The Objective
El purgatorio

Álvaro Nieto: «El medio más señalado por el Gobierno ha sido TO y eso es un orgullo»

El director de THE OBJECTIVE es el primer invitado de la nueva etapa de ‘El purgatorio’ con Mateo Luqué

Arrancamos este 2026 en El purgatorio con una entrevista diferente: sentar frente al micrófono a Álvaro Nieto, director de THE OBJECTIVE. Dejamos a un lado la dinámica diaria de la redacción para hablar de lo que muchas veces no se ve: el trabajo sordo y constante que hay detrás de las noticias.

En esta conversación, Nieto desgrana su visión de un periodismo que no entiende de horarios, defendiendo la dedicación de 24 horas frente al «activismo» político que a menudo contamina el oficio. Repasamos la trayectoria reciente del periódico, marcada por exclusivas que han definido la agenda nacional y analizamos el coste real de la independencia: desde el señalamiento público en sede parlamentaria hasta episodios tan tensos como el robo sufrido recientemente en la sede de THE OBJECTIVE.

Más allá de los titulares, esta charla busca entender al periodista detrás del cargo. Hablamos de vocación, de la exigencia de llegar el primero y de la responsabilidad de dirigir un medio en tiempos de polarización. Una entrevista honesta sobre el reto diario de buscar la verdad.

PREGUNTA.- Álvaro Nieto es director de THE OBJECTIVE, periodista desde hace 28 años, también profesor de universidad, analista… Pero hoy queremos conocer también a ese Álvaro que queda cuando sale del periódico. Así que la primera va directa: cuando se apaga todo, ¿quién es Álvaro Nieto?

RESPUESTA.- Pues mira, lamento a lo mejor decepcionarte porque, cuando se apaga todo, Álvaro sigue siendo periodista. Porque yo considero que ser periodista implica las 24 horas del día. Es un sacerdocio, como dicen algunos. No concibo el periodismo sin ejercerlo durante todos los minutos del año. Y, por tanto, aunque tengo otras facetas, por ejemplo la de padre, y tengo otras cosas que me gustan, la mayor parte del tiempo me considero periodista y actúo como periodista.

P.- ¿Por qué fue el periodismo?

R.- Bueno, porque yo desde muy pequeñito me sentí periodista. Soy el típico periodista vocacional. No recuerdo ninguna otra profesión que yo quisiera ejercer. Recuerdo que en la Guerra del Golfo del año 1990 yo miraba la televisión, veía cómo entraban las tropas americanas para liberar Kuwait y que yo quería estar allí para contarlo. Siempre quise ser periodista, y eso que mi familia nunca tuvo nada que ver con el periodismo.

P.- Luego te diste cuenta de que la realidad era distinta a verlo por la tele…

R.- Pues mira, yo creo —y en esto coincido con otros muchos que han teorizado al respecto— que el periodismo es probablemente la mejor profesión del mundo. Y lo es porque cada día es diferente. Tú te levantas por la mañana, sales de tu casa y no sabes a lo que te vas a enfrentar. No sabes ni a qué hora vas a poder regresar a tu casa, ni qué vas a tener que hacer a lo largo del día. Y a mí eso me parece apasionante. Yo me pongo en el pellejo de todos esos trabajadores que todos los días tienen que hacer lo mismo y la verdad es que a mí me parece aburridísimo. Y yo, gracias al periodismo, he tenido una vida muy variada, muy diversa y, además, me ha permitido viajar a sitios a los que jamás habría viajado sin ser periodista, conocer a gente que jamás habría conocido sin ser periodista.

P.- Te quiero enseñar una cosa que tengo yo por aquí de tus primeros pasos en el periodismo, por hacer un poquito de memoria. Yo he hecho mi trabajo de campo…

R.- Ostras, ostras…

«Considero que ser periodista implica las 24 horas del día. Es un sacerdocio»

P.- Es una foto tuya del año 98. Me gustaría que me contaras un poquito acerca de la situación, si te acuerdas de esos momentos.

R.- Perfectamente. Corresponde a una especie de ponencia que tuve que impartir. Yo era alumno de Periodismo en la Complutense. Y Andersen Consulting organizó en una de las torres que hay enfrente del Bernabéu, en la zona de AZCA, un acto con estudiantes de varias carreras para que les contaran a otros chicos más jóvenes cómo era estudiar cada cosa, con el objetivo de ayudarles a decidirse por una carrera.

P.- 21 años tenías.

R.- Sí. Yo me vine a estudiar a la Complutense porque tenía claro desde el principio que tenía que estudiar en Madrid para ejercer esta profesión. Total, que conseguí al final matricularme aquí, cosa que no era fácil en aquel momento, porque hay que recordar que entonces estabas obligado a estudiar en tu comunidad autónoma. Es decir, si tú querías ser periodista y estabas, como yo estaba en aquel momento, en un pueblo de Jaén —Alcalá la Real—, pues tenías que desplazarte obligatoriamente a Málaga o a Sevilla. Solo había una excepción, que te matricularas de COU en Madrid un año antes, y eso fue lo que yo hice para poder estudiar en la Complutense.

P.- Terminas de estudiar la carrera universitaria y das tus primeros pasos ya como periodista en redacciones.

R.- En mi trayectoria fue clave hacer prácticas durante la carrera, porque en Periodismo es fundamental insertarse en un medio de comunicación mientras uno estudia. Entonces, lo que yo hice fue enviar mi currículum a todos los medios de comunicación que yo conocía…

Álvaro Nieto. | Víctor Ubiña

P.- ¿No hubo mentiras en el currículum?

R.- No, no hubo mentiras y, además, estaba construido de una manera muy original. De hecho, solo hubo un medio que me citó para hacer una entrevista y me confesaron que fue porque les gustó mucho el currículum: La Gaceta de los Negocios. Era un periódico económico. Llegué allí y el director adjunto, que se llama Hernando Calleja —que hoy ya está retirado—, me dijo: «Oye, mira, que sepas que te hemos llamado porque hemos visto tu currículum y es lo más original que hemos visto nunca». Y es que yo había maquetado, digamos, mi currículum como si fuera la portada de una revista. Y eso le llamó mucho la atención, porque hay que recordar que en aquel momento los ordenadores eran muy incipientes, o sea, no teníamos acceso a hacer nada de lo que hoy se puede hacer con un ordenador. Y gracias a esa entrevista me dieron trabajo como becario. Estuve en La Gaceta de los Negocios primero en Madrid; luego me enviaron a Bruselas de corresponsal porque, en un momento dado, se quedó vacía la corresponsalía y preguntaron en la redacción: «¿Hay algún voluntario para ir a Bruselas?». Y nadie levantó la mano. Y entonces, al final, pues yo me ofrecí. Yo nunca había salido de España, jamás había cogido un avión…

«El periodista no está para arreglar el mundo. Si tú quieres arreglar el mundo o te metes en una ONG o te metes a político»

P.- Y te pilló la salida del euro en ese momento en el que estabas en Bruselas.

R.- Sí, bueno, yo llegué a Bruselas en el año 1999, con una mano delante y otra detrás, sin conocer a nadie, sin prácticamente saber francés, porque yo lo que había estudiado toda la vida era inglés. Y allí me abrí paso y logré terminar la carrera, gracias también a que conseguí una beca Erasmus —agárrate— para estudiar en flamenco. Era lo único que había disponible en Bruselas en aquel momento: una beca en la Vrije Universiteit, que es la versión flamenca de la Universidad Libre de Bruselas. Y allí me tuve que matricular y sacar las asignaturas como pude, entregando trabajos en inglés.

P.- ¿Y eso no te desmotivó en ningún momento? ¿El hecho de estar allí, en un idioma totalmente diferente, flamenco encima, al principio? Es un bajón.

R.- No, no. Yo es que, la verdad, nunca he tenido miedo a nada y a mí me parecía apasionante tener la oportunidad de desembarcar en Bruselas, de conocer Europa, de conocer la Unión Europea, ver cómo funcionaban las instituciones comunitarias, de las que yo desconocía absolutamente todo. Y, claro, fue una etapa maravillosa de mi vida. Estuve allí siete años: primero compatibilizando los estudios con el trabajo y luego ya como corresponsal del periódico, que luego me trajo a España de regreso como redactor jefe. Estuve aquí dirigiendo un equipo de periodistas sensacionales, que hoy muchos de ellos son grandísimos periodistas de periódicos muy importantes, y yo tuve la suerte de dirigirlos cuando regresé en 2006. Y de ahí pasé a ser subdirector de la revista Tiempo, del Grupo Z, donde estuve otros diez años. Fue otra experiencia maravillosa que me dio otra visión, digamos, del periodismo, más reposada, más pausada. Ahí tuve la oportunidad también de trabajar con grandísimos periodistas y con grandísimos columnistas. Porque mucha gente, por ejemplo, me dice hoy día: «Oye, ¿pero tú de qué conoces a Fernando Savater?». Bueno, pues, coño, es que yo era el subdirector de la revista cuando Savater escribía allí, y lo mismo podría decir de Alfonso Guerra, por ejemplo. Y cuando cerró la revista, porque después de diez años lamentablemente la empresa decidió cerrar, fue cuando me llama Antonio Caño para ser redactor jefe de El País.

P.- En el momento actual de crispación tan agravada que hay en el sentido político y en el sentido periodístico, cuando hablamos de política, los medios de comunicación… Me resulta interesante hablar acerca de eso que se ha perdido.

R.- Mira, yo entiendo el periodismo —y así se lo explico también en la Complutense a mis alumnos— como una labor que da igual en el medio en el que la ejerzas. Es decir, tú tienes que atenerte a los hechos y contar hechos. La información debe ser la misma tanto si la publica El País como si la publica el ABC. La diferencia entre ambos debería estribar solo en dos cuestiones: la selección de temas que hace cada periódico y el enfoque editorial. Entonces, como yo he sido periodista toda la vida de los de ir a los sitios, de los de buscar noticias, no he tenido ningún problema nunca en trabajar en medios de una línea más bien de centro-derecha o de centro-izquierda. Porque en todos los medios en los que yo he trabajado se me ha respetado mi labor profesional como periodista. Y luego, por supuesto, en cada periódico se ha editorializado de una manera. Pero yo en ningún momento me he sentido mal trabajando en unos u otros medios. Ahora lo que pasa es que los medios se han atrincherado cada uno en un bando; y los periodistas también. Se creen que están trabajando en una especie de ejército, y esto yo creo que al final ha contaminado la profesión. Porque debería ser capaz un periodista de derechas de trabajar en un medio de línea ideológica de centro-izquierda, no pasa nada, y al revés. Porque a ti, si te dedicas a la información, lo que opine tu periódico en el editorial te tiene que dar igual.

«Mi hermano murió recientemente sentado delante del ordenador. Eso me ha hecho ser consciente de que tenemos que disfrutar más»

P.- Yo sí es verdad que lo noto. Hay una cierta guerra civil, en el sentido —lógicamente no física—, pero sí en un sentido ideológico, y en el periodismo muchísimo. Yo que estudio periodismo lo noto bastante. Si tienes que dar un consejo a tus alumnos, a los chavales a los que das clase, que son chicos de mi edad, ¿cuál sería?

R.- El consejo fundamental que les doy siempre es que dejen el activismo aparcado en la puerta. Es decir, que su ideología, sus creencias y sus opiniones las dejen aparcadas, las dejen fuera de la redacción. Incluso en su propia casa: que las abandonen allí cuando vayan a trabajar. El activismo está deteriorando enormemente la profesión, porque hay periodistas que piensan que están para arreglar el mundo. Es decir, hay periodistas que piensan que su función en el mundo es lograr la paz, salvar a las ballenas, que no maten mujeres, que todos seamos cívicos, que no sé qué… No, no, no. El periodista no está para arreglar el mundo. Si tú quieres arreglar el mundo, mejor te metes en una ONG o te metes a político. El periodista está para contar cómo es el mundo. Nos guste o no nos guste ese mundo. El periodista está para contar hechos, no para intentar cambiar la opinión de la gente o para intentar llevar a la gente hacia un terreno o hacia el otro. Entonces, ¿qué ocurre ahora mismo? Pues que hay periodistas que se creen…

P.- Activistas.

R.- Y eso lo contamina todo. La gente más joven está excesivamente politizada y contaminada por todas estas tonterías que no deberían afectarte a la hora de escribir una crónica o un artículo sobre algo que ha pasado.

P.- ¿Y qué virtud tenemos?

R.- Virtudes muchas. Los jóvenes de ahora no son peores que los de antes. Los jóvenes de ahora tienen la suerte de que conocen mucho más, saben mucho más, han viajado mucho más, saben idiomas mucho mejor, están mejor formados y preparados que probablemente mi generación y que, por supuesto, las generaciones anteriores. Lo que pasa es que yo les pediría que tuvieran un poquito más de pasión y de ganas de trabajar. Porque muchas veces me encuentro en las nuevas generaciones que efectivamente sí son ya de una mentalidad de: «Oye, no, yo soy periodista de 8 a 3; a las 3, ya cuando salgo del periódico, me dedico a otras cosas».

Álvaro Nieto. | Víctor Ubiña

P.- Se cierra y me voy.

R.- Eso es un poco triste que pase porque, en realidad, un periodista, si Estados Unidos ataca Venezuela, aunque sea sábado y sean las 8 de la mañana, tiene que saber que le toca trabajar ese día, aunque tenga planificado jugar con los amigos un partido de fútbol.

P.- ¿Quién tiene el problema de esta separación entre bandos ideológicos, el periodista, la empresa?.

R.- No, yo creo que el problema lo tiene toda la sociedad en su conjunto. Porque, en realidad, lo que estamos viviendo son unos momentos de excesiva polarización. Es decir, nos hemos extremado tanto que somos incapaces de asumir que hay gente que puede opinar diferente a nosotros y que tiene todo el derecho a vivir. Cuando yo era joven, en España había medios de comunicación de derechas y de izquierdas, periódicos muy diferentes, pero nadie proponía cerrar un periódico porque opinase diferente. Hoy día me encuentro con que en España hay políticos que defienden abiertamente en redes sociales que periódicos como THE OBJECTIVE hay que cerrarlos. ¿Por qué? Porque no les gustan. La democracia consiste fundamentalmente en que podamos convivir unos y otros respetándonos y sin necesidad de que tengamos que aniquilar a una parte porque no nos gusta lo que piensa. Este tipo de cancelaciones es algo en lo que estamos hoy y antes no pasaba, y creo que eso es lo que tiene que cambiar. No es un problema de los jóvenes, no es un problema de las empresas; es un problema de la sociedad en su conjunto, que tiene que ser capaz de sosegarse y de aceptar al otro aunque piense diferente. Y que, por pensar diferente, nadie es un fascista peligroso ni un zurdo asqueroso. Tenemos que ser capaces, Mateo, de volver a hablar en las cenas de Navidad de política sin que se rompan amistades, sin que se insulte la gente. Tenemos que ser capaces de volver a tomar unas cervezas con los amigos y que se pueda hablar de Pedro Sánchez con normalidad.

P.- Hay que comentar, aunque sea un poco por encima, tu paso por Vozpópuli cuando fuiste director, dando exclusivas como la del Delcygate o Plus Ultra, con este libro Conexión Caracas-Moncloa, publicado en 2022. Vamos a hablar del tema de Maduro: está la cosa calentita.

R.- A ver, yo dirigí Vozpópuli efectivamente entre enero del 19 y abril del 21 y ahí tuve una enorme suerte porque logré formar un equipo extraordinario. Muchos de ellos están aquí también en THE OBJECTIVE y, bueno, tuvimos la fortuna de hacer buen periodismo y de desvelar, la mayor parte del tiempo durante la pandemia, escándalos que nadie investigaba en aquel momento. Entonces, en enero del 20 desvelamos el Delcygate, esa visita de Delcy Rodríguez —ahora tan famosa— al aeropuerto de Barajas.

«La prensa no está para poner ni quitar presidentes. A mí lo único que me corresponde es contar lo que hace Sánchez»

P.- ¿Qué llevaba en las maletas Delcy?

R.- No sabemos lo que llevaba y no sé si algún día lo sabremos, pero el caso es que las maletas entraron en España y no pasaron ningún control de seguridad. Luego desvelamos el caso de las mascarillas en abril del 20, el caso que ha llevado a la cárcel al ministro Ábalos y a Koldo García. Desvelamos, al año siguiente, el rescate de Plus Ultra y sus conexiones con Venezuela. Desvelamos historias extraordinarias, pero nadie nos hizo ni puñetero caso. Y eso fue lo que a mí me llevó a escribir este libro en el verano del 21, porque yo quería dejar constancia de lo que habíamos descubierto, porque tenía la sensación de que no se nos había reconocido el extraordinario mérito que habíamos tenido. Y el libro sale en enero del 22, con tal fortuna que, al mes siguiente de publicar el libro, el Partido Popular lleva la parte de las mascarillas a la Fiscalía Anticorrupción, la Fiscalía se pone a investigar y dos años después, en 2024, detienen a Aldama, Koldo y todos estos. Es decir, que al final los hechos nos han acabado dando ese mérito que se nos negó en su momento y los periodistas tan valientes que sacaron todos estos escándalos han podido ponerse la medalla. Y yo tuve la habilidad, probablemente, de conectar todos esos escándalos en un libro que lleva un título que, para entonces, sonaba raro, que era Conexión Caracas-Moncloa, pero de la que hoy todo el mundo habla.

P.- Ya no suena tan rara esa conexión.

R.- Claro. La gente hoy habla de Zapatero y Venezuela… todo eso está en el libro. La gente habla de José Bono, y no sabe que en este libro hay un capítulo en donde explico cómo se lo llevaba. Y lo que pasa es que, como en España nadie lee, pues al final esto se publicó en enero del 22 y, en realidad, se ha vendido más a posteriori, al destaparse el caso Koldo. Pero, bueno, yo estoy muy orgulloso de este libro porque realmente está de plena actualidad todo lo que aquí se cuenta.

P.- Hablando del periodismo de investigación, ¿se castiga más en España al que investiga o al que comete el abuso?

R.- Bueno, lo que sí que es cierto es que a los periodistas que nos dedicamos a investigar y a destapar información que no se conoce se nos trata muy injustamente. En este periódico lo hemos visto durante todos estos años: se nos ha apaleado, se nos ha machacado, se nos ha denigrado desde la política y desde una parte del periodismo en donde se vive muy cómodo denigrando a los periodistas que investigamos. Y luego, cuando los casos se acaban judicializando, todo el mundo dice: «No, no, si ya… aquí ya lo sabíamos, si todo el mundo lo sabía». Ah, amigo: todo el mundo lo sabía, pero tú no tuviste las narices ni de investigarlo ni de publicarlo. Y el mérito es de esos periodistas que, contra toda la corriente, se dedican a decir «Ábalos es un corrupto» y lo dicen antes que nadie.

P.- ¿Y cómo se siente uno cuando un presidente del Gobierno, en una comisión de investigación, nombra tu periódico y lo tacha como la Biblia?

R.- Pues es que yo estoy muy orgulloso de eso, porque realmente Pedro Sánchez, cuando en esa comisión de investigación del Senado habla de THE OBJECTIVE y no habla de ningún otro medio de comunicación, lo que está haciendo es colocar a THE OBJECTIVE como el enemigo público número uno de su Gobierno. Y eso, para un periodista y para un director de periódico, no puede ser más que un motivo de orgullo.

«Aquí no nos guardamos escándalos en el cajón. Eso lo hacen otros, que se dedican a chantajear y a conseguir dinero extorsionando con informaciones que luego no publican»

P.- Y para tu equipo de investigación, claro.

R.- Claro que sí. Es decir, en otra época otros gobiernos han señalado a otros medios, pero en esta época, en la de Pedro Sánchez, el medio más señalado desde el Gobierno siempre ha sido THE OBJECTIVE, y eso no puede ser más que un motivo para estar orgullosos de nuestro trabajo. Porque también hay que tener en cuenta que el periodismo consiste en fiscalizar al poder, en hacer de contrapeso del poder. Y nosotros hemos hecho escrupulosamente nuestra tarea. Los demás tendrán que preguntarse por qué no la han hecho o solo la han empezado a hacer cuando ha llegado la UCO a detener a la gente.

P.- ¿Hay algún reto que te quite el sueño como director?

R.- Lo que me quita el sueño es poder seguir estando todos los días a la altura. A la altura de lo que nos piden los lectores. Lo que quiero es que este periódico sea cada vez más leído, cada vez más influyente, cada vez más relevante. Nosotros nos hemos abierto paso muy poquito a poco porque aquí no tenemos una gran infraestructura, no tenemos una gran plantilla; tenemos gente muy profesional, pero recursos limitados. Y, al final, nuestro trabajo es conocido poco a poco, quizás por el boca a oreja, por las redes sociales, y lo único que me quita el sueño es que podamos ser capaces de que nos conozcan todos los españoles y de que sepan el trabajo que aquí se está haciendo, que creo que es enormemente meritorio. No solo porque se publican informaciones muy incómodas —por cierto, que afectan a todos los partidos políticos—, sino porque además tenemos una plantilla de columnistas extraordinaria, probablemente la mejor de la prensa española, y muy plural. Que esto es otra cosa que hoy día en los medios de comunicación no se acepta con facilidad. Es decir, todo el mundo quiere que todo el que trabaja en un medio opine de la misma manera. Eso no es un medio de comunicación, eso es una secta. Un medio de comunicación tiene que ser una casa amplia, heterogénea, en donde convivan diferentes sensibilidades. Entonces, tenemos que ser capaces de convivir con el de la columna de al lado y que el de la columna de al lado opine diferente a nosotros. No pasa nada. Esa es la libertad y eso es el periodismo. Y, por cierto, a los lectores hay que recordarles que los medios no pueden ser la Biblia. Los medios no están para que un lector, por la mañana, cuando los lea, se ratifique en sus creencias y en sus pensamientos. Un medio de comunicación está para ayudar al lector a abrir su mente, a enterarse de lo que está pasando, a desafiar incluso sus creencias y opiniones. Es decir, un medio de comunicación tiene que ser una herramienta útil para la sociedad y, dentro de esa utilidad, está la de ofrecer diferentes opiniones que permitan ampliar los horizontes y las miras de los que lo están leyendo.

Álvaro Nieto. | Víctor Ubiña

P.- Hay un tema muy interesante que también ha ocurrido este año dentro de THE OBJECTIVE, que ha sido el robo hace apenas unos meses. Entraron aquí, se llevaron tu ordenador, tus llaves de casa, y se dieron a la fuga. ¿Hay alguna teoría conspiranoica detrás de todo esto?

R.- Bueno, todo el mundo tiene sus teorías. Yo realmente tengo que decirte que no sé muy bien qué pasó o qué sucedió. La policía ha hecho un trabajo excepcional, la policía de Coslada, a la que vuelvo a felicitar desde aquí, porque se pusieron a trabajar en cuanto les indicamos dónde estaba, digamos, el ladrón. Ya podemos aclarar, Mateo, porque ya está resuelto todo el caso prácticamente, que fue fácil detener al autor del robo porque los dispositivos electrónicos estaban, digamos, rastreados con un GPS.

P.- Conectados, claro.

R.- Entonces, desde el minuto uno yo sabía dónde estaba mi ordenador y vi cómo evolucionaba la trayectoria. Por eso fue muy fácil, en apenas tres horas, y con la colaboración de la policía, atrapar al ladrón. Luego detuvieron a otra persona más, o sea que al final detuvieron a dos personas de nacionalidad rumana. La policía nos dice —aunque el caso todavía está en los tribunales— que no tiene pinta de ninguna cosa rara.

P.- Pero podrías llegar a pensarlo en su momento, cuando ocurrió.

R.- Hay mucha gente que lo piensa porque es verdad que llegaron aquí, a THE OBJECTIVE —bueno, al portal—, y preguntaron: «¿Dónde está THE OBJECTIVE?». Y entonces fueron directamente a THE OBJECTIVE y, en vez de robar cualquier otro ordenador que estaba más a mano, fueron al despacho del director a cogerle el suyo. Yo, de todas maneras, no le doy mayor importancia. Además, nuestro trabajo, básicamente, lo publicamos al día siguiente, no nos guardamos grandes escándalos en el cajón. Eso lo hacen otros, que se dedican a chantajear y a conseguir dinero extorsionando con informaciones que, a cambio de dinero, son capaces de guardar en el cajón. En este periódico no se chantajea a nadie, no se extorsiona a nadie y, por supuesto, si una información está contrastada, se publica siempre, moleste a quien moleste.

P.- Hay decisiones que sabes que no te harán más feliz, pero sí más responsable. ¿Las tomas?

R.- Pues sí, probablemente. Hay decisiones que, como director de periódico, tienes que tomar y que no te gustan, pero que sabes que son las correctas. Por ejemplo, despedir a alguien. Yo he tenido que despedir a muchas personas en mi carrera profesional y siempre es muy doloroso. Entre otras cosas, porque yo también he sido despedido de El País cuando ganó Pedro Sánchez la moción de censura.

P.- ¿Qué ha tenido que desaprender Álvaro Nieto con el paso del tiempo?

R.- Uf, esta es dificilísima. No sabría qué contestarte.

P.- Has venido a El purgatorio, es lo que toca. Vienes a abrirte en canal.

R.- No sé qué he tenido que desaprender, pero bueno, he tenido que renunciar a muchas cosas que me gustaban; eso sí que es cierto. Hay cosas que he tenido que dejar de hacer y eso es triste, sí. Espero recuperarlas algún día.

P.- ¿Como el running?

R.- Como correr, efectivamente: me has leído la mente. Yo soy una persona a la que le gusta muchísimo correr. He corrido maratones, he corrido muchísimas medias maratones y ahora, lamentablemente, no tengo el tiempo suficiente para entrenar. Me gusta mucho el teatro y, lamentablemente, no puedo ir al teatro todo lo que me gustaría. Leer también me gusta y ahora ya prácticamente solo leo cosas que tienen que ver con el trabajo. En fin, me gustaría algún día recuperar mi vida, pero cuando uno dirige un periódico es consciente de que tiene que estar las 24 horas del día enchufado.

P.- ¿Qué verdad incómoda debería escuchar hoy alguien que sueña con ser periodista?

R.- Pues que, lamentablemente, va a tener que trabajar mucho más de lo que piensa. Para ser un buen periodista hay que trabajar muchísimo. Yo me acuerdo siempre de una frase de José María García, que era uno de los periodistas a los que yo escuchaba de pequeño. Y José María García, cuando le preguntaban cuál era el secreto de su éxito, siempre decía: «No, si yo soy un tarugo, si yo no tengo más habilidad ni más inteligencia que los demás. Yo lo único que hago es llegar antes que nadie a trabajar e irme el último». Y yo me aplico eso mismo. Yo no soy más listo ni más inteligente que los demás; yo lo único que hago es trabajar muchísimo. Y creo que el secreto del éxito, muchas veces, es trabajar. Por eso los chavales jóvenes lo que tienen que saber es que esta profesión requiere muchas horas de trabajo.

P.- Y si mañana THE OBJECTIVE dejase de existir, ¿qué te gustaría que se hubiera dicho de él?

R.- Pues que fue un periódico que ayudó a dar a conocer cuestiones delicadas, escándalos truculentos que, sin la existencia de THE OBJECTIVE, jamás se hubieran conocido.

P.- ¿Estamos informados o simplemente saturados?

R.- Creo que estamos mejor informados que nunca. Yo no comparto ese pesimismo que hay respecto a la vida que nos ha tocado vivir o a las redes sociales. Yo creo que, por ejemplo, en España ahora mismo se está viviendo una etapa dorada del periodismo, porque hay una pluralidad como nunca de medios de comunicación y un montón de periodistas valientes haciendo su trabajo. Es verdad que luego hay también un montón de periodistas adulando al poder y lamiéndole las botas, pero nunca habíamos tenido tanta cantidad de periodistas y de medios intentando hacer un buen trabajo. Por supuesto, con sus errores, pero yo creo que hoy día la gente está muchísimo mejor informada que antes. ¿Que eso también nos lleva a un grado de saturación? Probablemente. ¿Y que hay que saber discriminar unas cosas de otras? También. Pero yo creo que no debemos lamentarnos de la vida que nos ha tocado.

P.- Sabemos que el poder pesa, ¿pero qué pesa más: equivocarte escribiendo o equivocarte dirigiendo?

R.- Bueno, antiguamente pesaba mucho equivocarte escribiendo, porque no lo podías corregir, porque tú en la letra impresa no podías actuar. Lo que estaba escrito salía publicado y no había manera de darle la vuelta. Hoy día, en el periodismo digital, siempre puedes entrar, cambiar una palabra, cambiar una cifra y luego avisar al lector y decirle: «Oye, mira, he tenido un error, he cambiado esto». Por tanto, creo que ahora mismo lo más duro es equivocarse dirigiendo.

P.- Vamos a la parte más personal de Álvaro Nieto. Me dicen que no paras de trabajar. O sea, que tú cuando te vas de aquí lo único que haces es trabajar. ¿Qué papel juega tu familia en la vida?

R.- Juega un papel más importante del que podría parecer a la gente que escuche esto. Porque a mí me ayuda mi familia a tener los pies en la tierra. Porque, como he dicho antes, nadie en mi familia tiene ninguna relación con el periodismo y nadie en mi familia tiene ninguna relación con la política. Entonces, a mí eso me ayuda mucho a ver cómo es el mundo real. Esos minutos que yo paso con mi familia me ayudan a conectar con la realidad. Los periodistas tenemos que intentar conectar siempre con la calle para no perder el hilo de lo que pasa.

P.- Y hablando de la calle, ¿un lugar al que siempre te gustaría volver?

R.- Pues… a mí hay una cosa que me gusta especialmente, que es Bruselas.

P.- ¿Ese recuerdo, no?

R.- Es una ciudad que tiene muy mala fama, porque tiene muy mal clima: es verdad, llueve mucho, tiene el cielo encapotado la mayor parte del tiempo, pero es una ciudad en la que yo he sido muy feliz. Es una ciudad extraordinaria. Es una ciudad muy manejable, de un tamaño realmente manejable: puedes ir andando a casi todos los sitios si, más o menos, vives en el centro. Y es un sitio en donde se come muy bien, con una oferta cultural también muy importante… Y a mí es un sitio al que me gusta siempre volver. Me parece una de las ciudades más injustamente tratadas.

P.- ¿Y cuando tienes ese pequeño tiempo libre, tiene que haber algo que te relaje, que te desconecte de absolutamente todo?

R.- Bueno, leer me gusta. Me relaja mucho correr. Y, bueno, me gustaría también ir más al teatro, que es una actividad que me gusta especialmente. Cuando era estudiante, hacía teatro: era actor amateur y creo que no se me daba del todo mal.

P.- ¿Algún propósito para este año 2026?

R.- Bueno, pues probablemente trabajar un poco menos y estar con mi familia un poco más. Mira, hay una cosa que a mí me ha marcado mucho en el año 2025, porque no me había ocurrido antes, y es que perdí a un hermano. Y esa muerte me ha hecho ser consciente de que la vida son dos días. De que tú estás aquí trabajando sin parar, pero te puedes morir mañana. Mi hermano murió de forma repentina, sentado delante del ordenador. Entonces, evidentemente, eso me ha hecho ser consciente de que tenemos que disfrutar más; de que probablemente hay que cenar más con los amigos; de que probablemente hay que beberse más botellas de vino… porque no sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí.

P.- Dime: una persona que mandarías al cielo, otra a la que sentarías aquí, en este purgatorio, y una a la que mandarías al infierno.

R.- A ver, al cielo mandaría a mi hermana, porque es la persona más importante probablemente en mi vida. Y ahora no tenemos ya tiempo para entrar en detalles, pero ella es una persona clave en mi vida porque mi padre murió al nacer yo y mi madre arrastró, como consecuencia de ello, muchos problemas durante toda su vida y también la perdí relativamente pronto. Y mi hermana ha sido clave en todo lo que yo soy como persona, y se merece el cielo y todo lo mejor. Y el infierno… pues no sé quién se lo merece…

P.- ¿Quién se lo ha ganado este año?

R.- Hombre, el infierno yo creo que se lo merece fundamentalmente Pedro Sánchez. Pero no porque merezca, en fin, nada extraordinariamente malo; no le deseo nada especialmente malo, pero sí creo que ha pervertido la democracia. No está gobernando con la responsabilidad que merece el cargo de presidente del Gobierno. No se puede gobernar a espaldas del Parlamento, no se puede gobernar criticando sistemáticamente al poder judicial, denigrando a la prensa incómoda. Es decir, está teniendo unos comportamientos completamente intolerables, y eso merecería que, más pronto que tarde, deje de ser presidente. No le deseo ni que lo encarcelen, ni que lo maten, ni que le pase nada malo. Pero sí creo que Pedro Sánchez ha demostrado sobradamente que es el peor presidente que hemos tenido en democracia y, cuanto antes deje de serlo, mejor para todos. Pero también tengo que decir algo, Mateo: quienes tienen que echar a Sánchez del Gobierno solo pueden ser o los votantes, cuando lleguen las elecciones, o los diputados mediante una moción de censura. Es decir, la prensa no está para poner ni quitar presidentes. A mí la gente, cuando me para por la calle, muchas veces me dice: «¿Pero cuándo vamos a echar a Sánchez?». Y yo les digo: «Mire usted, a mí no me corresponde eso. Eso le corresponde a los ciudadanos y a los diputados que lo eligieron. A mí lo único que me corresponde es contar lo que hace Sánchez».

P.- Si tuvieras que enviar a alguien al purgatorio.

R.- Bueno, yo creo que hay que pasar por El purgatorio a Ábalos…

P.- Sería una buena entrevista, una entrevista a Ábalos…

R.- Yo creo que Ábalos sería un magnífico entrevistado porque Ábalos es un personaje, es un gran actor.

P.- Habría que hacer un vis a vis, el único problema, pero bueno…

R.- Sí. Bueno, pero espérate tú porque algún día saldrá de la cárcel y tú eres joven y seguro que te da tiempo a entrevistarle. Muchas veces se habla de Pedro Sánchez, pero Sánchez es muy mal actor: nos suena falso cuando habla. Sin embargo, Ábalos es un actor extraordinario, probablemente el mejor actor que hay en España, porque el tipo, cuando habla, te genera empatía. Es decir, la gente empatiza con él. Estamos hablando de un auténtico sinvergüenza, pero da igual: la gente le escucha hablar y él consigue convencerles. Y por eso se prodiga tanto en programas de televisión, da entrevistas sin parar, porque sabe que funciona, que a la gente le llega. Que ese personaje tipo Torrente a la gente, al final, le gusta.

P.- Pues Álvaro, esta ha sido la entrevista más complicada de mi vida y la más tensa, porque entrevistar a un jefe, repito, no es fácil.

R.- Pero qué me dices, pero qué no, hombre…

P.- Y menos siendo la primera entrevista que hago en El purgatorio. Espero que la prueba haya sido superada, no lo sé, ya me dirás más tarde.

R.- Te deseo mucha suerte, pero no la vas a necesitar porque, entre otras cosas, estás muy bien rodeado: aquí hay un equipo técnico extraordinario y la mayor parte del éxito de este programa es el equipo técnico. Luego, la otra parte son los invitados que consigas traer. Por tanto, yo lo único que te deseo es que traigas muy buenos invitados para que puedas hacer buenas entrevistas y que esta sea la entrevista menos vista del año. Porque eso significará que el programa va a seguir creciendo como un cohete.

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