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Las cuatro reformas imprescindibles para modernizar un piso de los años ochenta

Las obras de las casas sirven para transformar una vivienda con décadas de historia en un hogar moderno

Las cuatro reformas imprescindibles para modernizar un piso de los años ochenta

Un piso antiguo reformado. | Canva

Los pisos construidos durante los años ochenta tienen un encanto difícil de ignorar. Suelen contar con techos altos, suelos de terrazo o cerámica, pasillos y, en muchos casos, puertas y carpintería maciza. Sin embargo, pasado el cuarto de siglo, estas viviendas también muestran sus limitaciones. Por eso, se vuelven necesarias las reformas de los pisos.

Por otra parte, la renovación de este tipo de viviendas ofrece una oportunidad para incorporar soluciones actuales que mejoran la habitabilidad, la eficiencia energética y la estética. Los diseñadores e interioristas suelen recomendar intervenciones que, además de transformar, respeten la memoria de la vivienda y potencien su valor.

Un piso reformado. Canva
Un piso reformado. Canva

Reformas para un piso de los años ochenta

A continuación, las cuatro reformas clave que en todo piso antiguo deberían relizarse:

1. Rediseñar la distribución

Una de las características más comunes de los pisos de los ochenta, son sus múltiples estancias pequeñas separadas por tabiques que fragmentan la luz y reducen la sensación de amplitud. Esta distribución puede resultar anticuada para quien hoy busca espacios diáfanos. Por ello, una reforma fundamental es reorganizar las áreas de uso común.

Y es que, eliminar muros no solo aumenta visualmente el espacio, sino que también permite una mayor entrada de luz natural al corazón de la vivienda. En los casos en que una demolición completa de tabiques no sea viable, una alternativa eficaz es sustituir puertas opacas por cerramientos de vidrio.

2. Maximizar la luz natural

En muchas viviendas de los años ochenta, las ventanas pueden ser pequeñas impidiendo que la luz fluya de forma homogénea. Una reforma orientada a potenciar la luz natural pasa por eliminar cortinas y tejidos pesados. En favor de opciones más ligeras, que permitan que la claridad atraviese las ventanas sin obstáculos.

Además, la reorganización de muebles y la utilización estratégica de espejos ayuda a redistribuir la luz por todo el interior. Incorporar superficies reflectantes y colores claros en paredes y techos también contribuye a que la luz rebote con mayor intensidad, creando espacios visualmente más amplios y acogedores.

3. Renovar los acabados

En muchas viviendas de los ochenta, los suelos de terrazo, las baldosas clásicas o la carpintería oscura pueden otorgar un aire obsoleto. Una reforma orientada a modernizar estos elementos puede incluir la sustitución de suelos por materiales más cálidos y actuales como la madera o cerámicas de gran formato.

4. Actualizar las instalaciones

En muchos pisos antiguos, la instalación eléctrica, de fontanería o de climatización puede estar desfasada respecto a las necesidades contemporáneas. Reemplazar cableado para soportar una mayor demanda tecnológica, actualizar la fontanería o instalar sistemas de climatización eficientes son inversiones que mejoran significativamente la calidad de vida en la vivienda.

Asimismo, integrar soluciones modernas como iluminación LED eficiente, dispositivos domóticos para controlar luz y temperatura, o electrodomésticos de bajo consumo no solo agrega valor funcional sino que también reduce costos operativos a largo plazo.

Reformar un piso de los años ochenta es un proceso que requiere visión, planificación y una comprensión clara de las prioridades estéticas y funcionales del hogar contemporáneo. El objetivo no debe ser borrar el pasado, sino reinterpretarlo y adaptarlo, respetando la esencia original mientras se incorporan soluciones que respondan a las necesidades del presente y del futuro.

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