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El Omoda 7 se lanza contra el RAV4 con 1.250 kilómetros de autonomía

El modelo de Chery compite en un espacio complicado con poderosos argumentos

El Omoda 7 se lanza contra el RAV4 con 1.250 kilómetros de autonomía

El nuevo Omoda 7.

Los chinos no quieren participar, sino arrasar. Por eso, lo que hasta ahora ha sido una mera avanzadilla empieza a ser una invasión en toda regla. Y esto solo se consigue con productos acertados y a precios contenidos. El problema para el resto de marcas es que están empezando a traer modelos que dejan atrás a lo conocido, y un ejemplo es el Omoda 7.

Lo de que sí es chino, francés, coreano o alemán empieza a dejar de formar parte de la conversación. Porque cuando la novedad viene avalada por el éxito comercial de modelos anteriores, la marca empieza a crearse cierto espacio de aceptación común y la red comercial crece de manera digna, las dudas empiezan a disiparse. Si se añaden las características que trae un coche como este, el resto comienza incluso a palidecer.

El nuevo Omoda 7 es un misil teledirigido contra todos aquellos que pensaban que el diseño, la calidad y la eficiencia no podían salir de las fábricas chinas. Con 1.250 kilómetros de autonomía combinada y un precio que incomoda a más de un jefe de producto occidental, la ofensiva de Chery sobre territorio europeo no solo ha comenzado: empieza a disparar alarmas.

En un mercado saturado de SUV con cejas LED y aletines de gimnasio, este modelo apuesta por una elegancia afilada y líneas firmes, pero arriesgadas. Con sus 4,66 metros de largo, se posiciona justo entre el Omoda 5, más compacto, y un Omoda 9 que roza los cinco metros. El 7 encuentra su lugar con cierto grado de sofisticación, aunque sin excesos, y siendo un híbrido enchufable, el coche parece más eléctrico que muchos eléctricos.

La parrilla frontal, perforada con un patrón muy personal, marca la pauta. Las luces LED diurnas dibujan un guiño futurista desde debajo de unos faros afilados, casi como una ceja dibujada con tiralíneas. El coche no impone por tamaño, sino por presencia. Sigue siendo un SUV, pero es distinto, que ya es raro, y aunque recuerda a los Mazda, va mucho más allá.

El tratamiento de la parte trasera sigue la misma lógica de limpieza y equilibrio visual. Nada de sobresaltos ni efectos discotequeros. Un grupo óptico coherente, una línea de hombros marcada sin teatralidad y un lenguaje que recuerda más a un smartphone de alta gama que a un coche familiar. Con cinco plazas bien repartidas, adquiere un enfoque práctico; mejor cinco y bien acomodados que siete metidos en una lata de sardinas.

Por dentro, lo digital domina, pero no abruma. El panel de control está centrado en una gran pantalla táctil de 15,6 pulgadas, que ofrece conectividad con Android Auto y Apple CarPlay y puede desplazarse hacia el lado del pasajero. La solución puede parecer un truco barato, pero invita a compartir sin incrementar de cacharros el salpicadero, porque el entretenimiento ya no es patrimonio exclusivo del conductor. En ese enfoque compartido se mueve toda la arquitectura interior, desde la disposición horizontal del salpicadero hasta la iluminación ambiental configurable.

El puesto de conducción no pretende ser deportivo, sino más bien cómodo, funcional y moderno. La visibilidad es correcta, los mandos están donde deben y hay botones físicos suficientes para que no todo dependa de menús táctiles o comandos por voz que aún no entienden bien los distintos acentos de un país rico y variado como el nuestro. En las versiones Premium, el confort se dispara con asientos eléctricos que se reclinan en modo cine, función masaje, calefacción y ventilación, e incluso un volante calefactable para esos inviernos que duran lo justo, pero dejan las manos heladas a muchos.

De serie, incluso en la versión Pure, ya hay un repertorio de asistentes a la conducción que supera los requisitos mínimos de la EuroNCAP. Hasta 19 sistemas ADAS, entre los que se incluyen el control activo de carril, el detector de peatones y ciclistas o el control de crucero adaptativo. En el acabado superior se añade una cámara envolvente de 540 grados, que no solo ayuda a aparcar, sino a vigilar ángulos que muchos coches todavía consideran zona fantasma a pesar de tamaños y cotas de gran calibre.

Cruzar el país sin repostar

Más allá del escaparate tecnológico, el Omoda 7 llega con una baza que, en plena transición energética, se convierte en un poderoso argumento de ventas: su propulsión híbrida enchufable. El corazón térmico es un bloque de 1,5 litros y 143 CV, al que se suma un motor eléctrico de 204. El resultado conjunto es de 279 caballos. No buscan récords en Nürburgring, pero sí una respuesta enérgica y silenciosa en el día a día. La batería, de tipo LFP, tiene una capacidad de 18,3 kWh y concede hasta 90 kilómetros de autonomía eléctrica real, más que suficientes para desplazamientos urbanos o incluso comarcales sin quemar ni una gota de gasolina.

Con un consumo medio homologado de 2,3 litros cada 100 km —en esos cien kms iniciales— y la etiqueta Cero, el Omoda 7 no solo gana puntos en la factura del combustible, también en accesos urbanos, zonas de bajas emisiones y bonificaciones fiscales. A efectos prácticos, el coche permite hacer trayectos cotidianos sin necesidad de repostar y salir el fin de semana con más de mil kilómetros por delante antes de pensar en una gasolinera.

Precio alto, pero sin igual

El precio de acceso parte de poco más de 40.000 euros, con una diferencia mínima para la versión Premium que invitará a muchos a rascarse un poco la buchaca. Un precio que empieza a poner nerviosos a los gestores de aquellas marcas que tengan en su gama modelos afines por encima de los 50.000 euros. Marcas como Hyundai, KIA o Toyota van a empezar a revisar sus tarifas con cara de pocos amigos.

El Omoda 7 llega con un diseño cuidado, tecnología bien integrada y una mecánica híbrida enchufable con sentido práctico. Su mayor rival en el horizonte inmediato será el nuevo RAV4, que en su versión enchufable promete una buena autonomía, pero no tanta como este. A su lado, el chino no solo es más asequible, sino también más eficiente. Aunque le falte el historial de fiabilidad que tienen los japoneses, lo compensa con una política de garantías agresiva y una estrategia de marca bien medida.

Un producto oportuno

Chery sabe lo que hace y no ha desembarcado en Europa de forma improvisada. Su apuesta por España, con Omoda como punta de lanza, se explica por varios factores: la buena acogida del público nacional a marcas emergentes, el interés creciente por los enchufables y un mercado en el que el precio aún sigue pesando más que el escudo del capó, aunque estuviera esculpido en plomo. Con el Omoda 5 ya asentado y el Omoda 9 apuntando a un público más elitista, el 7 llega como una pieza clave en su catálogo.

El coche debuta de forma oficial en las primeras semanas de 2026, pero ya ha empezado a generar interés en concesionarios, ferias y configuradores. Y si el éxito del Jaecoo 7 o del EBRO S700 —con mecánica y planteamiento similares— sirve como anticipo, el Omoda 7 tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los híbridos enchufables más vendidos en España en cuanto se le pueda poner una matrícula.

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