesa ahora mismo un conflicto abierto. Estamos dentro de esa Tercera Guerra Mundial desde el ámbito económico o el ámbito industrial, sobre todo el ámbito de establecer los estándares tecnológicos y de generación del relato y de ese escenario, en el cual vivimos por parte de ambos.
P.- Hay quien dice que EEUU, en el fondo, ya ha cedido esa primera posición, por lo menos económica, a nivel mundial. Que la hegemonía militar sigue de su lado, del lado de EEUU, pero que todo puede ir desmoronándose en las próximas décadas, dos o tres, quizás, y que ese poder económico chino puede acabar decantando la balanza hacia también al militar. ¿Cree que es así?
R.- Creo que el poder militar es solamente uno de los relevantes en esta confrontación. China está incrementando mucho su poder militar, pero sobre todo está aumentando mucho su influencia, su poder blando, en terceros países. Hasta ahora, dábamos por sentado que los países del llamado sur global iban a alinearse con Occidente —entre otras cosas porque eran colonias de Occidente y después de todo, sus élites se habían formado en Occidente y tenían una mentalidad occidental hasta cierto punto—. Ahora mismo, hay una relación bastante contraria a Occidente en muchos de estos países y lo vemos en países tan importantes como puede ser India. También es evidente en algunos países de Oriente Próximo y del sudeste asiático. Es una reacción de las generaciones siguientes a la descolonización. Eso cambia el equilibrio de alianzas mundiales y, sobre todo, de capacidad de relaciones económicas e industriales. Y eso sí puede alterar el equilibrio entre los dos países. No veo a China, ahora mismo, alcanzando a EEUU en poder militar a corto plazo, excepto en operaciones puntuales. Lo vimos en el enfrentamiento entre India y Pakistán, un enfrentamiento aéreo entre sistemas occidentales y un sistema chino. El sistema chino fue claramente superior al occidental, también por el diseño estratégico operacional que se mantuvo en ese enfrentamiento. Pakistán tenía una configuración ofensiva e India, una defensiva. Pero el caso es que hubo de tres a cinco derribos indios y ninguno de los dos salió de su país. Los pakistaníes estuvieron siempre en Pakistán, los indios siempre en India. Pero se demostró que hay un alcance tecnológico en cuanto a algunos sistemas por parte de China. La utilización de China de elementos civiles —se hablaba estos días de flotas de miles de pesqueros estableciendo una barrera en frente de Japón en un momento dado— para hacer un bloqueo a los apoyos que se pudieran dar a Taiwán es una forma novedosa de hacer la guerra, que cambia totalmente el valor que tiene el poder militar duro tradicional.

P.- Lo que se llama la zona gris, las acciones en zona gris.
R.- Por eso a China no le interesa salirse de la zona gris porque se maneja muy bien. Pero si entramos en el confrontamiento cinético abierto, ahí todavía Estados Unidos tienen claramente una mayor fuerza. Eso afecta también muchísimo al equilibrio nuclear. Todos los tratados —el Start o el INF que se han denunciado últimamente o se han dejado caducar— tienen que ver con el ascenso de China y con el número de cabezas que está poniendo sobre la mesa. Lo que EEUU pretende es resolver el problema de los tres cuerpos: cuando tienes tres actores, establecer un equilibrio en el que la suma de dos no sea superior al tercero es imposible, con lo cual es siempre un equilibrio inestable. La llegada de China ha desestabilizado mucho. Para mí, los dos factores claves son la llegada de China como gran potencia y el cambio de mentalidad en el sur global; el ascenso de ese sur global que cambia su alineamiento con Occidente a una neutralidad, a un multialineamiento en el caso de India, o bien incluso a una hostilidad abierta con respecto a Occidente.
P.- ¿Hay alguna forma de contrarrestar ese avance chino?, ¿ve alguna posibilidad de enfrentar a estos avances tecnológicos en el mundo de la inteligencia artificial que está mostrando China?
R.- No veo ninguna no cinética.
P.- ¿Qué significa eso en román paladino?
R.- Digamos que no veo ninguna dentro de la zona gris. Habría que dar paso a una destrucción física. Hemos visto que las sanciones no funcionan, que las restricciones a la exportación lo único que hacen es fomentar el desarrollo industrial y tecnológico en la misma China. China tiene un mercado interior lo suficientemente grande como para justificar ese desarrollo en innovación y una industria lo suficientemente potente como para seguirlo. En un momento dado, China estaba fabricando el año pasado diez destructores en uno solo de sus astilleros, mientras que EEUU tarda varios años en fabricar un solo destructor. Ahora mismo, no estamos en un momento en el que a China se la pueda descontar por medios que no sean bélicos.
P.- Con lo cual, ¿los aranceles no le están haciendo ninguna pupa?
R.- Es muy interesante, porque lo que ha hecho EEUU antes de que el [Tribunal] Supremo tumbara los aranceles, fue triplicarle los aranceles a China: un 30% hacia China y un 10% de China hacia EEUU. Pero es curioso relacionarlo con que las importaciones de productos chinos en EEUU es el triple que las exportaciones. Es decir, que en realidad los aranceles quedaban equilibrados en términos absolutos entre los dos países. China no está perdiendo con los aranceles, o no está siendo disuadida con los aranceles porque está consiguiendo mantener un equilibrio.
P.- Hablando de China. Huawei puede ser un vector en Occidente de esa ley de seguridad nacional que le acusan de plegarse a los servicios de inteligencia chinos. ¿Puede ser una amenaza tener a Huawei en la Administración española, por ejemplo, o que la OTAN tenga desplegado algún tipo de dispositivo de Huawei?
R.- La amenaza creo que es no tener dispositivos europeos en Europa, en cualquier organismo, que no sean europeos. Es una amenaza para la autonomía estratégica y la soberanía de Europa, independientemente de quien sea. Evidentemente, nuestros valores están más alineados con los de Estados Unidos que con los de China. Pero las plataformas estadounidenses tienen las mismas capacidades y la relación con su Gobierno no difiere tanto de la de Huawei con China, como para que en Europa demos por sentado el hecho de que las compañías estadounidenses sean neutrales. Se siguen utilizando sistemas estadounidenses a pesar de que sabemos que estamos perdiendo parte de nuestra privacidad. Los datos son la base para la construcción del relato y, por lo tanto, estamos dejando en manos de Estados Unidos la construcción del relato occidental. Huawei es peligroso, sin duda. Pero el resto de los sistemas de cualquier otro país es igual de peligroso también, sin duda.
P.- Recientemente vimos una imagen del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con las cámaras de su teléfono móvil completamente tapadas. Israel es el principal diseñador de herramientas espía como Pegasus y ni su máximo líder parece confiar en estar a salvo de ser espiado. ¿Hay forma de lograr unas comunicaciones blindadas o habría que retomar métodos analógicos, como algunos servicios de inteligencia que han vuelto a usar la nota escrita?
R.- En 2006, en la guerra de Israel con Líbano, Hezbolá se comunicaban por teléfonos de manivela con cables colocados en prácticamente cualquier sitio, de tal manera que las comunicaciones eran muy difíciles de interferir. Eso, evidentemente no es práctico para grandes organizaciones. A nivel de equipo, sí. Pero con los buscas que explotaron en Líbano, se vio que no hay una panacea. Puedes, en un momento dado, desarrollar un sistema que te blinde respecto de Pegasus, pero aparecerá la siguiente versión de Pegasus que superará a todas tus protecciones. Ahora mismo el mercado emergente que hay es en la protección de los datos con encriptación cuántica. Hay unas pocas empresas, unas pocas startups, alguna española realmente buena. Menciono una en el libro que está trabajando en encriptación poscuántica, que es aprovechar criptografía cuántica y fotones en lugar de electrones para asegurar la integridad de las comunicaciones. En el momento en que interfieres, aplicas una energía que se distorsiona y no puedes deshabilitarla. No solo eso: el que recibe sabe que está siendo interferida. Se está trabajando ya en el siguiente paso con respecto a esto y va a tocarlo todo.

