Zapatero a sus zapatos y a los nuestros
«Luego llegó Sánchez que perfeccionó el sistema, pero el ‘copyright’ pertenece a José Luis Rodríguez Zapatero»

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero el pasado mes de diciembre en el Congreso de los Diputados. | EP
Se van a cumplir quince años del libro que dediqué a explicar y a explicarme el zapaterismo, aquel denodado esfuerzo por impostar bondad y altruismo que tanta fortuna o infortunio hizo entre el buen pueblo español. Cundió el ejemplo y tiene uno en la memoria figuras relevantes del periodismo español que dedicaron no pocos elogios a José Luis Rodríguez Zapatero, creadores de aquel infame movimiento sentimental que sustituyó la responsabilidad a la que está obligado todo gobernante, por la efusión de afectos. Hoy son críticos como antaño admiradores, sin solución de continuidad, sin un mal golpe de pecho o un Señor, fallé.
No es solo la figura, también se ha extendido el estilo, a periodistas, no tan relevantes, pero que han hecho de la actitud de Zapatero norma de su oficio: no pretenden contar lo que pasa y se conforman con tratar de convencer a sus lectores de que ellos son buena gente, animados de buenos sentimientos y dotados de solidaridad y empatía universales por todas las buenas causas que en el mundo son y han sido.
Ya entonces, en las postrimerías de su Gobierno, llegué a una conclusión que aún hoy mantengo sobre este hombre: su principal aportación a la forma de entender la convivencia y la relación entre sus administrados es el descubrimiento del enemigo común como forma de cohesión entre los propios. Eso fue sin duda lo peor de su legado. El socialismo ha dejado en España algunos males que se han revelado como endémicos, pero ninguno de tanta gravedad. Esa inquina hacia los de enfrente que ha rescatado por vía de la llamada memoria histórica, a la guerra civil como un ideal de coexistencia, que ha transformado a los adversarios en enemigos y a las tumbas en trincheras. Todo cambió desde su llegada, cabalgando el peor de los atentados terroristas que hemos padecido en toda nuestra historia.
Luego llegó Pedro Sánchez que perfeccionó el sistema, pero la definición del mismo, el copyright, pertenece a José Luis Rodríguez Zapatero. Rosa Díez acuñó una impecable metáfora para definir esto: Zapatero fue el cáncer y Sánchez su metástasis. Ambos han sido también dos figuras extraordinariamente relevantes para señalar el punto más alto de la corrupción y la mentira que han enfangado al país hasta límites antes desconocidos. Baste recordar aquella impostación de Sánchez contra Rajoy en un debate electoral el 14 de noviembre de 2015: “El presidente del Gobierno tiene que ser una persona decente y usted no lo es” y aquellos pujos de virtud en su discurso de la moción de censura, avalada y precedida por la honradez acrisolada de José Luis Ábalos: «Lo que hay en Europa son Gobiernos, como en Alemania, en los que, por ejemplo, personas que han desempeñado responsabilidades ministeriales y a las se les ha descubierto que han plagiado una tesis lo que han hecho ha sido dimitir». 1 de junio de 2018, cinco años y medio después de haber leído su plagiada tesis en la Camilo José Cela.
Me van a permitir los lectores que incurra en el feo vicio de la autocita, que no es ejemplar, pero da mucho gustito. Hace ya algún tiempo aprecié por escrito que Sánchez, todo lo que toca lo emputece, que aun siendo una apreciación bastante rigurosa no es del todo exacta, porque alguno de los factores que lo rodean venían ya emputecidos de antes, véase, si no, a su familia política. El socialismo en España es así. ¿Se acuerdan de Baltasar Garzón? THE OBJECTIVE contaba por pluma de Francisco Mercado en 2021 que su bufete facturó a la satrapía venezolana nueve millones de euros por varios conceptos entre los que figuraba el de «coordinación con la Fiscalía y Tribunales en España a fin de agilizar los trámites y avances del proceso judicial». La Fiscalía General del Estado era magreada en aquel año por su novia, Dolores Delgado García. Cualquiera diría que es un caso insuperable de corrupción, pero en esto también es Sánchez un segundón. Zapatero había corrompido a sus propias hijas, aquellas ninfas que asombraron al mundo posando con atuendo de góticas, incluidas las botas Martens, junto a sus padres y el matrimonio presidencial de EEUU en la Casa Blanca.
Las niñas montaron una empresa de comunicación que facturaba un pastizal en todos los países en los que mangoneaba papá: en China con Huawei, en Venezuela con el chavismo, después de un encuentro de Zapatero con Nicolás Maduro. El negocio desapareció de la red en cuanto del dictador venezolano fue apresado por el escuadrón Delta Force. El PP acusa a Zapatero de haberse enriquecido a costa de Venezuela y con razón, mientras la Audiencia Nacional abre diligencias previas contra él por la vinculación con la dictadura chavista que le habría traído la fortuna que ha amasado en estos años.
