Terremoto Bad Bunny: sus 10 looks más 'locos' hasta la Super Bowl 2026
Su estilo fusiona influencias diversas, mostrando su personalidad a través de la alta costura, el vintage y la cultura urbana

Bad Bunny | Gtres
En plena cuenta regresiva para el Super Bowl LX 2026, el fenómeno global Bad Bunny no solo acapara titulares por su histórico papel como cabeza del show de medio tiempo, también por la forma en que ha convertido su guardarropa en una narrativa cultural. Benito Antonio Martínez Ocasio ha pasado de ser el «Conejo Malo» del reguetón a paradigma de una moda sin filtros, donde cada outfit cuenta tanto como sus discos y sus discursos sobre identidad y raíces latinas. Tras alfombras rojas memorables, desde el esmoquin corset de Schiaparelli en los Grammy 2026 hasta conjuntos sartoriales con sneakers propios diseñados por él, su estilo ha sido puntal de conversación tanto en pasarelas como en redes sociales, anticipando con expectación lo que presentará sobre el césped de Levi’s Stadium este 8 de febrero. La moda de Bad Bunny ya no es solo extravagancia, es política, es lenguaje y, para muchos, una forma de reescribir las reglas del estilo masculino contemporáneo.
Looks que han convertido a Bad Bunny en un icono de estilo global
Bad Bunny ha construido su estilo como quien escribe un manifiesto visual, sin pedir permiso y sin repetir fórmulas. Desde sus primeras apariciones públicas, el artista puertorriqueño dejó claro que la moda iba a ser una extensión de su discurso creativo, un territorio tan importante como la música. Lo suyo no es vestirse para agradar, sino para provocar conversación, incomodar clichés y ensanchar los límites de lo que tradicionalmente se espera de una estrella masculina del mainstream.



Su estética se mueve entre el exceso y la intención. Ha abrazado la sastrería clásica para después retorcerla, trajes oversize combinados con gafas futuristas, abrigos de pelo, colores imposibles y siluetas que juegan con el género sin necesidad de explicaciones. En alfombras rojas ha apostado por firmas de alta costura como Schiaparelli, Jacquemus o Burberry, demostrando que entiende el valor simbólico de cada elección, pero también ha sabido mezclar lujo con piezas de streetwear, joyería maximalista y guiños constantes a la cultura caribeña.


Uno de los rasgos más reconocibles de su estilo es la ausencia de miedo. Bad Bunny usa faldas, tops ajustados, uñas pintadas y accesorios tradicionalmente asociados al armario femenino con total naturalidad. No como provocación vacía, sino como afirmación identitaria. En ese gesto ha conectado con una generación que entiende la moda como herramienta de expresión y no como norma impuesta. Cada look suyo parece decir algo, sobre masculinidad, sobre libertad, sobre pertenencia cultural.



También hay en su vestuario una lectura política y emocional. Los colores vibrantes remiten a Puerto Rico, a la calle, a la fiesta y al duelo. Las gafas de sol se convierten casi en una armadura y los sombreros, pañuelos y botas robustas refuerzan una imagen de estrella contemporánea que no renuncia a sus raíces. Incluso cuando apuesta por estilismos más sobrios, siempre hay un detalle disruptivo que rompe la armonía esperada.


Hoy, Bad Bunny no sigue tendencias, las crea y juega con ellas. Su estilo es híbrido, cambiante y profundamente personal. Un collage donde conviven la alta moda, el archivo vintage y la cultura urbana. Más que un icono fashion al uso, es un creador de imágenes poderosas que entiende que vestirse también es narrar. Y en esa narrativa, cada look cuenta una historia que va mucho más allá del espejo.
