THE OBJECTIVE
Mi yo Salvaje

Correos 2084 (IV)

«Saúl se quedó totalmente embobado con una mujer a la que casi arrolla al pasar demasiado cerca de su cabeza»

Correos 2084 (IV)

Un hombre y una mujer sentados sobre una manta en el campo. | Freepik

Decidido a pasar el menor tiempo posible siendo escrutado y estimulado por unas manos ajenas a una intención propia, Saúl decidió por esta vez concentrarse en la imagen de un campo tranquilo, tumbado sobre una manta bajo la sombra de un árbol. Desde ahí las hojas se extendían sobre él y las veía en la pantalla proyectadas desde su mente moviéndose al compás del viento como estrellas titilantes. Los destellos del sol se filtraban entre las ramas. Las manos, desconocidas e indiferentes, recorrían su cuerpo y él intentaba sentirlas como la brisa cálida que parecía acariciarle piel. Cada una de las largas pasadas le hacía pensar que desde los hombros hasta el ombligo todo estuviera unido, como una ola, en una sola corriente de sensaciones. Podía distinguir el roce de cada uno de los dedos como si fueran la punta de diez rayos de sol que le daban a la vez diez caricias de luz. Cerca, un río serpenteaba y el agua murmullaba al chocar contra las piedras. Nada de esto era un recuerdo vivido, más bien sentido en algunos de sus viajes con el dron desde el sofá de casa. Este rincón concreto lo encontró en una de sus muchas exploraciones virtuales y ahora, lo reclamaba como refugio.

En el intento de mantener el equilibrio interior, el acceso a los cuerpos virtuales se proponían desde la materialidad más absoluta, buscando hacer lo intangible completamente real. El afecto, como delator de la penuria humana, se evitaba a través de altas cotas de placeres sensoriales a los que podía accederse desde el sillón. Para ello un surtido de cuerpos vacíos, sin los pliegues que dan la historia de cada cual, se ofrecían en cada experiencia. Ahora, bajo esas manos con dedos largos y elegantes que se curvaban con gracia; bajo esa piel de un tono tan claro como un lienzo inmaculado que contrastaba con la suya, mucho más morena como la tierra tras la lluvia; bajo esa mezcla de colores que le sugería el baile de dos mundos diferentes donde le nacían unas extrañas ganas de quedarse y estar; bajo todo eso ahora, Saúl no podía acudir a las curvas dilatadas de ninguna de esas piernas virtuales que se abrían para exponer una vulva tersa que simulara penetrar. Las uñas de ella le parecieron un puñado de perlas rosicler. Sus toques le serenaban. Le dieron ganas de abrazarla. Se le humedecieron los ojos e hinchó el pecho con fuerza tratando de llenar los pulmones de todo el aire del mundo, como si de esa forma pudiera alejar las ganas de abrazar. Le apareció de nuevo ese extraño vacío y sentirlo le implicaba admitir cierta debilidad. Tocaba centrarse en lo que tocaba. Espiró y volvió a la manta bajo el árbol. 

Corridos, manoseados y destensados salían todos los habitantes de la ciudad una vez al mes de uno de estos templos del NAS. Algunos, al llegar a casa se apretaban el pecho y acallaban unas absurdas ganas de llorar; inexplicables para el algoritmo, éste se revolvía entre las paredes ofreciendo imágenes de caídas cómicas, pedos descomunales, chihuahuas bailarines o recetas de cocina que salían mal. Generalmente, las risas forzadas y el bombardeo de estímulos triviales hacían que esa presión en el pecho que se extendía entre el estómago y la garganta llegara a aliviarse. Pronto el pensamiento aquejado navegaba en la corriente de la distracción y al rato, solían levantarse del sofá sin un motivo claro para ir a la cocina y revisar la nevera por si hubiera algo para picar. Sabido por todos era que la banalidad sana la tensión interna y así, diluida entre risas no sentidas con textura crujiente de snack, la tristeza pasaba a adormecerse dejando atrás el vacío. 

Saúl, bajo los reflejos dorados y verdes de las decenas de hojas que tiemblan sobre él, decide que es momento de proyectarse hacia el fin. Parpadea dos veces y ve cómo en la pantalla y sobre la manta, junto a él, aparece este par de manos que justo ahora le manosean el pubis y los testículos. En la pantalla la mano resposa tranquila sobre su pierna. Sube la mirada y le alcanza a ver la muñeca y el antebrazo. Saúl quiere verle el rostro y proyecta cómo las clavículas se le marcan en demasía y cómo el cuello parece girado justo mirando hacia él. Sobre la manta pareciera que se conocen y yacen tranquilos tentados por la presencia del otro a iniciar en cualquier momento una acción. Quiere verla. Quiere mirar desde la camilla cómo un rostro televisado le mira desde la sombra de ese árbol y le sonríe justo antes de pegarse a sus labios para darle un obsoleto beso de amor. Hace unos días que Saúl se creyó haber tropezado con uno de los Residuos anacrónicos de la Lista de Impulsos Desactualizados IV: el Destello pasajero, «reacción emocional instantánea e irracional, vinculada a la atracción física fugaz. Se considera innecesaria para el bienestar autónomo del individuo.» Mientras daba uno de sus paseos matutinos desde la cinta de correr que tenía en el salón, Saúl se quedó totalmente embobado con una mujer a la que casi arrolla al pasar demasiado cerca de su cabeza. Irradiaba alegría. No sabe por qué, sus ojos brillaban de un modo diferente y el arco de sus cejas le decían que aún miraba el mundo con curiosidad y entusiasmo, como si le quedaran ganas de hacer más que de dejarse llevar. Ella, ágil, esquivó el golpe y le gritó fuertemente – ¡gilipollas! – con el que pudo ver cómo se le sonrojaron las mejillas y pronunciaba con esos labios cada una de las sílabas. Era justo ese rostro. Esa ella era la que ahora, justo cuando la pantalla mostraba la barbilla e iba subiendo, apareció en el proyector. De golpe, las manos que comenzaban a batir con ligereza el pene de Saúl, pararon en seco y se retiraron del cuerpo con abrumado rubor. Pasaron unos segundos y las manos no volvieron al trabajo. Un mensaje de alerta aterrizó a los ojos de ambos sobre el proyector: «El contacto físico entre el administrador y usuario ha sido interrumpido. Se detecta una desconexión en la sesión de estimulación manual. Informe requerido: se necesita revisar las causas de la detención. Se solicita proceder a restablecer el contacto para continuar con la labor asignada. Se requiere intervención inmediata para garantizar el flujo adecuado de afecto».

Continuará..

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