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Así acabaron las motos de Valentino Rossi y Marc Márquez en una redada del FBI en México

Las agencias de seguridad creen que eran utilizadas como moneda de cambio y ‘almacén de valor’

Así acabaron las motos de Valentino Rossi y Marc Márquez en una redada del FBI en México

Algunas de las motocicletas incautadas por el FBI.

Los agentes del FBI y de las fuerzas del orden mexicanas que protagonizaron el asalto están curados de espantos. Han visto de todo: Ferraris a puñados, jets privados personalizados, animales exóticos, harenes repletos de chicas despampanantes, montañas de dinero en metálico y muchas ocurrencias exóticas propias de los nuevos ricos que genera el narcotráfico. Lo que no habían visto nunca en el refugio de un traficante de drogas era una parrilla de MotoGP.

La escena parecía sacada de uno de los más húmedos sueños de cualquier aficionado al motociclismo. Más de sesenta motocicletas de competición no se ven juntas todos los días, algunas pilotadas por leyendas como Valentino Rossi, Marc Márquez o Jorge Lorenzo, todas ellas dispuestas en impecable estado dentro de una colección privada tan secreta como valiosa.

La estampa no pertenecía a ningún salón del motor ni a una exposición itinerante, sino a una red de almacenes camuflados en inmuebles del Estado de México y la capital azteca. La propiedad de ese tesoro mecánico se atribuye a Ryan James Wedding, un exatleta olímpico canadiense que ha pasado de representar a su país en Salt Lake City 2002 a encabezar una red de narcotráfico asociada con el Cártel de Sinaloa. El medallista olímpico es hoy considerado uno de los criminales más buscados por el FBI.

El operativo que permitió la incautación fue tan complejo como el entramado que protegía a Wedding. Coordinado entre agencias de seguridad de México, Estados Unidos y Canadá, contó con participación destacada de la policía de Los Ángeles, el FBI y la Real Policía Montada. La redada tuvo lugar a mediados del pasado mes de diciembre y permitió la localización de 62 motocicletas valoradas en más de 40 millones de dólares, unos 36,5 millones de euros al cambio actual. A este veloz lote hay que añadir otros elementos como vehículos, obras de arte, medallas olímpicas y una ingente cantidad de documentación comprometedora.

Ryan James Wedding no siempre estuvo vinculado al crimen. Nacido en Thunder Bay, Ontario, en 1981, formó parte del equipo nacional canadiense de snowboard desde los 15 años. Compitió en los cinco continentes antes de representar a su país en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002. Su carrera deportiva, sin embargo, terminó pronto y se transformó en algo muy distinto. En la siguiente década su nombre fue apareciendo en investigaciones relacionadas con cultivos de marihuana, intentos de compra de cocaína y redes de lavado de dinero. En 2010 fue detenido en Estados Unidos y pasó cuatro años en prisión. Al salir, desapareció del mapa para los ojos del público, pero no del de las agencias de seguridad.

Durante los últimos años, Wedding ha sido vinculado a la distribución de más de 60 toneladas de cocaína al año desde México hacia Estados Unidos y Canadá. Su estructura operativa incluye empresas relacionadas con el vino en California, conexiones directas con Colombia y una pléyade de socios con un reconocido historial violento. A través de alias como «El Jefe», «Giant» o «Public Enemy», ha evitado su captura y ha sabido mantener un bajo perfil. Se cree que se ha sometido a varias operaciones de cirugía estética y vive protegido por el Cártel de Sinaloa, que lo considera una pieza clave en sus rutas hacia el norte.

Numerosos cargos

Según muestra la página web del FBI, los cargos que se le atribuyen son: «conspiración para distribuir y poseer cocaína con la intención de ser distribuida; conspiración para exportar cocaína; conspiración para cometer asesinato en relación con una actividad criminal continua relacionada con delitos de drogas y asesinato en relación con una actividad criminal en curso; conspiración para manipular a un testigo, víctima o informante; conspiración para tomar represalias contra un testigo, víctima o informante; conspiración para manipular instrumentos monetarios» (lavado de dinero).

Más allá del impacto judicial, la noticia ha llamado la atención del mundo del motociclismo por la naturaleza de los objetos incautados. Entre las motos incautadas se encuentra la Suter de Moto2 con la que Marc Márquez fue campeón en 2012, la Aprilia de 125 cc que vio nacer la leyenda de Valentino Rossi en 1997 y la Ducati Desmosedici de Jorge Lorenzo de 2017.

También se han identificado monturas que fueron manejadas por Andrea Dovizioso y varias Suzuki, Honda y MV Agusta. Todas ellas se han encontrado en unas sorprendentes condiciones de conservación, casi listas para ser arrancadas mañana mismo y competir en cualquier circuito del mundial. Para los expertos, se trata de un conjunto sin precedentes fuera de las propiedades aquilatadas por Dorna —el ente organizador de MotoGP— o sus museos y exhibiciones oficiales. Por calidad y cuantía, superan con mucho las propiedades de los propios pilotos que una vez gobernaron estas mecánicas.

Las motos estaban almacenadas en condiciones controladas, algunas expuestas, otras en cajas herméticas, con documentación técnica y detalles que evidencian un cuidado de manos profesionales. La obsesión de Wedding por las motos no parece responder solo a una pasión por la velocidad, sino también a una estrategia de ocultamiento patrimonial. En opinión del FBI, su valor no solo era emocional o deportivo: también servían para mover dinero, ocultar ganancias ilícitas y negociar acuerdos con otros actores del crimen organizado.

Evidencia criminal

Las imágenes difundidas por el FBI muestran las motocicletas, ahora bajo custodia federal, numeradas, selladas y etiquetadas como evidencia. Su destino aún es incierto, y algunas voces proponen que sean cedidas a museos públicos; otras, que se subasten y los beneficios se destinen a programas contra el narcotráfico. Lo que es casi seguro es que nunca volverán a correr. Su historia, ligada a una investigación internacional del crimen organizado, se ha convertido en un símbolo de cómo la ingeniería y la historia deportiva pueden ser instrumentalizadas por redes criminales.

Entre tanto, Ryan Wedding sigue prófugo. Su búsqueda es considerada una prioridad tanto por el Departamento de Justicia de Estados Unidos como por las agencias de seguridad mexicanas. La recompensa por información que conduzca a su captura asciende ya a 15 millones de dólares, una cifra que no solo refleja el valor de sus crímenes, sino también el temor de que siga operando desde la clandestinidad.

Acumulación de cargos

Wedding está acusado de haber ordenado al menos tres asesinatos relacionados con su red de distribución de drogas. Entre ellos, el de un testigo federal asesinado en Medellín en 2024 antes de declarar en su contra, y el de dos civiles canadienses relacionados con el robo de un cargamento en California. La DEA sostiene que su organización ha sido responsable de decenas de muertes indirectas, producto del narcotráfico y la violencia asociada a las rutas que atraviesan el continente desde Colombia hasta Canadá.

Las autoridades mexicanas han confirmado que durante los asaltos también se hallaron metanfetaminas, marihuana, munición para armas y dos medallas olímpicas, símbolo hoy de una deshonra. En la embajada de Estados Unidos en Ciudad de México, un cartel con la foto de Wedding bajo el título «Public Enemy» cuelga junto al número del FBI: (424) 495-0614. Parece la matrícula de una moto, pero no lo es.

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