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Motor

El Mercedes Clase S 2026 cambia para seguir marcando el camino a todos los demás

Los alemanes vuelven a escribir el guion que otros acabarán siguiendo

El Mercedes Clase S 2026 cambia para seguir marcando el camino a todos los demás

Mercedes Clase S 2026.

Lo tienen primeros ministros, mandatarios internacionales de todo tipo y pelaje, altos directivos de grandes compañías. En esencia, gente que alberga enormes cuotas de poder en sus bolsillos. Aunque hay más opciones, cuando van de un lado a otro, lo habitual es que lo hagan en un Mercedes. Y para ellos, la marca de Stuttgart ha renovado el tope de gama de los que demarcan los topes de gama: el Mercedes Clase S.

Hay coches que no cambian el mundo, pero marcan el paso a los demás. Si alguien necesita una pista de por dónde irán los próximos años del automóvil, basta con sentarse en la parte trasera del nuevo Mercedes Clase S. Si por fuera parece haber cambiado poco el último abanderado de la marca alemana, el S ha mutado en un 50% todo lo conocido. Se ha abierto en canal para seguir siendo el mismo.

Si miramos por delante, el frontal crece con una parrilla que no parece construida, sino edificada, de grande que es. Está flanqueada por miles de pequeñas estrellas que celebran el 140 aniversario de aquel histórico Benz Patent-Motorwagen. Si estas luces de microLED se alineasen, alcanzarían 600 metros. No hay un rediseño rupturista, sino una cirugía mayor, con más de 2.700 piezas nuevas sin cambiarle la cara.

Las proporciones siguen siendo de apartamento rodante con vistas: 5,3 metros en versión larga, con un inconfundible perfil de berlina. Sin embargo, bajo ese traje de etiqueta se esconde una dirección trasera que gira hasta 10 grados. Esta cualidad le hace girar como un compacto, al que añade unas suspensiones predictivas que se adaptan no a lo que pasa, sino a lo que va a pasar.

El habitáculo es un museo de lo que veremos en otros coches dentro de una década. La Superscreen sustituye a la antigua HyperScreen, y lo hace con menos teatralidad, pero más funcionalidad. Tres pantallas unidas por un cristal, con un asistente de voz que no parece de coche, sino de novela de ciencia ficción. Usa Bing, Gemini y ChatGPT para contestar. Y no se limita a responder: charla con los tripulantes de esta nave Nostromo. El S-Klasse escucha, recuerda y hasta toma notas para enviarlas por correo.

Los botones físicos han regresado. Mercedes, después de jugar con lo táctil hasta la extenuación, reconoce que la precisión del dedo no siempre gana a la certeza del clic. El volumen del equipo de sonido vuelve a tener una rueda. El control de crucero, su interruptor de balancín. Son gestos que devuelven el control al conductor, aunque este solo sea el chófer. Porque lo que importa, en este coche, es lo que ocurre en la parte trasera.

Detrás es donde el nuevo Clase S se convierte en experiencia. No hay que moverse demasiado, ni hablar fuerte, ni pelear con pantallas. Todo se acciona desde dos mandos extraíbles con forma de teléfono, colocados en una consola central de cuero y madera. Las mesas se despliegan como en un jet privado. Los cinturones llevan airbag y se calientan, igual que los posavasos. Estas virguerías no las hay ni en la mayoría de las casas. Si hay llamada, no se interrumpe: Zoom o Teams se abren desde las pantallas traseras con cámara integrada para realizar videoconferencias en marcha.

Mercedes ha entendido que sus clientes no conducen. Por eso ha hecho del asiento trasero una oficina… ¡y qué oficina! Los asientos masajean, ventilan, memorizan posturas y hasta vibran con el sistema de sonido 4D opcional firmado por Burmester. Entre ambos, una nevera para champán, aunque haya quien prefiera Coca-Cola Zero. En el respaldo de los asientos delanteros, pantallas de 13,1 pulgadas. Y en la atmósfera, una iluminación que responde al estado de ánimo o al ritmo de la música.

Si el cuerpo del coche es nuevo, el alma también ha cambiado. El motor estrella es el V8 biturbo de 4,0 litros, pero ahora con cigüeñal plano, una configuración más propia de un Ferrari que de un modelo salido de Stuttgart. Gana respuesta, pierde vibraciones y eleva su tono, algo que solo se percibe al escucharlo subir de vueltas. Entrega 530 caballos, suficientes para mover sus algo más de dos toneladas con la soltura de un atleta olímpico. De 0 a 100 en cuatro segundos.

Quien no requiera semejante coz en las arrancadas tiene la opción del seis cilindros, que sigue presente, ahora con 443 caballos. El diésel, contra todo pronóstico, permanece. Y el híbrido enchufable S 580e se convierte en la joya técnica de la gama. Con 100 kilómetros de autonomía eléctrica y 577 caballos combinados, representa el presente más realista para quien estima poseer la etiqueta Cero. Es más potente que el V8 y más limpio que cualquiera.

Cargamento de tecnología

El Clase S no quiere ser un coche del futuro. Quiere ser el coche que el futuro recordará. Por eso se han añadido 27 sensores, 10 cámaras externas y un ordenador —refrigerado por agua— que puede gestionar conducción autónoma hasta nivel 4 cuando la legislación lo permita. De momento, en 2026 funcionará con nivel 2+, capaz de frenar, girar y acelerar por sí mismo bajo supervisión. Se prevé que dentro de un año llegue la posibilidad de que te lleve de punto a punto: se introduce un destino y él te lleva.

En el apartado dinámico, Mercedes ha decidido que ningún bache será sorpresa. Gracias al sistema iDamping, el coche consulta en la nube información recopilada por otros Mercedes sobre badenes, baches y resaltos. Si uno se acerca, la suspensión se afloja justo antes y se endurece después. La cámara delantera ya no es suficiente: ahora se anticipa con datos de la flota. Se acabaron los sobresaltos.

El plan: dejar atrás a todos

Frente a sus rivales, la batalla está en los detalles. El BMW i7 presume de versión eléctrica total, pero su diseño no convence a todos. El Audi A8 parece vivir en su último acto, a la espera de una renovación que no acaba de llegar. El Bentley Flying Spur es otra liga, más artesanal, menos tecnológica, y el Lexus LS ya no es el icono que fue y necesita avanzar. En este panorama, el Mercedes Clase S se mantiene como referencia sin levantar la voz, pero deja claro que la corona es suya y no está dispuesto a cederla.

El Merc no es el coche más rápido, ni el más ligero, ni el más innovador, si se revisan las fichas técnicas. Pero es el único que logra que todas esas cosas convivan sin pelearse. Lo importante no es que tenga todo lo que ofrece. Lo importante es cómo lo ofrece. Porque en el Clase S 2026 todo sucede con naturalidad.

El Clase S 2026 parte en Alemania de 142.000 euros. A falta de precios confirmados en otros mercados, se espera una cifra similar en el resto de Europa. No es barato, pero en tiempos en los que los eléctricos asiáticos ofrecen cifras equiparables por menos de la mitad, Mercedes apuesta por algo que no se mide en euros: el estatus. No se trata de si lo puedes pagar, sino de si puedes permitirte no tenerlo.

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