El delfín de Año Nuevo
«Y el día 3, la caída del dictador Maduro en Venezuela por el ataque de Trump. Noticia buena y mala al mismo tiempo»

Primera imagen de Nicolás Maduro detenido.
1. El 1 de enero un delfín gigante quedó varado en una playa malagueña, la de Puerto Marina. En vez de atacar al «monstruo», como quizá habrían hecho antiguamente, los vecinos lo ayudaron a volver al mar. Emplearon tres horas en ello. Buen augurio para el nuevo año. He recordado que Antonio Machado contaba en el Juan de Mairena algo que les ocurrió a sus padres: se encontraron cuando acudieron, con la muchedumbre, a asomarse al Guadalquivir para ver unos delfines que habían remontado el río hasta la Torre del Oro. «Fue una tarde de sol», concluye Mairena/Machado, «que yo he creído o he soñado recordar alguna vez».
2. Mi año comenzó con la preparación de mi agenda y mi cuaderno, a la música de un disco: Secrets, de Herbie Hancock, en el que mi favorito es un tema de estupendo rollo: Gentle thoughts. Hace mucho que paso de los valses vieneses y los saltos de esquí, ese reverso supuestamente prestigioso de las sórdidas campanadas, a las que, sin embargo, sí asisto por no montar el numerito familiar: trago con las uvas. En algún momento de la mañana inaugural abrí la prensa aterrorizado por las primeras bofetadas efectivas de 2026. Y ahí estaban las «decenas de muertos» en el incendio de la fiesta de Nochevieja en Suiza. El fuego lo desataron, parece, botellas de champán con bengalas.
3. Los totalitarios de Izquierda Unida, con el bienintencionado Maíllo a la cabeza, celebran el 67º aniversario de la dictadura cubana. A la que no llaman así: asumirlo les impediría dar lecciones, como hacen en España todo el santo día, de democracia. Y el día 3, la caída del dictador Maduro en Venezuela por el ataque de Trump. Noticia buena y noticia mala al mismo tiempo. Por lo primero y por lo segundo, respectivamente. Así somos los complicaditos procedimentalistas. Pero, claro, con nosotros nunca se hará nada: ¡lo asumimos con deportividad! Aunque me alegro por la alegría de los amigos venezolanos en el exilio.
4. Fenomenal respuesta, exquisitamente razonada, de Manuel Toscano en Letras Libres a los apretaos del voxismo que abogan por un catolicismo incompatible con el liberalismo. Toscano no se ocupa de la religión («doctores tiene la Iglesia»), sino de perfilar el liberalismo, deshaciendo malentendidos. Me ha impresionado esta caracterización exacta del constitucionalismo liberal: «la separación de poderes, la independencia judicial, el Estado de derecho, el parlamentarismo, las libertades individuales, los derechos de las minorías y el pluralismo». Me ha impresionado porque, de esos siete puntos, cinco los incumple, los adultera o los tensiona Sánchez. Ese Sánchez del que no se bajan las cheerleaders del sanchismo, que llevan semanas ocupándose solo de política internacional: ¡Trump! Con la de puntos que el patán estadounidense comparte con su idolatrado…
5. Sabía que Venecia. Un asedio en espiral de Ignacio Jáuregui (Athenaica) iba a ser bueno, pero resulta que es aún mejor. Imponente libro, escrito con la precisión, la ductilidad y la belleza de un poseedor de oído absoluto para la prosa. Pensaba dejármelo para cuando fuese a Venecia, en la que nunca he estado, pero lo empecé y de pronto estuve en Venecia y no la quise dejar: Jáuregui la recrea y nos la pone delante en sus páginas (que incluyen fotos). Ayudan las palabras italianas de lugares y otros elementos, tan estimulantes, pero sobre todo su narración apasionada. Es la obra de una vida y se nota, y lo transmite. No sé cuándo iré a Venecia de una vez, pero ya sé que lo primero que pondré en mi equipaje será Venecia. Un asedio en espiral, para leerlo de nuevo allí.
