The Objective
La semana por delante

El estrés está asolando a Sánchez

«Las bravuconadas sobre Gaza, Palestina y Ucrania no le han hecho recuperar un solo voto»

El estrés está asolando a Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Carlos Luján (EP)

Quiero empezar enfocando esta semana, que se presume indescifrable, con una consideración que tiene por objeto alertar, para bien o para mal, sobre el estado físico de Sánchez. Su cara, tras quince días al sol andorrano, ha vuelto aún peor de la que retrataba cuando se fugó de Madrid. El arco cigomático se sale de la faz porque allí no encuentra zona blanda tras la que refugiarse. Algún especialista ya ha sentenciado que esa asténica figura es propia, mejor dicho consecuencia, del estrés. También se ha especulado con alguna alteración orgánica que literalmente esté dejando a nuestro presidente -todavía- en los huesos. Tenemos todo el recuerdo de un muy famoso presentador de la tele que sufrió en poco tiempo un deterioro parecido que luego se identificó como mala absorción estomacal de procedencia desconocida. El mal se resolvió y ahora el hombre vuelve a lucir como «Mister España» o lo que fuera en su tiempo de galán inigualable. Así que no hay que exagerar los malhadados síntomas del aún presidente del que sí se debe realizar esta constancia: su cara es el espejo de su atormentada alma, biológica o psíquica, o sea: no hay quien discuta que a este personaje le esté dominando un estrés que le tiene adelgazado, adelgazado que no delgado, lo primero es voluntario, lo segundo presumiblemente una desdicha.

 Se levanta por ejemplo este lunes para el que tiene preparada -seguro- alguna nueva ingeniosidad estúpida, tipo «vamos a atacar Gaza», y se encuentra con una semana en el que, contra sus planes, el protagonista no va a ser él, «Su Sanchidad» como se le llama, sino, por orden de aparición: Trump, la ratita Delcy, el asesino Diosdado Cabello, muy cerca de acompañar a Maduro en su celda de nueva York, Zapatero o, incluso, vaya usted a saber, los ayatolas iraníes o la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, esa activista del leninismo que se ha propuesto, como mayor fin de su mandato, derrotar al cadáver de Hernán Cortés. Como les cuento. Para Sánchez, que toda esa recua le supere en audiencia, es como una puñalada en el quinto espacio intercostal, pero «¿Quiénes son todos esos a tu lado?» le está preguntando ahora mismo el pequeño pelotari Bolaños. Sánchez no le contesta porque, de hacerlo, tendría que responder algo así como Vinicius Jr.: «Pero ¿es que hay alguien mejor que yo en el mundo?». Pues sí le viene a decir hoy mismo Jordi Sevilla con su Manifiesto. El PSOE «bueno» (es un decir) se le rebela

El se está ocupando cada hora, semana a semana, de lo único que le tuvo en tensión aquellos cinco días cuando se retiró a meditar con su señora, la imputada Begoña Gómez: «¿Qué va a ser de mí cuando me echen estos españoles desagradecidos?» Es su sóla convulsión. Al fin y al cabo qué le importa que este miércoles su fiel y mínimo vasallo, Albares tenga que acudir al Congreso para explicar a propios y extraños qué clase de ridículo estamos haciendo con Venezuela. El episodio se antoja movidito porque la oposición le va a hacer tragar quina con preguntas como ésta: «¿Le ha retirado ya el pasaporte diplomático a Zapatero, conocido cómplice de las fechorías de Maduro?» o esta otra: «¿Están ustedes de acuerdo o no con el método que ha utilizado Trump para poner preso al dictador de Venezuela?». Por cierto que los diputados deben estar muy atentos cuando Albares califique de «arrestados», como si fueran reclutas de la antigüedad, a los cinco españoles que han sido liberados de las garras del depuesto criminal. El calificativo de «arrestado» es una imposición que Moncloa ha obligado a repetir nada menos que al Rey de España, dando una prueba más del aherrojamiento al que le tienen sometido Pedro Sánchez y su cuadrilla de indeseables.

Visto que las bravuconadas sobre Gaza, Palestina y Ucrania no le han hecho recuperar un solo voto cara a las próximas elecciones en Aragón (el día 22 empieza la campaña electoral) Sánchez, la iracunda Montero y toda la fauna que le le rodea se han puesto a vender la siguiente mercancía averiada. «La singularidad económica y fiscal de Cataluña es una bendición para el resto de las regiones». España entera, que ya no da más de sí, se sigue sorprendiendo con la llegada de una palabra endemoniada: «Ordinalidad». Les transcribo, para ver si así entienden algo qué es lo que dictamina al respecto la Real Academia. Dice: «Expresa el lugar o puesto que ocupa una unidad en una serie  o secuencia». Un castizo, oído el parche, gritaría: «O sea, ha sido la gallina, ¡la gallina!». Así están las cosas con la nueva tropelía que tiene en armas a toda la Nación, salvo al depauperado habitante de la Moncloa, al obispable Junqueras y a Televisión Española, ya convertida definitivamente en la «Casa Goebbels» de José Pablo López Sánchez (¡ojo al apellido) alias «El Chupaito». Pocas esperanzas tiene el PP de que este miércoles sus propuestas en el Consejo  de Política Financiera sean recogidas en ese medio con un mínimo de objetividad.

En otra situación parecería que España se está desperezando entre los fríos de enero pero ¡ca! cada día normalmente tiene su afán pero en España no: cada día tiene su escándalo. Esta semana, visto que el presidente del PP, Núñez Feijóo, ha resistido con gallardía la acometida de la tortuosa jueza de Catarroja a cuenta de la dana, el PSOE pretende que el citado envíe al Parlamento y a la susodicha magistrada, esposa de un fanático socialista, todos los mensajes que se cruzaron el día de la dana, el mismo Feijóo y el dimitido presidente valenciano, Carlos Mazón. El caso es enredar para ocultar las toneladas de basura que envuelven la corrupción de Sánchez y sus costaleros. Por si faltara algo en este Ruedo Ibérico ya se le ha atizado una querella al citado Zapatero en la Audiencia Nacional, y el juez Antonio Piña ha abierto con rapidez inusitada diligencias previas para confirmar que el ex-presidente Netol ha cometido textualmente: una serie de «infracciones penales». Así que bien incorporado ZP al club de presuntos penados en el que se hallan desde hace tiempo la señora y el hermano de Pedro Sánchez. Este -ya se sabe- empieza esta semana una ronda de contactos con los grupos parlamentarios para contarles sus mentiras. La reunión pues, no valdrá para nada.

Por eso, éste debe acelerar para ponerse a salvo políticamente y para recuperar su body de actor hortera. Esto último tiene un gran sentido: alguno de los médicos que podrían asistir a nuestro aún jefe del Gobierno van a ponerse en huelga inmediatamente. También de forma indefinida. La culpa la tiene la militante comunista, Mónica García que intenta transformar a los más reputados científicos y técnicos de la Medicina en camilleros de ambulatorio. Es lo que se llama igualar por abajo. Por arriba quien tiene que igualarse -lo hemos escrito con el debido respeto- es Sánchez Pérez-Castejón, que si continúa sufriendo el tal deterioro facial va a perder hasta el pelaje de la barba por no tener donde agarrarse. La verdad: no podemos soportar más tiempo a un presidente flaco, escuchimizado, cubierto de más potingue del que utilizaban -fue un rumor extendido- las laboriosas maquilladoras de Lola Flores. Así que ¡a mejorar, Pedro! ¡o a la calle! que es otra salida.    

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