The Objective
Crónicas del caos

Feijóo: no metas la pata con Venezuela

«El Partido Popular acumula desde hace años una tentación desastrosa: la multiplicidad de voces»

Feijóo: no metas la pata con Venezuela

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.

El Partido Popular, llegados los momentos cumbre, aquellos en que debe fijar su postura en asuntos trascendentales, acumula desde hace años una tentación desastrosa: la multiplicidad de voces. Casi todo el mundo habla y muchos/as, o unos pocos/as, da igual, no saben de qué hablan. En el caso concreto de Venezuela está sucediendo exactamente esto. De pronto, y contra la doctrina oficial, ha surgido una tribu de espontáneos —algunos de la Dirección— poniéndose estupendos/as para sugerir que la operación policial de Estados Unidos contra Maduro puede contravenir el Derecho Internacional. Es decir: el gran argumento que está utilizando la izquierda universal, aquí en España Sánchez, para apoyar a Maduro en contra de sus captores. Es decir: el PP, por boca de estos pages, está haciendo un pan como unas tortas.

Y ahí no queda el caso: algún/a otro/a protagonista se lanzó a la red para propinarle un palo al secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, a cuenta de su indefinición, que en él es, sobre todo, cautela frente al vocinglero Trump. Afortunadamente para el PP, el desafuero desapareció en minutos, pero el mal ya estaba hecho: el PSOE atrapó el mensaje y, junto con los inevitables voceros de Vox, le arreó estopa al o a la escribiente.

A lo que vamos: este asunto es tan vidrioso, tan escurridizo, tan sin rematar, que el PP solo debería autorizar exteriormente una sola opinión: la de su presidente; lo demás es el griterío en un patio de verduleras. Feijóo suele decir que él no puede coartar la libertad de opinión de sus gentes. De acuerdo, pero tampoco debe aceptar que cada cual exprese sus juicios imaginativos, incluso en contradicción con la postura oficial. Un partido no es un club de bridge.

No sabemos ahora mismo si el Popular tiene claras estas diez circunstancias:

La primera, que el Estado soberano de Venezuela ya no era tal, sino una estructura criminal dedicada al narcoterrorismo;
la segunda, que Maduro y los suyos utilizaron precisamente el narcotráfico para socavar la salud pública y la seguridad nacional de Estados Unidos; la tercera, que, anualmente, el volumen de droga que transita por todo el territorio norteamericano todavía alcanza las 300 toneladas métricas; la cuarta, que exactamente por eso, y porque el régimen de Maduro no respetó el resultado de unas elecciones semidemocráticas, era un sistema ilegítimo, un Estado violador del Derecho Internacional; la quinta, que, siendo abyecta como lo es, la pseudopresidenta Delcy Rodríguez en este momento es, por mal que nos pese, «la abyecta» de Estados Unidos, entre otras cosas porque es una traidora que ha entregado a su jefe: para USA, Delcy es el episódico mal menor; la sexta, que quizá Trump no tenga un plan, pero Marco Rubio sí lo tiene; la séptima, que naturalmente es obligatorio y decente apoyar al dúo Edmundo González–Corina Machado, pero es dudoso que puedan garantizar en este trance la estabilidad del país; la octava, que la repulsa de Trump a Corina es personal: nunca aceptó de esta sus veleidades con su rival para la Presidencia, Kamala («Camelo») Harris; la novena, que entre los analistas más reputados existe una discrepancia concreta sobre si en un futuro próximo —ocho o diez meses— se convocarán elecciones en Venezuela; los más optimistas afirman que sí, los menos propalan la especie de que ni siquiera se realizarán; y la décima, un asunto extremadamente importante: en noviembre, allí, en USA, habrá elecciones de «medio mandato» para renovar Congreso y Senado. ¿Llegará el presidente americano a ese instante sin resolver la libertad del pueblo venezolano? ¿Se atreverá Trump a disgustar a sus 37 millones de electores hispanos con derecho a voto y muy mayoritariamente contrarios a Maduro?

Aún queda una coda: el PP no puede avalar las negociaciones de Zapatero, demandadero de Sánchez, con las gentes de Maduro, negociaciones que ha revelado Ketty Garat en este periódico. Sánchez las va a aprovechar como la aportación trascendente de España a la paz en Venezuela. Una trampa más.

Feijóo ha anunciado que toma el mando inequívoco en este proceloso tema. Seguro que esta vez será cierto. Quien de verdad tiene un problema es Sánchez y su corrupto partido, más aún si descubre dónde está escondido Zapatero, al que le espera un porvenir judicial muy complicado en Nueva York, en Washington o hasta en cualquier juzgado pueblerino. Allí acudirá si, llegado el caso, España le extradita y una vez que los yanquis no tengan en cuenta que su entrada en ese país le está por el momento denegada.

La interlocutora a palos de USA es la abyecta Delcy; Padrino y Diosdado son dos asesinos, también ladrones a gran escala, a los que Estados Unidos llamará a rebato antes que tarde. De ninguno de los dos se fía Trump; de Delcy solo un poco más, porque ha sido la mujer que ha entregado a Maduro.

Para los españoles de bien —que son todos los que repudian al psicópata de La Moncloa— el ascenso a la Presidencia de la cómplice de Ábalos y Koldo es sencillamente repugnante, un trago que solo puede deglutirse con una esperanza: que en el Plan Marco Rubio exista una adenda que obligue a la interfecta a «extraer» —verbo de moda— a todos los presos políticos (22 españoles) que torturó el asesino Maduro; también a constituir una estructura política que expulse a todos los criminales cubanos que aún se pasean en moto por Caracas; y que, antes del otoño, o ceda el poder al ganador Edmundo González o, si estos se avienen (él y Corina), se convoquen nuevas elecciones generales.

Mientras tanto, en el PP, voz única; ataque sin piedad a Sánchez, cómplice de Maduro y sus secuaces, y la seguridad de que ese ser desaprensivo que aún duerme en La Moncloa —cuando está aquí, que es casi nunca— pretende utilizar un triple comodín: el «Maduro», el «comodín Gaza» y este que se ha inventado ahora del envío de tropas a Ucrania, el golpe de efecto que anunciaba tras las Navidades. ¿A que no se lo ha comunicado a Feijóo? Que me vote por cojones. Todo para disimular su extrema debilidad. También la física; el tipo está hecho un cromo leptosomático. Una birria, vamos.

Sánchez, mejor fuera de la Pascua.

PD.— ¡Ah!, y que no se olvide: mejor que Sánchez no acudiera a la celebración de la Pascua Militar. En esa recepción sobraba; nadie le echó en falta y el Rey Felipe VI menos que ninguno. No le quiere nadie, excepto los caddies del esquí andorrano a los que proporcionó, a pesar de su tradicional roñosería, unas buenas propinas. Los militares —lo digo con conocimiento de causa— están callados, pero le detestan, salvo, claro, los enchufados situados en puestos digitales, vestidos de gala, que eso luce mucho.

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