The Objective
Fotomatón

La banda de los cuatro y allegados

«¿Puede una fiscal general comprender un delito y admirar a un delincuente?»

La banda de los cuatro y allegados

Teresa Peramato en la toma de posesión.

El Mundo publicaba el viernes una foto notable en la toma de posesión de la fiscal general del Estado, Teresa Peramato. Es un fotomatón que muestra en todo su esplendor a la banda de los cuatro en la justicia española: el ministro que tolera y el fiscal general delincuente que lo abraza con la mano izquierda en el riñón y la derecha agarrándolo por el hombre. Bolaños corresponde agarrando al fiscalone por los brazos y con una evidente risotada. Es un saludo de complicidad macho, de esa que solo se adquiere tras haber ido de putas juntos. No digo que lo hayan hecho, aunque los estándares éticos del partido lo habían tolerado en la práctica para muchos otros dúos de milicia como este, a pesar de que Carson McCullers ya había advertido de que el corazón es un cazador solitario. Las dos mujeres les miran complacidas y sonrientes, antecedente y consecuente del homenajeado en la Fiscalía General: Dolores Delgado y la sucesora Peramato, que manifestó su respeto y admiración por dos Alvarone y afirmó que todos sus predecesores habían dado lo mejor de sí mismos en la Fiscalía. Lola Delgado también lo había dado todo en el Ministerio de Justicia, siendo la ministra más veces reprobada por el Congreso de los Diputados.

¿Puede una fiscal general comprender un delito y admirar a un delincuente? Concepción Arenal hizo suya una máxima que no es exactamente lo mismo: «Odia el delito y compadece al delincuente». Lo de Teresa Peramato después de la condena de la Sala Segunda equivale a afirmar que el Tribunal Supremo ha prevaricado, o sea, que ha dictado a sabiendas una resolución injusta. Mientras, la cohorte opinadora de Sánchez en el partido, en los medios y también algunos en el mundo jurídico, no olvidemos a Javier Pérez Royo o a Martín Pallín incurrían en lo que uno bautizó como prevaricación intelectual, vicio de comportamiento que consiste en decir chorradas a sabiendas.

Es la tentación del mal que vence inevitablemente a todos los socialistas del nuevo régimen. Sus socios preferentes son los enemigos jurados de la Constitución: golpistas catalanes, terroristas vascos y afines. Una muestra de ello es que el Gobierno y, en su nombre, Ángel Víctor Torres han reconocido como víctimas a Ángel Otegi Etxeberria y a Juan Paredes Manot, dos terroristas de ETA fusilados el 27 de septiembre de 1975 y ha ‘anulado’ la sentencia.

Los consejos de guerra del franquismo no eran un instrumento ejemplar de la justicia. Los de aquel verano del 75 fueron de una arbitrariedad notable, empezando por aplicar con efecto retroactivo el decreto-ley 10/1975, de 26 de agosto, sobre Prevención del Terrorismo que no estaba vigente en el momento de la comisión de los hechos: El asesinato de Gregorio Posada el 2 de marzo del 74, el de Díaz Linares el 29 de marzo del 75 y el de Ovidio Díaz el 6 de junio del mismo año.

Es una decisión completamente inane, en cuanto que no tiene ningún efecto. Cuento entre mis amigos con un condenado a dos penas de muerte en el famoso proceso de Burgos: Teo Uriarte Romero. Alguna vez he hablado de esto con él y Teo no querría que anulen el consejo de guerra que lo condenó. Se conforma con que no lo fusilaran. Pero además de ser una estupidez, es una decisión bastante asimétrica: no han anulado los actos de los fusilados que dieron lugar a su condena: los asesinatos del subinspector José Díaz Linares  y el cabo de la Policía Nacional, Ovidio Díaz López, cometidos ambos por Txiki, el primero en San Sebastián y el segundo durante el atraco a la sucursal del Banco Santander de la calle Caspe en Barcelona. Tampoco ha habido ninguna declaración del Gobierno para rescatar el honor del cabo Gregorio Posada Zurrón, de cuyo asesinato fue cómplice Otegi.

Ovidio Díaz López tenía 31 años y su mujer estaba a punto de tener su primer hijo. Esa criatura habrá cumplido 50 años, pero nunca ha salido a la luz ni nos ha contado lo que le quitaron antes de nacer, mientras los abogados de Txiki y su hermano Mikel, sus albaceas, se han explicado en multitud de ocasiones sobre el acto que acaba de anular este Gobierno de genios.

Las dos líneas de conducta dominantes en el PSOE, corrupción y abuso sexual se contemplan en artículos distintos del Código Penal, han venido a confluir venturosamente en Rebeca Torró, heredera de Ábalos y Cerdán en la Secretaría de Organización del partido, que tenía una estrecha relación con Paco Salazar, el acosador de la Moncloa. Claro que nada de esto puede echar para atrás al yerno de Sabiniano, un cafiche ejemplar de la vida política española.

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