Juanma Rodríguez: «Voté al PSOE en su momento, pero ahora toca votar a Vox»
Sigue con pasión el fútbol desde niño y cuando le preguntaban qué le gustaría ser de mayor decía: José María García
A pesar de las dudas que ha generado su equipo en lo que va de temporada, tiene la certeza de que Dios sigue siendo del Real Madrid. En un momento dado, Juanma Rodríguez se preguntó si no estaría utilizando el nombre de Dios en vano, pero le tranquilizaron las palabras del don Antonio, párroco de San Ginés y seguidor del Atlético de Madrid, al confesarle que lo suyo era una broma, «comparado con todo lo que nos pasa a los cristianos».
En su trayectoria profesional —como recuerda en esta entrevista concedida a Fuera de micrófono— hay dos momentos importantes: la decisión de salir del armario y declararse hincha del Real Madrid, y su incorporación al programa El chiringuito, donde demuestra que la información deportiva no es incompatible con el humor y el espectáculo. Defiende a Josep Pedrerol y admira a Florentino Pérez, al que considera «un adelantado a su tiempo».
Para el director de El primer palo en esRadio, además de colaborador y columnista en ABC y Libertad Digital, el antimadridismo solo se entiende desde la envidia y la dificultad de asimilar el éxito del adversario. «Parece que en España los que triunfan tienen que arrepentirse», se lamenta, mientras denuncia el caso Negreira y la pretensión del FC Barcelona de hacernos creer que Los Negreira son un grupo de rock, en lugar de un escándalo.
Juanma Rodríguez narraba los partidos de fútbol que jugaba de niño con sus amigos, iba con su padre al Bernabéu y era tal su pasión por ese deporte que en más de una ocasión escuchó a su padre decirle a su madre: «Hemos creado un monstruo». Años después, logró el sueño de narrar las hazañas de su equipo. Lloró en el homenaje a Toni Kroos y le indignó, más recientemente, ver a la afición del Real Madrid silbar a quienes tantos triunfos le han dado. «Jamás, en mi vida, he ido a pitar a un campo de fútbol», apunta el popular periodista madrileño. Y madridista.
Ahora, prefiere utilizar la ironía y el humor para defender sus colores —«La gente ya no tiene ningún reparo en decir de qué equipo es», comenta—, en lugar de llevarse disgustos innecesarios.
PREGUNTA.- De pequeño ya querías ser periodista deportivo. ¿Es cierto que te gustaba más narrar los partidos de tus amigos, porque eras bastante malo jugando?
RESPUESTA.- Vamos a ver. No es que no jugara bien. Lo que pasa es que ellos jugaban demasiado bien. Entonces, a mí me ponían de medio estorbo. Yo narraba mal, porque es muy difícil, y me decían: «Cállate ya».
P.- Hacías las dos cosas a la vez: jugar y narrar.
R.- Hacía mal las dos. No jugaba bien y narraba peor. Pero sí, lo hacía al mismo tiempo.
«Mi padre era muy madridista. Íbamos juntos al Bernabéu»
P.- Otra anécdota curiosa es que tu padre te veía delante de la tele viendo fútbol y le decía a tu madre: «Hemos creado un monstruo».
R.- Exactamente. Mi padre era muy madridista. Íbamos juntos al Bernabéu. Yo fui socio cinco años del Real Madrid, los cinco años seguidos que ganamos la Liga [Quinta del Buitre]. Luego, murió mi padre y ya no tenía mucho sentido ir al campo. La pasión ha seguido. Y sí, recuerdo que un día le dijo a mi madre: «Vámonos; hemos creado un monstruo». Yo vivía el fútbol con mucha pasión. Quien vea los partidos en El chiringuito [Mega] se dará cuenta. Eso que me pasa hoy era peor antes. Imagínate. La pasión ha ido decreciendo, pero sigue siendo una cosa que no es ni medio normal. Yo le decía a Carlo Ancelotti que me hacía sufrir mucho tener dependencia de 11 tipos. Una parcela de mi vida está en sus pies, sin poder hacer nada para evitarlo. O sea, dependo de ellos. Y Ancelotti me decía: «Buena reflexión».
P.- ¿Fue difícil para ti ‘salir del armario‘, dar la cara, y confesar que eras hincha del Real Madrid?
R.- Lo hice de un modo natural. Yo no me ponía delante del micrófono a decir «soy madridista», pero era evidente, por mis comentarios, que lo era. No recuerdo que hubiera una transición, ni que me costara mucho o poco. Al final, el periodismo deportivo ha devenido o ha girado hacia ahí. La gente ya no tiene ningún reparo en decir de qué equipo es. Además, siempre ha sido así. A mí me llama mucho la atención que a los periodistas del Real Madrid nos tilden de «periodistas de bufanda» y al resto no. Los periodistas deportivos nacidos en Valencia, a los que les gusta el fútbol, ¿me estás diciendo, de verdad, que no van a ser del Valencia o del Levante? Por supuesto que lo son. Lo que pasa es que eso es más entendible, más comprensible. En el caso de un periodista del Madrid, ¿por qué tiene que ser del Madrid? Pues, porque es madrileño.
P.- ¿Cómo no van a ser del equipo de su ciudad?
R.- Es que el Real Madrid es uno de los equipos de mi pueblo. Se perdona si eres periodista del Atlético de Madrid. No, pobrecillos, es que sufren mucho. Yo también estoy sufriendo ahora, y aquí sigo. Claro. Es lo que toca.
«Dios tiene que disimular, pero es indudable que es del Real Madrid»
P.- Tu trayectoria profesional se inició en la Cadena Rato, cuyas emisoras compró después Onda Cero. Coincidiste allí con Pedro Pablo Parrado. ¿Cómo recuerdas esa etapa?
R.- Me acuerdo de ir en autobús desde mi casa en Moratalaz a Velázquez 54, que es donde estaba la Cadena Rato. Pedro Pablo tenía alquilado un apartamento en la sexta planta y desde ese apartamento bajábamos al estudio. Recuerdo un domingo, a las cinco de la tarde, que dije: «No voy a escatimar en que vean que tengo interés». Y la primera voz que oí fue la de Manolo Esteban, que en paz descanse. Fue una etapa maravillosa, que se prolongó en el tiempo, porque luego fuimos, de la mano de Parri [Parrado], a Radio16, aunque fue una etapa corta, de seis meses, en la que también aprendí cosas. Allí conocí a Antonio José Alés. Yo le decía: «Antonio, lo he pasado fatal contigo». Nos hicimos muy amigos. Conectamos enseguida. Le decía: «Ponme, por favor, aquella voz que ponías en los cuentos de terror de la Cadena SER». Y luego: «No sigas, no sigas, que no duermo esta noche». De Radio16 fuimos a Radio España.
«Si hay alguien capaz de resucitar, deportivamente hablando, ese es el Madrid»
P.- Una máxima tuya, que repites con frecuencia, es que «Dios es del Real Madrid». ¿No se habrá pasado al Barcelona, a la vista de los resultados en este último año y medio?
R.- Eso se fue un poco de madre. Yo soy católico, creo en Dios, soy cristiano, y llegué a tener la duda —esto no lo he contado nunca— de si no estaría tomando el nombre de Dios en vano. Entonces, llamé a mi amigo don Antonio, párroco de la iglesia de San Ginés, muy del Atleti, y le dije: «Padre…». Me contestó: «Por favor, Juanma, con todo lo que nos pasa a los cristianos, eso es una broma; tú tranquilo». Pero es verdad que aquello se fue de madre. Con respecto a lo que dices del Barcelona, es que Dios tiene que disimular. No puede dárselo todo a uno. Pero es indudable que Dios es del Madrid.
P.- ¿Ahí están las 15 Copas de Europa (ahora Champions) para demostrarlo?
R.- No te quepa la menor duda. Además, pese al mal momento, nadie se fía. Si hay alguien capaz de resucitar, deportivamente hablando, ese es el Madrid.
«Yo de mayor quería ser José María García»
P.- ¿Quién fue tu referencia, el periodista al que querías parecerte? ¿Quizá a José María García?
R.- Y sin quizá. José María García fue el padrino, sin él saberlo, de varias generaciones de periodistas deportivos. Yo quería ser García. Era un desastre como estudiante y tenía que acompañar muchas veces a mi padre, el pobre, a hablar con el tutor. Y recuerdo un día que le dice a mi padre: «El chico tonto no es, lo que pasa es que se despista». Entonces, me hace la típica pregunta: «¿Tú qué quieres ser de mayor?». Estaba mi padre al lado y digo: «Yo quiero ser José María García». Pero, para eso, antes hay que estudiar química, física, matemáticas… Digo: «No, para eso hay que ponerse delante de un micrófono y denunciar lo que esté pasando». Mi padre se me quedó mirando, y yo creo que pensaba: «El cabrón este le ha dejado desarmado». Mi referente fue García.
P.- En tu biografía aparece un dato apenas destacado: tu paso por la delegación del Mundo Deportivo, en Madrid. ¿Eras un infiltrado?
R.- No. Estuve un mes. De allí, creo recordar, me fui a El Independiente. En el Mundo Deportivo no recuerdo si firmaba con pseudónimo, pero tampoco me haría falta. Estuve muy poco tiempo. Me acuerdo de que coincidí con Tomás Guasch, que es muy amigo mío, y con Andrés Astruells, que en paz descanse, un mito del periodismo deportivo escrito. En ese tiempo lo pasé muy bien, porque me gusta mucho escribir.
«Me dijeron: ‘Paco González no cuenta contigo’. Dije: ‘tampoco yo cuento con él’»
P.- En la cadena COPE, con la llegada de Paco González y su equipo de la SER, dejan de contar contigo. Creo que tampoco te dieron explicación alguna.
R.- Profesionalmente, decía: «Qué suerte he tenido. Esto es una carretera recta, no hay nada tortuoso, todo me sale bien…». Veía compañeros que, de repente, lastimosamente, se quedaban sin trabajo. Es algo que te puede suceder. Aquello fue una incidencia laboral. Recuerdo que el subdirector general de la COPE me llamó para decirme: «Tengo una mala noticia, Paco González no cuenta contigo». Y yo dije: «Pero eso no es una mala noticia; yo tampoco cuento con él». «¡Ah!, bueno, pues me gusta que te lo tomes así». Digo: «Mira, hoy he estado hablando con un amigo, que es como si fuera mi hermano». En el mismo día había recibido la noticia de que su mujer tenía un cáncer de mama y él se había quedado sin trabajo. Y me dice: «Me he quedado sin trabajo, pero es una oportunidad porque así voy a estar cuidando de Ana. Es bueno que se lo hayan detectado a tiempo». Mi amigo, de dos noticias objetivamente malas, sacó dos conclusiones positivas. Digo: «¿Yo me voy a poner a llorar por esto? Me reubicáis en Informativos o, si me queréis echar, me echáis». Cuando me iba de vacaciones, me encontré a Paco González bajando al parking de COPE, y no le quedó otro remedio que decirme: «¿Podemos hablar cinco minutos?». Por supuesto. Yo no pido explicaciones ni cuando cuentan conmigo, ni cuando no cuentan. Le dije: «Me imagino que será una decisión profesional, no personal».
P.- ¿El chiringuito de jugones marca un antes y un después en tu vida? ¿Cómo encajaste la popularidad que da la televisión?
R.- ¿Un antes y un después? Por supuesto. Un 80% del motivo de que esté aquí hablando contigo, en THE OBJECTIVE, es porque estoy de vez en cuando en El Chiringuito. En un momento determinado, le dije a Josep Pedrerol que me atosigaba un poco que la gente me reconociera por la calle. Me tranquilizó, me sanó, porque Pedrerol es un buen gestor de vestuarios. Me acuerdo perfectamente de que, al final de aquella conversación, me dijo: «Tranquilo, no pasa nada. Bueno, no sé si decirte que a partir de ahora el programa se va a ver también en Estados Unidos. Pero, tú tranquilo». Ya lo asumimos.
«Lloré en el homenaje a Toni Kroos. Me pareció muy emotivo»
P.- Además del programa nocturno El primer palo, en esRadio, escribes en ABC una columna que lleva por título El segundo palo y tienes un blog en Libertad Digital que se llama El penúltimo raulista vivo. ¿Eres muy raulista?
R.- He pasado por fases. Ahora soy menos raulista, aunque, si coincidimos Raúl y yo, me imagino que lo solucionaremos. En la comida de Navidad del Real Madrid me encontré con Roberto Carlos, un buen ejemplo de lo que tiene que ser un embajador del Real Madrid a la hora de transmitir alegría de vivir. Para desgracias, ya tenemos muchas a diario. Recuerdo que a Steve McManaman (exjugador del Real Madrid) le preguntaban por qué iba siempre con una sonrisa de oreja a oreja, contentísimo por la calle, y decía: «Mira, tengo una mujer guapísima que está enamorada de mí, tengo unos hijos fantásticos, vivo en una casa extraordinaria, hago lo que quiero, gano mucho dinero, estoy en el Real Madrid, y a veces juego». Y Roberto Carlos es eso. Raúl a mí me ha transmitido durante una etapa —ahora creo que se está dulcificando un poco más—, como que estaba enfadado con el mundo. ¿Por tenerlo todo?
P.- Su salida del Real Madrid quizá no fue la que se merecía.
R.- Porque Raúl no colgó las botas. Si no, habría merecido un homenaje como el de Toni Kroos. Si hay un ejemplo de homenaje ideal a un futbolista profesional, es el de Toni Kroos. Yo lloré ese día. Me pareció muy emotivo.
P.- O el de Luka Modric…
R.- Los de Lou Gehrig, cuando se retiró de los Yankees, y el de Toni Kroos, cuando lo hizo en el Real Madrid, han sido los mejores homenajes. Raúl e Iker Casillas no tuvieron esa despedida porque no colgaron las botas al dejar el Madrid. José Mourinho fue muy claro con Raúl. Le dijo: «Cuento contigo, pero no vas a ser titularísimo». Y él inició otra carrera profesional exitosa.
P.- Las primeras tertulias deportivas en la radio las hizo Pedro Pablo Parrado, pero eran muy distintas a las de ahora.
R.- Vamos a ver. En El chiringuito hay un guion. Ahora vamos a ir con este tema y luego con este otro. Lo que pasa es que Pedrerol tiene un manejo del programa que parece que está improvisando. Trato de ser muy razonable con todo el mundo y educado, porque todo el mundo es educadísimo conmigo, pero me molesta que digan que es un teatro. ¿Cómo? ¿Usted me está diciendo que estoy fingiendo? No. Yo lo que defiendo, y mis compañeros también, lo defiendo con pasión. No tengo que engañar a nadie. Estoy diciendo que mi padre, hace 40 o 50 años, dijo: «Vámonos de casa, que hemos creado un monstruo». Lo defiendo con pasión porque creo en ello. Eso no es fingido, aunque es verdad que contribuye al espectáculo.
«He sido muy payasete desde niño, muy payasete»
P.- En este mismo estudio, Ántoni Daimiel confesaba que para mantener despierta a la audiencia en la madrugada hay que levantar la voz y dar espectáculo.
R.- En El Chiringuito hay gente tan buena… Son unos artistas, cada uno en lo suyo. Pero, no los que salimos en pantalla. Todos. Se lo he dicho a veces a Josep Pedrerol. Me gustaría, de verdad, que la gente viera cómo se trabaja allí. Pedrerol es una fábrica de hacer periodistas. ¿Exigente? El más exigente. Como debe ser, porque está preparando a la gente para lo que se le viene encima. Estás hablando, probablemente, con el que más numeritos ha hecho. He entrado esposado, me he puesto una peluca, he hecho el tiburón… Pero a mí me va eso. He sido muy payasete desde niño, muy payasete. Y tengo la tremenda fortuna de que hay una persona que me dice: «Juanma, venga, adelante». Lo hago porque me encanta.
P.- Defiendes a Pedrerol, profesionalmente, y también a Florentino Pérez. ¿Consideras que Florentino es «un ser superior», como acuñó Emilio Butragueño?
R.- Me parece que Florentino Pérez es un adelantado a su tiempo. Indudablemente. Admiro a las personas que saben ver más allá, porque yo no tengo esa virtud. No la tengo. Julio Verne era un adelantado a su tiempo. Florentino, en lo suyo, es un adelantado a su tiempo. Cuando llegó a la presidencia del Real Madrid en el año 2000, compañeros míos decían que un club de fútbol no se puede dirigir como una empresa. ¿Cómo? Es que un club de fútbol es una empresa y los trabajadores son trabajadores. Raros, pero trabajadores. Y hay que dirigir el fútbol como una empresa: tanto entra, tanto sale. Se criticaba también mucho que el Real Madrid hiciera las pretemporadas fuera de España porque le pagaban un dinero. Él, cuando llegó al club, tuvo que avalar una cantidad importante de dinero. Económicamente, estaba muy mal. Y le decían: «Hay que dejar de fichar a jugadores». Al contrario. Para remontar, tenemos que fichar a grandes estrellas del fútbol mundial. Hay que hacer un esfuerzo, porque eso lo vamos luego a amortizar. En eso, en concreto, es un ser superior.
P.- La afición del Real Madrid es un poco atípica.
R.- Muy atípica.
«Jamás, en mi vida, he ido a pitar a un campo de fútbol»
P.- No es frecuente que los hinchas piten a su equipo, aunque las cosas vayan mal.
R.- Es verdad que la afición es atípica. Me dicen: «Pero, por favor, ¿cómo criticas a la afición del Madrid?» Yo soy muy tacaño. No reparto carnés ni reparto nada. Hablo por mí. No he ido jamás en mi vida a pitar a un campo de fútbol. ¿Tengo yo algún tipo de influencia en la afición del Madrid? Ninguna. Ni quiero tenerla. ¿Soy socio? Ahora no lo soy. Pero, en mi opinión, es bastante original pitar a uno de tus jugadores cuando se retira lesionado. O pitarle después de que marque un golazo, como pasó con Vinicius el día del Rayo Vallecano. O escrachearles, como en el partido contra el Levante. Tú pitas porque las cosas no van bien. Me parece correcto. Vale. Pero, ¿escrachear a los jugadores durante 90 minutos? Así tenemos a Dean Huijsen, que el pobre se hace pipí por las noches en la cama y que no da pie con bola. ¿Por qué? Porque cuando salta a su campo, dice…
P.- … Me va a caer la del pulpo.
R.- Exactamente. Esta generación Moët-Chandon está acostumbrada a ganar seis Copas de Europa en 11 años. Y hay que decirles a los jóvenes madridistas que eso no es normal. Que tú y yo nos tiramos 32 años sin ganar la Copa de Europa. Hacían hasta anuncios. ¿El Madrid qué, otra vez campeón de Europa?
P.- ¿Por qué Xabi Alonso no ha tenido continuidad como entrenador del Real Madrid? Hay quien piensa que se lo cargaron los jugadores.
R.- Mi amigo Richard Dees tiene una frase muy original —que tendría que habérseme ocurrido a mí— sobre el criterio fijo-variable. Lo que pido es un criterio. Si son siempre los jugadores los que se cargan a los entrenadores, son siempre. No solo los jugadores del Real Madrid. Porque parece que estamos hablando de gente que complota en el vestuario para echar al entrenador. No. Hay entrenadores –a lo largo de la historia del fútbol así ha sido— que conectan más con los jugadores y otros entrenadores que conectan menos.
«Xabi Alonso se equivocó muchas veces, y mucho»
P.- ¿No hubo buena conexión de Xabi Alonso con los jugadores?
R.- En mi opinión, Xabi Alonso se equivocó muchas veces, y mucho. A mí me dicen que soy Vini lover. Sí, soy Vini lover. Comparto la alocada teoría de Álvaro Arbeloa de que tienen que jugar los mejores. Y a mí me parece que Vinicius es de los mejores jugadores del mundo. Cuando Vinicius fue sustituido contra el Barça, si yo soy Xabi Alonso, aun siendo, como soy, Vini lover, no juega más conmigo. Y si me llaman de arriba, digo: «aquí tienen ustedes mi carta de despido». Lo que pasó no se puede admitir, porque el mensaje que trasladas al resto del vestuario es que aquí vale todo. Pero, fíjate, cuando eso se produce, Xabi entra en el vestuario y le dice a Militao que hable con Vinicius. Militao dice: «¿cómo?». «Sí, por favor, dile esto o lo otro». Se equivocó muchas veces. Esa reacción de Vinicius era el síntoma de algo que venía larvado desde el Mundial de Clubes en Estados Unidos. Xabi transmitía la idea de que para él Vinicius no era un jugador fundamental. Es su criterio. No lo sé. Pero, igual si transmites eso en tiempo y hora a la directiva no te fichan.

P.- ¿No es lógico cambiar a un jugador, aunque sea el mejor del equipo, si está desacertado? Eso no pasa en otros clubes.
R.- Correcto. En el partido contra el Rayo, Mbappé no estuvo bien. Probablemente, fuera el jugador que rayara a peor nivel. Y yo, que tengo mis diferencias, no en cuanto al jugador, que objetivamente es buenísimo, sino a cómo se comportó en un tiempo pasado con el Madrid, soy el entrenador y no lo quito porque en cualquier momento te la puede liar. Pero, bueno, puedo estar equivocado.
«Alfredo Di Stéfano, sin lugar a dudas, es el futbolista más importante de la historia del Madrid»
P.- ¿Quién es, a tu juicio, el mejor jugador de la historia en el Real Madrid?
R.- En el plano administrativo, está don Santiago Bernabéu. Y, en el deportivo, el hombre que lo cambia todo es don Alfredo Di Stéfano Laulhé. Cuando Di Stéfano llegó al Real Madrid, el Real Madrid era un equipo de fútbol. Cuando se va del Real Madrid, el Real Madrid es un mito. No tengo recuerdo de haberle visto jugar, pero ahí está la historia. Quienes ponen en funcionamiento la máquina son Santiago Bernabéu, en el plano institucional, y Alfredo Di Stéfano, en el plano deportivo. Para mí, Di Stéfano es, sin lugar a dudas, el futbolista más importante de la historia del Madrid.
«Parece que en España los que triunfan se tienen que arrepentir»
P.- ¿El mejor entrenador?
R.- Miguel Muñoz estuvo muchísimos años en el Madrid y ganó muchos títulos. Una barbaridad. Y Zinedine Zidane ganó tres Champions seguidas. En el Madrid, los buenos entrenadores son los que ganan. Aunque, si me preguntas por el mejor entrenador de los últimos 50 años, te daré el nombre de uno que ganó muchos menos títulos, pero que tenía una idea de club: José Mourinho. Fue un entrenador transformador. Soy un enamorado de Mourinho por todo. Tenía una idea global del club y también en lo comunicativo. Porque había veces que salía el entrenador a hablar y luego un jugador que decía lo contrario de lo que había dicho el primero. Una empresa no funciona así.
P.- Alguna vez has dicho que en España existen dos equipos: el Madrid y el Antimadrid. ¿Es una boutade?
R.- Sería un poco ofensivo. Claro que hay otros equipos. Cada uno tiene su corazoncito. Lo que quiero decir es que todo gira alrededor del Real Madrid. Cuando escuché a Alfredo Relaño decir que la victoria del Real Madrid en la final de la novena Copa de Europa era vergonzante, me llevé las manos a la cabeza. La novena Copa de Europa, para uno de los popes del periodismo deportivo español, era vergonzante… ¿De qué se tiene que defender Amancio Ortega? ¿De ser un hombre de éxito? ¿De ser millonario a base de trabajar mucho? Y, ¿de qué se tiene que arrepentir el Real Madrid? Parece que en España los que triunfan se tienen que arrepentir.
«Al FC Barcelona lo rescató de la quiebra Franco en dos ocasiones»
P.- Es muy recurrente acusar al Real Madrid de favoritismo arbitral, pero luego nos topamos con el caso Negreira.
R.- Este es un melón importante. Dicen: «Al Real Madrid le ayudaba Franco». Óigame: no encontrará usted una foto de Santiago Bernabéu condecorando a Francisco Franco. Sin embargo, yo le puedo enseñar a usted fotos de Agustín Montal condecorando al Caudillo. Y a jugadores del FC Barcelona y, por cierto, del Athletic Club de Bilbao haciendo el saludo fascista. El estadio Santiago Bernabéu lo sacaron a pulso los socios del Real Madrid con bonos que iba distribuyendo Santiago Bernabéu. A ustedes [FC Barcelona] Francisco Franco los rescató de la quiebra en dos ocasiones distintas. Llega el caso Negreira y son como esponjas. Si yo fuera culé me avergonzaría. El hombre que cuadruplicó lo que estaba cobrando Enríquez Negreira da la sensación, por los sondeos, que va a arrasar en las elecciones al FC Barcelona. La gente ni siquiera irá a votar con una pinza en la nariz. Consideran que pagarle durante 17 años 8,4 millones de euros al vicepresidente del Colegio Nacional de Árbitros es razonable para equilibrar un poco las cosas. Viven en una burbuja.
«Pretenden que pensemos que ‘los Negreira’ es un grupo de rock»
P.- ¿La prensa catalana apoya más al Barça de lo que lo hace la prensa madrileña con el Real Madrid?
R.- Pero, vamos. Los periodistas deportivos de Barcelona son apóstoles del Barça. Hacen publicidad del Barça. Todo es bueno en Barcelona. El periodista que sacó el escándalo Negreira reconoció que al encontrarse con ese tema dijo: «Voy a ver si en el Real Madrid también encontramos algo». Y no lo encontró. Han pasado dos años y medio o tres años y pretenden que se nos olvide. Que cuando escuchemos hablar de Los Negreira pensemos que son un grupo de música folk.
P.- Además del fútbol, ¿hay otros deportes que te interesen?
R.- Me gusta mucho el baloncesto. Practiqué el tenis durante mucho tiempo y el tenis de mesa. Todo lo que tuviera una raqueta por medio me encantaba. En mi programa de radio trato de darles cabida a todos los deportes. Es una exigencia de los oyentes, aunque no sé yo si en realidad están diciendo la verdad cuando piden que se hable de más deportes.
P.- Cuando dabas clases de periodismo en la Universidad Villanueva, ¿qué les decías a los alumnos que querían dedicarse al periodismo deportivo?
R.- Les decía que esta es una profesión vocacional, que hay que vivir con pasión. Y que tienen que insistir e insistir. Y cuando piensas que has insistido muchas veces, insistir más. Yo no he tenido durante estos últimos 40 años la sensación de ir a trabajar. Hay que trabajar mucho para no tener que trabajar. Me lo paso bien. Me divierte.
P.- ¿En España tenemos buenos deportistas, pero no tan buenos dirigentes deportivos?
R.- Empezando por el tema político, cuando a uno le nombran ministro o secretario para el Deporte es por una cuota. Dicen: «A este le tenemos que dar algo». «¿Dónde lo ponemos?». «Pues, en el Consejo Superior de Deportes [CSD]». Y de ahí para abajo. Tenemos extraordinarios deportistas porque España es un país extraordinario. Un país fantástico. Recuerdo cuando comparaban a Carlos Alcaraz con Rafa Nadal. Yo decía: «Carlos Alcaraz no va a alcanzar nunca a Rafa Nadal». Ahora, empiezo a dudarlo. Pero a Carlos Alcaraz le preguntas que quién le ha ayudado y te dirá: «mis padres, mis amigos, mi esfuerzo, mi tenacidad». «Pero, ¿con qué respaldo has contado?». «Con ninguno».
P.- Has confesado que votas a Vox. ¿La situación política actual favorece al partido de Santiago Abascal?
R.- Voté durante muchos años al PSOE. He sido votante de Felipe González. Un día le dije a Enrique Barón: «¡Qué mal lo estarán haciendo ustedes para que un votante del PSOE sea votante de Vox!». Creo que los partidos políticos son instrumentos. El PSOE tenía una idea nacional. Era un partido de Estado y tocaba votar al PSOE. Instrumentalmente hablando, lo que toca ahora es votar a Vox. Es también una cuestión generacional.
«Me molesta que quien pacta con ETA diga que no se puede pactar con Vox»
P.- ¿Te molesta que etiqueten a Vox de extrema derecha, con la que está prohibido pactar?
R.- Son clichés. Vox no es un partido de extrema derecha. Me molesta que alguien que pacta con los terroristas de ETA diga que con Vox no se puede pactar. Vox ha gobernado y no ha pasado absolutamente nada. La gente da por hecho que los políticos mienten y Vox es muy claro en sus planteamientos. Dice: «Voy a hacer esto», y la gente se sorprende cuando lo hace. Es que eso debería ser lo normal. Tenemos un presidente del Gobierno que dice una cosa a la una, otra cosa a las dos y otra distinta a las tres. Y a las cuatro dice que no está de acuerdo con ninguna de las tres anteriores. A los políticos hay que exigirles que digan la verdad y, si no la dicen, que se vayan.
P.- ¿Hay corrupción en el deporte?
R.- Algo de lo que dice Javier Tebas es verdad. Hace años se compraban partidos de fútbol y se blanqueaba que en las últimas jornadas de Liga hubiera gente con maletines. Eso ya no sucede en el fútbol español. ¿Casos de corrupción? Me imagino que habrá. Hombre, estamos esperando a que la Justicia decida sobre el caso Negreira. Pero, desde el punto de vista ético, de imagen y de tufo, a mí me parece muy reprobable que un club haya pagado al vicepresidente en activo de los árbitros.
«La Premier es un sinsentido. Paga sueldos a los que un club como el Real Madrid no puede acceder»
P.- ¿La Liga de Fútbol española ha bajado algún peldaño?
R.- Las mejores ligas lo son cuando tienen a los mejores jugadores. El mercado ahora está imposible. La Premier es un sinsentido. Paga sueldos a los que un club como el Real Madrid no puede acceder. El Madrid compite con clubes de Estado. En el último mercado de invierno se ha visto que la Liga española ha bajado en inversión. Por eso, Florentino dice: déjenme a mí, que yo gestiono lo mío.
P.- ¿Qué puede ocurrir en el Real Madrid, el día que no esté Florentino Pérez?
R.- Al final, todo sale bien. Cuando murió Santiago Bernabéu, en 1978, recuerdo que la gente decía: «¿Qué va a ser de nosotros sin don Santiago?». Al final, las cosas salen bien. El Madrid ganó seis Copas de Europa con Bernabéu y luego ha ganado otras nueve. Cuando lo deje Florentino Pérez, por una cuestión biológica —cuanto más tarde mejor—, vendrá otro que lo hará bien. Ojalá que a la altura de Santiago Bernabéu y Florentino Pérez.
P.- A nivel profesional, ¿de qué te arrepientes? ¿Qué no volverías a hacer?
R.- Me ha ido muy bien. No me puedo quejar. Estoy muy contento. La vida me ha tratado muy bien en lo profesional y en lo personal. Soy un privilegiado y doy gracias a Dios desde que me levanto hasta que me acuesto.
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