Análisis a Jiménez Losantos
«En una España polarizada, su programa es un refugio para quienes ven en esta izquierda posmoderna una amenaza»

Federico Jiménez Losantos. | Carmen Suárez
En el ecosistema mediático español, donde las ondas radiofónicas se convierten en trincheras ideológicas, pocos nombres resuenan con la fuerza y la persistencia de Federico Jiménez Losantos. Su programa, Es la Mañana de Federico, emitido en esRadio desde 2009, no es solo un espacio informativo, es un ritual matutino para miles de oyentes que buscan en su voz una mezcla de análisis incisivo, ironía afilada y, por qué no decirlo, una dosis de provocación que despierta más que el café. En esta analítica, me propongo diseccionar no tanto al hombre, aunque sea inevitable, sino su labor al frente de ese buque insignia de la radio liberal-conservadora.
Para contextualizar, recordemos que esRadio nació como un acto de rebeldía. Jiménez Losantos, tras su salida de la COPE por discrepancias con la jerarquía eclesiástica, fundó esta emisora junto a figuras como Luis Herrero y César Vidal. Es la Mañana de Federico se erige como el eje central, ocupando las horas de mayor audiencia: de 6 a 12 de la mañana, de lunes a viernes. En un país que desayuna en ese tramo horario, Federico irrumpe con su genio aragonés, ese que evoca las tierras duras de Orihuela del Tremedal, para sacudir la somnolencia colectiva. Su rol no es el de un locutor neutral, es el de un gladiador verbal que disecciona la actualidad con bisturí y, a veces, con hacha.
El programa se estructura en bloques que revelan la versatilidad de Jiménez Losantos como maestro de ceremonias. Comienza con un monólogo editorial donde el anfitrión desgrana los titulares del día. Aquí, su labor es la de un analista sin filtros. No informa, interpreta. Por ejemplo, en emisiones recientes, ha cargado contra el Gobierno de Pedro Sánchez, tildándolo de «chavismo importado» o criticando el rescate a la aerolínea Plus Ultra. Su lenguaje es directo, a menudo hiperbólico, «la mafia y el cártel se instalan en España», pero respaldado por datos y referencias periodísticas.
Más tarde profundiza en el análisis con colaboradores como Rosana Laviada, su mano derecha en la parte más política del programa. Aquí, Jiménez Losantos ejerce de moderador, pero su impronta domina. Pregunta, interrumpe, corrige. Su experiencia —licenciado en Filología Hispánica, exmilitante de izquierdas reconvertido al liberalismo— le permite tejer conexiones que dan luz a la información. Su rol es nuclear. Transforma el debate en un espectáculo intelectual, donde la erudición se mezcla con el sarcasmo. Sus fieles le celebran, y sus detractores lo acusan de manipulador. Pero, ¿acaso no es eso la radio de opinión? En un país donde la neutralidad es una quimera, Federico encarna la honestidad brutal.
La tertulia central, alrededor de las 9, es el corazón del programa. Con invitados como Eduardo Inda, Francisco Marhuenda o Alejo Vidal-Quadras, Jiménez Losantos orquesta un coro de voces afines, aunque no exento de discrepancias. Su labor aquí es la de un director de orquesta que deja espacio, pero impone el ritmo. Analiza temas como la corrupción en el PSOE, «corrupción y acoso sexual, el día a día del partido de Sánchez», o la inmigración, siempre desde una perspectiva crítica con el «multiculturalismo forzado».
Otro puntal del programa es la «Crónica Rosa», un segmento más ligero, pero de los favoritos de los oyentes. Con Isabel González como colaboradora principal, Federico se adentra en el cotilleo, pero siempre con un giro sociológico. Aquí, su labor es amenizar y desdramatizar la actualidad, atrayendo a un público más amplio. Es un respiro en medio de la intensidad informativa.
Un servidor coincide en algo con Federico. Un amor por el Real Zaragoza difícil de explicar. Una enfermedad como cualquier otra, pero esta, terminal. Un cielo blanco y azul donde las nubes tapan una claridad del cielo hace tiempo olvidada. Un sentimiento de primera división en una realidad de segunda, y no solo en lo deportivo, sino en la política nacional.
En suma, la labor de Jiménez Losantos en Es la Mañana de Federico es la de un catalizador. No busca consenso, sino la verdad, o al menos su versión de ella. En una España polarizada, su programa es un refugio para quienes ven en esta izquierda posmoderna una amenaza. Con medio siglo trabajando en los medios de comunicación, Federico encarna la resiliencia. En una democracia tan dictatorial como la nuestra, toda voz disidente como la de Federico es un soplo de aire fresco. Esta analítica concluye que Jiménez Losantos es un profesional que, micrófono en mano, defiende una España liberal, lejos de lo políticamente correcto. Y eso, en estos tiempos, es algo más necesario que nunca.
