El Año Franco acaba en el Plus Ultra
«Es imposible que volvamos a tener (cuando se haya ido) un presidente con la mediocridad y la calaña de Sánchez»

Pedro Sánchez. - Archivo
1. Tolerancia cero con la corrupción, dice el Gobierno. El mismo Gobierno cuya primera medida cuando THE OBJECTIVE la destapaba fue llamarlo «The Ojete».
2. Mensaje de un amigo filósofo: «Impresionante lo del PSOE. Pero desde el plagio de la tesis todo ha sido una deducción axiomática».
3. Es imposible que volvamos a tener (cuando se haya ido) un presidente con la mediocridad y la calaña de Sánchez. Pero su daño es irreversible. No hablo ya del daño institucional, ni del daño al ambiente (este envilecimiento, este embrutecimiento), sino del daño en mí (también fatalmente envilecido y embrutecido): este desprecio que me ensucia por mis compatriotas, que lo han aupado y consentido en el poder. Y no digamos mi desprecio por los escritores, intelectuales y gente del mundillo periodístico-cultural que lo han defendido o que han callado. Ya no podrá haber por mi parte convivencia, sino todo lo más conllevancia. ¡Yo que me jactaba de tratar con todo el mundo, porque la política me parecía algo secundario! Y me lo sigue pareciendo. Solo que con Sánchez se ha producido un contagio moral. Y en este caso lo personal se implica. Lo personal no siempre es político, pero sí es siempre moral.
4. Es muy goloso hablar de «puteros y acosadores», asimilando a Ábalos con Salazar (presuntamente); pero los primeros no hacen nada sin el consentimiento de la mujer. Siempre que esta no ejerza la prostitución obligada, claro está. Porque ese es el quid de la cuestión: hay que perseguir (¡a muerte!) la trata, no el ejercicio voluntario. Quienes mezclan lo uno con lo otro enturbian el asunto por una proyección ideológica, o puritana. Y no ayudan a evitar ni a castigar la verdadera agresión.
5. El carácter shakespeariano de Juan Carlos I lo supo ver Boadella en El rey que fue, con Fontserè en su memorable interpretación. Un rey en el ostracismo, sin padre y sin hijo: una vida suspendida en nada, con un trazo histórico firme y extraviadas volutas. En este sentido, resulta entre trágico y grotesco el vídeo que ha hecho con el croma de la bandera de España detrás, como una parodia banal de su escenificación del 23-F. Sánchez es también un personaje trágico y grotesco. Al margen de su ambición de poder (narcisista, vacía), hay un hilo cálido: su protección a su mujer, a su hermano, a su amigo Salazar. Por este puede que acabe como el rey Penteo en Las bacantes de Eurípides: descuartizado (simbólicamente) por las mujeres de su propio partido.
6. En estas situaciones envilecidas y embrutecidas es muy difícil encontrar el tono adecuado; es decir, la crítica serena, racional, sin incurrir en energumenismo (¡algo de lo que no estoy libre, por mi carácter caliente!). Trapiello lo ha conseguido. En su último libro, Próspero viento, narra su trayectoria política, sin énfasis, en paz. Con la crítica indispensable. Mantiene el tono en las entrevistas, como la que le ha hecho Manuel Sollo, y en las presentaciones, como la de esta semana con Miriam Moreno en Madrid.
7. También tenía el tono adecuado, aunque falaz bajo Sánchez, Muñoz Molina. Ha defendido a este Gobierno (y atacado a la oposición), por lo que no es admisible su falta de crítica, que sería inevitablemente de autocrítica, con lo que está pasando; con lo que lleva demasiado tiempo pasando. Desde el punto de vista intelectual, ha sido el gran damnificado del sanchismo. Tal vez porque era de los pocos que tenían un prestigio que perder.
8. Después de todo, no le ha salido mal a Sánchez el Año Franco. Acaba donde tenía que acabar: en el Plus Ultra.
