2026, el año de Miriam González
«Harta del circo tóxico en que se ha convertido la política, ha decidido plantar cara con su plataforma España Mejor»

Miriam González en la sede de TO. | Carmen Suárez
Cuando el reloj de la Puerta del Sol dio las doce campanadas del pasado fin de año, muchos brindamos por un 2026 esperanzados en que será mejor que el anterior. No porque los astros se alineen de forma mágica ni porque las uvas traigan suerte extra, sino porque hay proyectos que nacen con la fuerza de lo inevitable, como un año nuevo que arranca limpio de resacas pasadas. Y en el centro de esa esperanza política está Miriam González, la abogada vallisoletana que, harta del circo tóxico en que se ha convertido la política española, ha decidido plantar cara con su plataforma España Mejor.
Miriam no es una recién llegada al ruedo político. Es la mujer de Nick Clegg, aquel exvicepresidente del Gobierno británico que lideró a los liberales en su coalición con los conservadores. Pero Miriam es mucho más que «la esposa de». Abogada de comercio internacional, y especialista en Derecho de la Unión Europea. Ahora, con España Mejor, asociación lanzada en 2023, quiere hacer lo mismo con nuestro país: limpiarlo, oxigenarlo, hacerlo potable.
Porque, admitámoslo, la política española actual es como la peor resaca que pueda dejar una larga Nochevieja: dolor de cabeza, náuseas y la sensación de que ayer bebimos algo que no debíamos. Polarización, trincheras, insultos que vuelan como confeti envenenado. Los partidos se han convertido en clubes cerrados donde el poder se reparte entre aparatos y oligarquías, lejos del pueblo que supuestamente representan. Miriam González lo ha dicho claro en entrevistas y actos por toda España: hay una brecha enorme entre la ambición del país, ese talento individual y empresarial que nos hace grandes, y la mediocridad de nuestra clase política. España Mejor no es un partido (aunque los rumores de que podría convertirse en uno corren como la pólvora), sino una lanzadera de propuestas desde la sociedad civil. Un espacio abierto, plural, donde unirse para exigir lo básico: ética, transparencia y escucha real al ciudadano.
El corazón del proyecto es un código ético ambicioso, con propuestas concretas para controlar a los partidos y hacerlos más democráticos. Imaginen una normativa que obligue a justificar cada movimiento, cada nombramiento, cada contrato. Eliminar aforamientos innecesarios, prevenir conflictos de intereses, publicar currículos de asesores, tratar a los medios y ciudadanos con respeto. Que los partidos rindan cuentas al pueblo, no solo cada cuatro años en las urnas, sino día a día. Que la soberanía vuelva a quien verdaderamente la ostenta: la ciudadanía. Es como abrir las ventanas de una casa cerrada durante años, dejar entrar aire fresco y barrer el polvo acumulado desde la Transición, cuando se concentró tanto poder en manos de los aparatos partidistas que ahora parecen impermeables a todo lo que implique cederlo.
Y aquí viene la comparación con este año nuevo. El uno de enero siempre trae propósitos que se van desvaneciendo según pasan los días: ir al gimnasio, hacer dieta, leer los libros pendientes, promesas de ser la mejor versión de uno mismo. Sabemos que muchos propósitos se evaporan en febrero, pero el ritual nos renueva. España Mejor es eso para la política: un proyecto nuevo que arranca con la ambición de limpiar el que debería ser el oficio más noble, y convertirlo en algo digno. No tóxico ni sectario, sino participativo e innovador. Miriam recorre España presentando estas ideas, ganando adeptos en círculos empresariales y entre ciudadanos cabreados con el statu quo. Insiste en un patriotismo moderno, inclusivo, que desmonte populismos de derechas e izquierdas.
Claro que hay escépticos. Dirán que es ingenua, que los partidos no cederán poder tan fácilmente, que la polarización es un negocio rentable para muchos. En un país donde la corrupción ha sido el péndulo entre los gobiernos del PP y el PSOE, donde los jóvenes emigran desencantados, iniciativas como esta son oxígeno puro. Miriam no pide que le creamos a ciegas; pide acción colectiva. Que dejemos de quejarnos en la barra del bar y contribuyamos con ideas pragmáticas. Que los partidos le las propuestas, como ella misma dice con sorna, porque el éxito será que se implementen.
2026 podría ser el año en que Miriam González se consolide como la figura que necesitaba España: una mujer con experiencia internacional, sin mochilas ideológicas pesadas, dispuesta a regenerar desde abajo. Como ese uno de enero que promete renovación, su plataforma nos invita a borrar la pizarra y escribir un guion nuevo. Uno donde la política sea un oficio limpio, controlado por el pueblo, justificado en cada paso. Proyectos frescos como España Mejor, pueden ser muy estimulantes para luchar contra esa resaca perpetua que dejan desde hace años nuestra clase política, especialmente el sanchismo, que dan tantas ganas de arrancarse la cabeza, como de decapitar a ese monstruo.
