La ONU denuncia que 18 manifestantes han muerto en las protestas en Birmania

Política y conflictos

La ONU denuncia que 18 manifestantes han muerto en las protestas en Birmania
Foto: | Reuters

Al menos 18 personas personas han muerto este domingo en Birmania durante la represión de manifestaciones de protesta contra el golpe militar, según ha denunciado la ONU.

En contexto: miles de birmanos han salido a las calles de la antigua capital y otras ciudades a lo largo de país a pesar de la represión policial de la víspera, que arrojó un balance de al menos una mujer herida de bala en Monywa y cientos de detenidos a lo largo de la nación. La Policía ha usado también este domingo balas de goma, gas lacrimógeno y granadas aturdidoras contra los manifestantes.

Además de las 18 personas que han muerto, 30 han sido heridas en la represión policial y militar de las protestas pacíficas que  contra el golpe de Estado en Birmania, ha denunciado la ONU. «En varios lugares en todo el país, fuerzas policiales y militares se han enfrentado a manifestaciones pacíficas utilizando la fuerza letal», dice un comunicado la Oficina de la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet.

La Oficina de Bachelet también ha denunciado que solo este domingo se han detenido al menos 85 profesionales médicos, estudiantes y siete periodistas que estaban en las protestas. En el mes de manifestaciones se calcula que más de 1.000 personas han sido detenidas de forma arbitraria e ilegal, y que entre ellos hay varios responsables políticos, activistas, miembros de organizaciones de la sociedad civil, periodistas y profesionales médicos.

Según las informaciones recogidas por este organismo, las muertes han ocurrido como resultado de los disparos contra manifestantes en Rangún, Dawei, Mandalay, Bago, Pokokku y Myeik.

Imágenes difundidas en directo en las redes sociales mostraban a las fuerzas de seguridad utilizando gases lacrimógenos contra la muchedumbre en Rangún y cañones de agua en la ciudad de Mandalay, más al norte.

Una ola de protestas sacude el país desde el golpe militar que derrocó a la dirigente civil Aung San Suu Kyi el 1 de febrero. Las autoridades han ido aumentando gradualmente el uso de la fuerza para dispersarlas, incluso con munición real.