Pensiones 2026: la «justicia social» como insulto
«El socialismo, en nombre de la ‘justicia social’, premia con un aumento de más del doble a los que no cotizaron lo suficiente»

Ilustración de Alejandra Svriz.
En el último Consejo de Ministros del año pasado, el Gobierno aprobó la revalorización de las pensiones para 2026. Las contributivas subirán 2,7%, porque esa fue la inflación media de los 12 meses anteriores. Las pensiones mínimas aumentarán 7%, mientras que las no contributivas y el ingreso mínimo vital lo harán 11,4%.
Una vez más, el sanchismo-leninismo rompe la igualdad ante la ley, discriminando arbitrariamente entre grupos de ciudadanos. Además, lo hace de manera perversa: cuanto menos se aportó al sistema, mayor resulta el incremento.
No es una práctica nueva, pese a que el sistema está quebrado. Ya en tiempos de Rajoy se decidían aumentos mayores para las pensiones mínimas, aunque de forma más moderada.
Desde 2023, Pedro Sánchez exacerbó esta práctica injusta, intentando revertir su creciente debilidad política. A lo largo de los ocho años de sanchismo, incluyendo los aumentos recién decididos, las pensiones contributivas, es decir, las de aquellos que se jubilaron tras décadas de contribuir al sistema, acumulan un incremento de 26,1%. Las no contributivas, es decir, las de aquellos que no alcanzaron a contribuir el mínimo exigido por ley, muestran una subida acumulada de 61,2%.
Sí: el socialismo, en nombre de la «justicia social», premia con un aumento de más del doble a los que no cotizaron lo suficiente.
En junio de 2018, cuando Pedro Sánchez entró a la Moncloa por la ventana y mintiendo (decía llegar para «regenerar la democracia»), la pensión no contributiva equivalía al 40% de la pensión media. Ocho años más tarde, supone el 51%. Si ambas magnitudes siguieran subiendo al mismo ritmo medio que lo hacen desde 2018 (2,9% anual las primeras y 6,2% las segundas), dentro de 22 años se igualarían: sería lo mismo haber aportado o no.
La realidad es aún peor. Porque el mayor incremento acumulado corresponde a quienes perciben el ingreso mínimo vital, esa iniciativa del comunista Pablo Iglesias que el empobrecedor ministro José Luis Escrivá ejecutó con gusto (recuerde, amigo lector, que el mayor pellizco que le hacen a su salario bajo el nombre de «Mecanismo de Equidad Intergeneracional», fue un invento de ese mismo ministro, que ahora pontifica desde el Banco de España). Desde 2020 hasta ahora, la subida anual media del IMV es de 7,8%, casi el triple que el de las pensiones contributivas. Un verdadero insulto.
¿Qué habría que hacer? Lo único coherente con la igualdad ante la ley y la limpieza democrática, es que todos los pensionistas reciban el mismo incremento. Mientras la recaudación por cotizaciones sociales no alcance para pagar las pensiones (mientras el sistema esté en rojo), ese incremento anual debería ser igual a la inflación media o al incremento del salario medio, lo que fuera menor.
En otras palabras: si los asalariados (los que pagan las pensiones actuales) ganan poder adquisitivo, los pensionistas podrán mantener la capacidad de compra de las pensiones. Pero si aquellos lo pierden, los pensionistas obtendrían un aumento igual que el de quienes trabajan en relación de dependencia. Esta fórmula sencilla serviría para desactivar gradualmente la bomba de tiempo que crearon los socialistas de todos los partidos, al mismo tiempo que haría que el incremento de las pensiones fuera coherente con la realidad del mercado laboral. No es razonable que los pensionistas reciban incrementos mayores que los que financian sus ingresos.
La demagogia es el principal criterio con el que ahora se deciden los aumentos de las pensiones. Es un juego injusto, empobrecedor y peligroso: la farsa de la «justicia social» se financia con deuda pública. Hay que terminar con esta tendencia igualadora que discrimina contra el que contribuyó y premia al que no lo hizo. Aunque tal vez sea exactamente ese el objetivo final: todos cobrando lo mismo, como forma de castigar a quienes buscaron elevarse por sobre la mediocridad socialista.
