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Se cayó de Maduro

«Quien atacaba a Venezuela era Nicolás Maduro y, antes que él, el coronel Hugo Chávez Frías»

Se cayó de Maduro

Nicolás Maduro. - Archivo | Zuma Press

Hace seis años escribí una columna en forma epistolar a Pedro Sánchez, en tanto que cómplice de la dictadura bolivariana que ejercía en Venezuela Nicolás Maduro. Digo «ejercía» porque el nuevo año nos ha traído una nueva evidentemente buena: la noticia dada por el presidente de EEUU de que el dictador Maduro ha sido detenido en compañía de su mujer y ambos están fuera del país.

Claro que para gustos están los colores. La televisión pública española emitió en su canal 24h una infame tertulia cuyo título genérico en una omnipresente cinta era «EEUU ataca Venezuela». También titularon así Onda Cero y El Correo. Error. Quien atacaba a Venezuela era Nicolás Maduro y, antes que él, el coronel Hugo Chávez Frías. Estados Unidos o, por decirlo con más propiedad, su presidente, ha intervenido en su defensa, en favor de la libertad de los venezolanos frente al tirano.  

Por eso habría que matizar unos versos de Pablo Neruda sobre el final de la dictadura de Pérez Jiménez, que se mantuvo desde 1952 hasta 1958: «Hasta que por las calles de Caracas/ las bocinas se unieron en el viento/ se rompieron los muros del tirano/ y desató su majestad el pueblo». Y remataba Neruda: «Lo demás vuelve a ser nuevo y antiguo/ historia igual de nuestro triste tiempo:/ hacia Miami el majestuoso sátrapa/ corrió como sonámbulo conejo:/ allí tiene palacio y lo esperaba/ el Mundo Libre con los brazos abiertos».

¿Saben quién era un rendido admirador de Pérez Jiménez? El dictador Hugo Chávez Frías. «Caramba, qué coinsidensia», que dirían Les Luthiers. El modelo había llegado a general de división, su admirador a coronel y Nicolás Maduro era conductor de autobús, una elocuente gradación inversa. Pérez Jiménez ya había intentado golpes de Estado contra Medina Angarita y Rómulo Gallegos. Yo me equivoqué con Neruda al tomar sus versos por una predicción: Maduro no ha caído por empuje de la majestad del pueblo, sino justamente por la acción del mundo libre, que satiriza el poeta chileno. Donald Trump, personaje con los encantos muy tasados, nos ha librado del sátrapa venezolano, aunque no parece tener grandes planes para María Corina Machado. De momento nos ha quitado de encima, como tantas veces nos ha echado una mano contra el mal, pensemos en la Segunda Guerra Mundial, aunque esto no forme parte de la memoria de la izquierda. La izquierda tampoco se dio cuenta de que en Ruanda estaba pasando algo mucho más parecido a lo que hoy denuncian en Gaza. Aquello sí era un genocidio. Lo contaba muy bien en sus memorias Paul Rusesabagina, el director del hotel Ruanda en Kigali, que clavó el origen del desastre: «Un día pasaron los belgas midiéndonos el ancho de la nariz. Así empezó todo». Pero eran los belgas y no los americanos. Por eso, aquellos 94 días de 1994 pasaron desapercibidos para la buena conciencia europea.

Se calcula que Graciela Chávez, hija del dictador fallecido en 2013, acuñó una fortuna de 4.000 millones de dólares, «por fuera charreteras y medallas/ propiedades y dólares por dentro», esto sí lo había previsto bien Neruda y lo ha sabido adaptar a su patrimonio y a sus hijas, José Luis Rodríguez Zapatero.

Era una buena ocasión para que Monedero volviera a repetir aquel lamento con el que saludó la enfermedad de Chávez: «He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos». Ione Belarra, criatura, ha pedido o exigido al Gobierno español la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, iniciativa que contaba con el respaldo de su otra yo, Irene Montero. Esto proclama el talante moderado de las niñas de El resplandor, que se conforman con la ruptura de relaciones. No se había visto otra desde que La Codorniz propuso en su portada declarar la guerra al Reino Unido en 1959.

Ha sido un gran comienzo para 2026. Sánchez se ha expresado, tal como suele, con esa unidad de pensamiento que es el tuit y también, como acostumbra, ha dicho una cosa y su contraria. No ha celebrado la detención del dictador, pero al mismo tiempo ha evitado condenar la intervención militar de Estados Unidos y «recuerda que no ha reconocido los resultados de las elecciones de julio de 2024» en los que Nicolás Maduro se autoproclamó vencedor. Esta especie de presidente que tenemos se ha ofrecido como mediador para negociar «una solución pacífica». No sé, pero no me da la impresión de que Trump esté buscando afanosamente un mediador. Le va a bastar un tribunal. Mientras, Rodríguez Zapatero debe de estar sintiendo alguna comezón.

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