Ilia Topuria, un padre luchador
«Un hombre es quien defiende a su hija con más determinación y energía que un título de la UFC con una bolsa millonaria»

El luchador Ilia Topuria.
En el octágono, Ilia Topuria es un depredador implacable, un atleta con la precisión de un cirujano para noquear a sus rivales con la misma seguridad con la que defiende sus valores fuera de él. El hispano-georgiano, doble campeón de la UFC, invicto en 17 peleas profesionales, representa esa rara combinación de talento brutal y disciplina férrea que eleva el deporte a categoría de epopeya. Pero más allá de sus KOs fulminantes, Topuria encarna la cultura del esfuerzo, ese principio antiguo que parece desterrado en tiempos de atajos y victimismos.
Y es que Topuria no sólo pelea con sus puños, sino también con sus principios. Siempre ha proclamado que su familia es el pilar de su vida. Esa familia tradicional que él defiende con orgullo y honestidad. En varias entrevistas ha dejado claro que sus hijos son lo más importante, y que Dios y la familia guían sus pasos. Valores que suenan a otro tiempo, pero que él defiende con el ejemplo.
El pasado sábado Ilia escribió un nuevo comunicado en sus redes sociales. Topuria lleva cuatro meses sin ver a su hija pequeña, Giorgina, una niña de año y medio que comparte con su expareja Giorgina Uzcategui. Él mismo ha confesado que ha intentado en numerosas ocasiones reencontrarse con ella, pero que la madre de la niña se lo ha impedido. Fue él quien presentó la demanda de divorcio, un proceso civil que debería ser privado, pero que ha derivado en una batalla judicial donde la menor se ha convertido, según su versión, en rehén de unas pretensiones económicas desmedidas. Tras rechazarlas, llegó la denuncia por presuntos malos tratos, que Topuria niega rotundamente, aportando pruebas de lo que califica como intento de extorsión.
La citación judicial del próximo 7 de enero en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Móstoles no es, como algunos titulares sensacionalistas han insinuado, por un delito de violencia de género en sentido penal. Topuria lo ha aclarado con firmeza: se trata de un asunto administrativo familiar, relacionado con un viaje al extranjero de su hija. Nada más. Pero el daño ya está hecho: la niña alejada de su padre durante meses, utilizada como instrumento de presión.
El feminismo, que se dice defensor acérrimo de las mujeres y las niñas, ¿dónde queda cuando una niña es privada del contacto con su padre para herirlo en lo más profundo? ¿Acaso la defensa de la infancia y el feminismo son antitéticos? Porque si el objetivo es proteger a las mujeres, ¿por qué silenciar casos donde una menor es el daño colateral en una disputa adulta? Topuria, con su comunicado, no solo defiende su inocencia, «jamás he ejercido violencia contra nadie», sino que expone una hipocresía que muchos callan por miedo a ser tildados de machistas. Él, que en el octágono golpea con contundencia y acierto, recibe fuera de él un golpe bajo donde más duele, en su paternidad.
Pero Ilia no se rinde. Como en sus peleas, donde siempre ha acabado por imponerse gracias a una paciencia y una inteligencia igual de importantes que su pegada, confía en que el tiempo hará que «la verdad prevalezca». Y es que lo tiene todo documentado para su defensa: audios, mensajes, testimonios. Porque él sabe qué en la lucha, como en la justicia, lo que cuenta son los hechos. No las narrativas intoxicadas ni las presiones. Topuria representa el trabajo duro, que valora la familia tradicional sin complejos, que no se doblega ante chantajes. En un país donde el esfuerzo a menudo se penaliza y el victimismo se premia, el hispano-georgiano se convierte en un ejemplo muy necesario.
Elogio a Ilia Topuria no sólo por sus cinturones, por su récord inmaculado, por haber puesto a España en lo más alto de las artes marciales mixtas a nivel mundial, sino por su entereza encajando el golpe más duro, que no vino de un rival en el octágono, sino de quien consideraba la mujer de su vida. Porque un hombre es quien defiende a su hija con más determinación y energía que un título de la UFC con una bolsa millonaria. Topuria volverá este 2026 a combatir con su misma fuerza de siempre. Y ojalá vuelva pronto a abrazar a su hija. Porque ningún título mundial podrá sustituir ese momento. Enhorabuena, Ilia, no por ser el mejor en tu deporte, sino un padre que no se rinde.
