El acercamiento 'interruptus' entre Oughourlian (Prisa) y Sánchez: «Siguen distanciados»
Aunque «están condenados a entenderse» la relación continúa congelada, pese a los rumores de reconciliación

Pedro Sánchez y Joseph Oughourlian en uno los sus últimos actos públicos en los que coincidieron. | EP
No se sabe si por interés de La Moncloa o de la propia Prisa, pero en los mentideros madrileños corrió el rumor de que el presidente del Gobierno y el del editor de El País habían retomado la interlocución casi un año después del fallido asalto de los accionistas rebeldes del grupo. Hubo una época no tan lejana en la que Joseph Oughourlian era uno de los habituales visitadores de La Moncloa e incluso fue la muleta de Pedro Sánchez para controlar al editor de medios en 2020 y reforzar la alianza con la SEPI en Indra en 2022. Pero todo saltó por los aires cuando Andrés Varela Entrecanales, José Miguel Contreras y Adolfo Utor quisieron apartar al franco-armenio, una guerra que tuvo como daño colateral el fin de una relación que llegó a ser muy cercana.
Cada cierto tiempo se filtran informaciones que hablan de que Sánchez y Oughourlian han vuelto a tender puentes para buscar una solución. El presidente del Gobierno necesita a Prisa como agua de mayo en su guerra contra los medios críticos, al mismo tiempo que han fracasado todas las intentonas para tomar el poder del grupo por la fuerza. Por su parte, el empresario está atrapado en una inversión complicada, con negativas perspectivas de crecimiento y con un pacto de refinanciación draconiano que le obliga a pagar 70 millones de euros en intereses al año. Un escenario de suma cero en el que ninguno de los dos cede, pero que tampoco genera beneficios a nadie. «Están condenados a entenderse», dice un exdirectivo de la compañía a THE OBJECTIVE.
Lo cierto es que desde que en febrero Oughourlian diera un golpe de timón, forzara la salida de Carlos Núñez y despidiera a José Miguel Contreras, Sánchez ordenó hacer la guerra a Prisa y retirarle su apoyo institucional. Un ultimátum que se materializó en que los ministros se borrasen de todos los actos y eventos de la compañía. Así fue durante buena parte de 2025 con su cénit a mediados de octubre en la presentación en sociedad de Jan Martínez-Ahrens, el director de El País que sustituyó a Pepa Bueno, periodista que contaba con la máxima confianza de La Moncloa. Un evento al que no asistió ningún representante directo del Gobierno ni del PSOE. Incluso hubo más miembros del Partido Popular, algo inédito si consideramos la trayectoria ideológica de la cabecera.
Sánchez y Prisa
A partir de entonces, las cosas mejoraron. Al World in Progress 2025, celebrado en Barcelona a finales de octubre, no solo acudió la vicepresidenta primera, María Jesús Montero —que centró su discurso en alabar la figura de Pedro Sánchez—, sino también ministros como Yolanda Díaz, José Manuel Albares, Elma Saiz, exministros como Josep Borrell, José Luis Escrivá y Teresa Ribera, y miembros del PSOE como el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni y el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Fueron todos excepto el presidente del Gobierno, lo que disparó las especulaciones sobre una posible reconciliación. Además, por esas mismas fechas el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, lideró el foro Finanzas Sostenibles que la compañía organizó en La Coruña.
Y llegó el final de año con nuevos intentos de comprar a Oughourlian su 30% de participación del grupo Prisa, pero sin llegar a ningún acuerdo. Incluso se deslizó que el presidente no ejecutivo llegó a rechazar dos ofertas en firme, de los rebeldes y del empresario Blas Herrero. En paralelo, lo que a mediados del año pasado parecía que era una dura oposición de El País al Gobierno pasó a convertirse en un apoyo constante al discurso y el argumentario de La Moncloa. La irrupción de Gaza, de Venezuela y de Donald Trump en la agenda mediática hizo que volvieran a fluir los antiguos vasos comunicantes entre el oficialismo y la línea editorial de los medios del grupo Prisa.
La semana pasada llegó el Spain Investors Day, encuentro al que tradicionalmente suele acudir Pedro Sánchez y del que el grupo Prisa es uno de sus sponsors. Los caprichos del destino —o de alguna mano interesada— quisieron que Oughourlian fuera uno de los participantes del penúltimo panel del evento denominado «El rol de los grandes inversores en el desarrollo económico de España». Una elección que no es casual por tres motivos. El primero, porque se dio carta de naturalidad al empresario franco-armenio, colocándole al mismo nivel que representantes de Letterone, Six y Apollo. A ojos de 200 inversores ya no era el dueño del fondo oportunista que ponía en peligro la españolidad y la integridad financiera de Prisa. El segundo, porque se le colocó al lado del principal asesor económico de La Moncloa, Manuel de la Rocha. Y el tercero, porque su mesa tuvo lugar inmediatamente antes de la intervención de cierre del presidente del Gobierno.
Relaciones tensas
Las casualidades no existen. Está claro que esta serie de coincidencias buscaba un acercamiento por alguna de las dos partes. Y en este punto las versiones difieren. Por un lado, hay quien dice que hubo un fugaz intercambio y que se abrió un espacio, aunque otros advierten que ni siquiera llegaron a coincidir por la apretada agenda del presidente. En lo que sí hay coincidencia es que la guerra abierta de hace un año se ha suavizado y que las puertas ya no están cerradas a cal y canto. Pero de ahí a tender puentes todavía hay un largo trecho. «Siguen distanciados», dicen quienes conocieron de cerca las primeras reuniones entre los dos personajes allá por 2018. Sánchez sigue sin perdonar que Oughourlian le comparara indirectamente con Franco y empresario sigue sin fiarse de las intentonas de Moncloa —y sus resortes rebeldes— para desestabilizarlo.
«No hay acercamiento», afirman los más pesimistas, que además ponen en valor la agenda propia de Oughourlian en su inversión en Indra, totalmente desalineada de los intereses de la SEPI y del Gobierno. Actualmente —a precio de mercado— el empresario habría conseguido unas plusvalías de unos 600 millones de euros, lo que le da el suficiente colchón para aguantar el tirón de las alicaídas cuentas de Prisa. Al mismo tiempo, quienes siguen de cerca la compañía de Defensa creen que mantiene una alianza no confesada con los Escribano, pacto que está incluso por encima de los intereses de Sánchez y que tiene como objetivo seguir sacando máxima rentabilidad a su inversión. Un foco adicional de preocupación en el oficialismo.
¿Qué pasará? Hay quien no duda en señalar que tarde o temprano deberían llegar a un acuerdo, pero coinciden en que ahora mismo no hay nada. Otros sostienen que las dos partes buscan tensar la cuerda al máximo, esperando que los acontecimientos vayan cayendo por su propio peso. Siguiendo este análisis, en La Moncloa confían en que las cuentas de Prisa y el peso de su deuda y de los intereses terminen obligando a Oughourlian a buscar la paz y a sentarse a negociar. Aunque en el editor de medios la sensación es que Sánchez juega con el tiempo en contra y a medida que se acerque el fin de la legislatura y se intensifique el cerco judicial tendrá otras preocupaciones. En cualquier caso, lo único que parece claro es que estamos ante una partida de cartas entre dos expertos jugadores en el que la delgada línea entre ir de farol y tener una buena mano es mucho más fina de lo que la mayoría piensa.
