The Objective
Hastío y estío

Muñoz Molina y su mundo paralelo

«Busca alterar mi tranquilidad, hacer de la mañana un desayuno indigesto donde el café deje de ser lo más amargo»

Muñoz Molina y su mundo paralelo

El escritor Antonio Muñoz Molina. | Fernando Sánchez (EP)

Tengo un amigo al que llamaremos J que tiene a bien mandarme cada sábado el artículo que Muñoz Molina escribe en El País. Un acto de provocación como otro cualquiera. Busca alterar mi tranquilidad, hacer de la mañana del sábado un desayuno indigesto donde el café deje de ser lo más amargo. Dejar de disfrutar ese silencio madrileño nada habitual, y que el ruido se introduzca en mi cabeza como una hormigonera. Así que querido J, has conseguido tu objetivo, has ganado esa batalla psicológica de la que sólo podré curarme exorcizando esos demonios. 

Muñoz Molina es un escritor que dirigió el Cervantes en Nueva York y que ganó el Planeta. Lo primero fue de 2004 a 2006 bajo el primer mandato de Zapatero. Puesto a dedo por este de la misma manera que el ínclito García Montero por Pedro Sánchez. Tanto monta, monta tanto. La historia se suele repetir, sobre todo cuando se equivoca de manera retorcida. Estómagos agradecidos que adulan hasta lo injustificable a los jefes que los colocaron en sendos chollos. En 1991 ganó el Premio Planeta con la novela ‘El jinete polaco’. Un premio que sorprendentemente siempre gana quien le interesa a la editorial, y donde el azar y la meritocracia son dos palabras no aceptadas en su reglamento. Dos ejemplos que se sepan, son Lucía Etxebarria y Miguel Delibes. A ambos se les ofreció ganar el premio si escribían una novela para la edición correspondiente al año de la «sugerencia». Pero «seguramente» el año que lo ganó Muñoz Molina fue la excepción que confirma la regla. 

Muñoz Molina con su apariencia mesurada, de intelectual discreto, y de perfil bajo, ha hecho una carrera casi funcionarial en esas dos empresas cuya fusión las ha hecho casi indistinguibles que son la PSOE y PRISA, lo que se ha conocido siempre como el PRISOE. Un intelectual de partido y de empresa. El fin justifica los medios y los artículos que escribe desde que el sanchismo enseñó la patita y resultó tener unas garras criminales. 

Muñoz Molina parece que no ha roto un plato. Si se ve alguna entrevista audiovisual, casi todas en la Ser, qué casualidad, su tono es bajo y su cadencia lenta. Palabras que salen como tortugas. Una apariencia blanda, que lo que sí que esconden es un caparazón duro. Rojo como el de un cangrejo. Como este crustáceo, prefiere desde hace unos años caminar hacia atrás y no ver lo que hay delante de sus ojos. Con todos los problemas que tiene España en los últimos tiempos y en sus artículos de «actualidad» lleva años escribiendo sobre la Guerra Civil, Franco, Hitler, y otros personajes igual de vivos y candentes. Cualquier día escribirá sobre los visigodos, el Imperio Romano, o de Adán y Eva. 

Y es que Muñoz Molina debe de sufrir algún mal que no le deja ver el presente de su país. Una niebla densa, un humo en sus ojos del más grande de los puros cubanos, que se los hace enrojecer aún más. No hay más ciego que el que no quiere ver. Que la corrupción es una plaga unida a este gobierno, que el precio de la vivienda, de la cesta de la compra, y de todo en general está por las nubes, que el sanchismo intenta controlar el poder judicial, que sus socios preferenciales son los que quieren romper la nación, que se da más financiación a una comunidad rica como es la catalana, mientras él calla siendo de una provincia tan olvidada y empobrecida como Jaén, dejando en el olvido a Andalucía, las Castillas, Extremadura o Aragón entre otras. Todas menos Cataluña y el País Vasco. Pues para el escritor andaluz con residencia en Madrid todo esto no debe existir, pues un intelectual con su sensibilidad e inteligencia “seguro” que las contaría por escrito si fuera consciente.

Que Muñoz Molina vive en una España paralela a la de los ciudadanos normales es algo que un servidor sospechaba desde hace algún año, pero ahora podemos expandirlo a que vive en un mundo paralelo. Aquí volvemos a mi amigo J y al artículo publicado el sábado pasado por nuestro protagonista. Su titulo fue «Patriotas, gente de orden». Otro artículo donde no hablaba de las políticas nefastas del gobierno. Sabemos que todo es una balsa de aceite, y que las cosas se están haciendo extraordinariamente bien. Tampoco sobre el arresto de Maduro por parte de la administración Trump y la buena noticia que es que el pueblo venezolano se libere de un dictador. Dice que Venezuela es ahora un país desgobernado, pero soberano, dando por buenos los resultados de las últimas elecciones en ese país. Lo que no «olvida» decir es que Trump es muy prepotente y que el mal del mundo es la ultraderecha patriótica. Aquí reciben esa crítica Feijóo y Meloni.  Tampoco falta su defensa sibilina tanto a Zapatero como a Sánchez. Y cómo no, una referencia a la Guerra Civil y a Hitler. Una macedonia poco digerible donde mezcla frutas con palos y piedras. Un escritor, Muñoz Molina, que puede que le pase como al Quijote, por cierto, protagonista del último libro de autor andaluz al que realiza un extenso homenaje. Puede que al igual que a ese personaje universal ya no diferencie la ficción de, en su caso, su realidad tan sesgada como interesada.

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