El CLA devuelve a Mercedes a lo más alto del reconocimiento europeo
El coupé germano da una alegría a su fabricante en forma de premio al Coche del Año en Europa

Mercedes CLA.
Mercedes-Benz inventó el coche hace más de cien años y, desde entonces, siempre ha sido un referente en la industria. Pero llevaba años en los que le faltaba algo: el reconocimiento de los expertos. No porque sus modelos no fueran buenos, sino porque fueron otros los que encarnaron el papel de los mamíferos en la extinción de los dinosaurios; se adaptaron mejor a las corrientes del mercado. Tras medio siglo, un Mercedes vuelve a ser coche del año en Europa… y qué Mercedes: el CLA.
Aunque ha sido finalista en esta especie de concurso —la última vez en 2015 con su Clase C—, hay que remontarse a 1974 para verles en lo alto del pódium. Aquel año galardonaron al 450 SE/SEL. 52 años después, los de Stuttgart se han llevado el mismo premio con un coche híbrido y eléctrico, que poco o nada tiene que ver con aquel. Apenas comparte logotipo, número de ruedas y el acero. Pero poco más.
Al éxito de crítica también ha acompañado el de público. A pesar de no ser un coche para todos, la marca tiene su cartera de pedidos completa hasta el segundo semestre del año. El que quiera uno, ya sea a batería o con un motor de explosión bajo su capó, tendrá que esperar, primero a que le digan que habrá disponibles y luego a que se lo entreguen. Los alemanes tendrán que acelerar sus procesos industriales para satisfacer la demanda.
El nuevo CLA, heredero de un modelo previo de la misma nomenclatura, se adapta a los tiempos. Es por eso que, tras la epatante y extraordinaria versión eléctrica ya presentada en THE OBJECTIVE, sacó la híbrida. Es para aquellos a los que las baterías no les terminan de convencer, a pesar de sus casi 800 kilómetros de autonomía homologada.
A las dos versiones hay que añadir el refinado equilibrio de un coche excelente en el que la marca ha puesto lo mejor de sí misma. Los germanos estaban perdiendo pie como referencia y sacan pecho con un producto que les coloca en lo más alto. Su silueta sigue siendo la del clásico cupé con cuatro puertas, elegante, afilada y reconocible. En esta nueva generación, el diseño se pule. La parrilla es ahora más baja, la firma lumínica en horizontal y algunos detalles de acabado lo conectan con sus hermanos mayores. Pero este Mercedes sigue siendo eso: un CLA, sin más etiquetas; es una subespecie dentro del ecosistema de la estrella plateada.
Las proporciones se mantienen intactas. Sigue midiendo 4,72 metros de largo; su carrocería tiende a baja, con cintura elevada y una zaga que sigue rematando con una muy personal y suave caída. Los tiradores de las puertas están bien integrados, los faros dibujan una mirada más tecnológica, más futurista, y en el frontal hay ahora un guiño a la electrificación, aunque la versión híbrida aún conserve el corazón térmico. Con modernidad, pero sin estridencias, Mercedes ha aprendido que actualizar sin romper con lo anterior es lo que más se agradece.
En el interior la evolución se hace más evidente. Se ha simplificado, regresan los mandos físicos y los controles táctiles han sido limitados. El sistema MBUX responde como debe, con dos pantallas bien dispuestas y gráficos que ya no son excesivos. El salpicadero está bien rematado, con materiales reciclados que no penalizan la percepción. Todo transmite orden, claridad y esa sensación de coche adulto que siempre se espera de un Mercedes.
La posición de conducción se mantiene baja. El volante, ahora con nuevo diseño, encaja en las manos como un guante a medida. La consola central se muestra sobria y, aunque no hay adornos superfluos, tampoco falta nada. En las plazas traseras el espacio sigue siendo algo justo para pasajeros de talla media-grande. El techo inclinado condiciona, aunque la luz del techo panorámico ayuda a encontrar aire. Es un coche pensado para dos, con opción a cuatro.
La versión híbrida de gasolina es la que Mercedes ha elegido para dar el golpe sobre la mesa. Combina un motor térmico de 1,5 litros con apoyo eléctrico, sin llegar a ser un híbrido completo. La entrada y salida de ambos motores es suave, casi imperceptible. En ciudad puede circular en modo 100% eléctrico en momentos puntuales. El consumo ronda los seis litros, una cifra razonable para un coche con más de 200 caballos y tracción total.
Pisada ‘Mercedes’
Una vez al volante, el coche se siente aplomado sobre el asfalto, con un tacto muy de la casa. No es deportivo, pero sí noble. En curvas rápidas no se descompone y transmite confianza. La dirección puede no transmitir como lo haría en un deportivo, pero se ajusta en los modos de conducción. La caja de cambios automática y de doble embrague cumple bien, salvo en maniobras muy lentas, donde puede resultar algo brusca. Pero el conjunto se muestra coherente, afinado y fácil de llevar.
Una de las claves en la diferencia de comportamiento con su hermano eléctrico, como es evidente, reside en el peso. La versión híbrida es algo más ligera que su equivalente a batería, lo que se traduce en un comportamiento más ágil en curvas cerradas. La diferencia no se mide solo en kilos, sino en sensaciones. En tramos revirados y con curvas de pequeño radio, el CLA de combustión se siente más vivo, más participativo.
El sistema híbrido de 48 voltios no pretende impresionar, sino ser útil. Suaviza arranques, apoya al motor de gasolina en recuperaciones y aporta un extra de empuje cuando más se agradece. Apenas se nota su llegada y eso es justo lo que mejor habla de su integración. No requiere infraestructura de carga ni supone un salto disruptivo.
Y mucha sostenibilidad
Mercedes ha puesto especial énfasis en los materiales sostenibles. La tapicería imita la piel natural con una calidad sorprendente y muchas molduras decorativas provienen de materiales reciclados, como el papel prensado. La iluminación ambiental, configurable y elegante, refuerza esa sensación de modernidad bien entendida. No todo es digitalidad; aquí el tacto importa y se nota.
El maletero ofrece 405 litros, con buena forma y acabados cuidados. No destaca por su capacidad, pero cumple para un uso cotidiano. En las versiones con tracción total, como esta, el espacio se conserva sin penalización por baterías ni accesorios técnicos. Y sí, el respaldo se abate, aunque no hace milagros en cuanto a volumen extra.
Entre sus competidores, en buena lógica, están sus paisanos. El BMW Serie 2 Gran Coupé es el rival más directo: tracción delantera, estética cupé y motor transversal. Pero su interior no transmite el mismo refinamiento ni su sistema multimedia alcanza el nivel del MBUX. En dinámica pura quizá tenga algo más de carácter, más alma deportiva, pero el Mercedes es más cómodo y refinado.
El Audi A3 Sedán juega una carta más conservadora. Bien hecho, sí, pero menos emocionante. Su habitáculo es algo más sobrio y la conducción, más neutra. Es un coche que funciona muy bien, pero no enamora. El CLA tiene más personalidad y un diseño que sigue llamando la atención. Donde el Audi cumple, el Mercedes seduce.
El eléctrico arrasa en su categoría
Si nos vamos a la versión eléctrica, el Tesla Model 3 es el elefante en la habitación. Más rápido, más digital, más directo. Pero también más tosco en acabados, menos coherente como conjunto y con una curva de aprendizaje tecnológica que no todos desean recorrer. Además, el confort de rodadura del CLA sigue estando a otro nivel: un Mercedes siempre es un Mercedes, y eso se nota.
Y luego está el BYD Seal, que llega desde China con una ambición desbordante. Posee una gran autonomía, un buen precio, un equipamiento generoso y espacio en los asientos de atrás como para jugar un partido de fútbol sala. Pero aún le falta ese pulido final que distingue a los grandes de los que solo son buenos, que tampoco es fácil. Donde el CLA transmite solidez, el Seal todavía lucha por llegar a ese nivel. La experiencia prémium sigue del lado alemán.
Ahora bien, si se trata de eficiencia absoluta, la versión eléctrica lleva la delantera a todos. El CLA 250 Plus es un coche pensado para devorar kilómetros sin ansiedad. Su autonomía homologada roza los 800 kilómetros y, en condiciones reales, es capaz de superar con solvencia los 500 a ritmos altos. Usa una arquitectura de 800 voltios, carga a 320 kilovatios y emplea soluciones técnicas dignas de coches de gama muy superior. A cambio, es más pesado, menos ágil y menos emocionante en curvas. Pero para viajar, hoy por hoy, es uno de los mejores eléctricos que existen.
Precios correctos para ser un Mercedes
Los precios arrancan desde el entorno de los 44.000 euros, pero una configuración generosa puede acercarnos a los 60.000, y aquí los alemanes son unos maestros en incrementar el volumen de sus facturas. Pagas por lo que vale, pero has de rascarte el bolsillo si quieres ver todas esas virguerías del catálogo en tu nuevo coche.
Lo más notable es que Mercedes ha recuperado esa idea de coche bien hecho. No hay artificios ni elementos que sobren. Todo tiene una función, todo encaja. Y en un mercado donde la electrónica manda y los coches parecen gadgets hipervitaminados con inventos, pitidos y chirimbolos, encontrar algo que aún se sienta como un coche de verdad es casi una rareza.
Si el CLA eléctrico es una obra de arte tecnológica para los fugitivos de los hidrocarburos, el híbrido es un coche para los que quieren un poco más cuando se sientan al volante. Esto es lo que ha entendido el jurado del premio del coche europeo y por eso un Mercedes vuelve a calzarse una corona. Medio siglo han tardado en refinar su receta, y han acertado de pleno.
