The Objective
Hastío y estío

David Uclés, atrapado por el pasado

«Señor Uclés, viva en el pasado, en el presente o donde quiera, pero no se victimice ni nos dé lecciones»

David Uclés, atrapado por el pasado

El escritor David Uclés. | A. Pérez Meca (EP)

El escritor de moda en España, David Uclés, vive atrapado por el pasado. Poco tiene que ver con el personaje interpretado por el magnífico actor Al Pacino, en la película con un título muy similar. En la película, ese personaje acaba de salir de la cárcel y le promete a su novia no reincidir en sus errores, pero le debe un favor a su abogado que le pide realizar un último baile en el mundo de la delincuencia.

Uclés no ha cometido ningún delito, pero sí que le gusta reincidir en sus mismos temas de siempre. Un día de la marmota en blanco y negro. Siempre con la Guerra Civil y Franco en la boca, como si hubiera enloquecido y se hubiera convencido de ser una mezcla entre un Quijote que cree vivir en el libro que ha escrito, La península de las casas vacías, otra historia sobre la Guerra Civil contada con un realismo tan mágico que su autor ha terminado por creérselo.

La otra parte de la mezcla sería el protagonista de la película Good Bye, Lenin, donde un hijo cuya madre acaba de despertar de un coma pocos días después de la caída del muro de Berlín, intenta adaptar la nueva realidad para que siga siendo como le gustaba a su madre, una fiel seguidora del régimen comunista. En este caso, David Uclés no debe manipular a nadie para que crea una mentira, sólo a sí mismo. Levantarse cada mañana y pensar que vive en el año 1939. 

Si vuelven a leer las primeras palabras del primer párrafo de este artículo verán que he empezado por «el escritor de moda….», y es que no sólo lo es por ser el autor revelación del año 2025 por haber convertido su novela en un best seller con varios cientos de miles de libros vendidos. También por estar en todos los sitios, en toda librería, biblioteca, periódico, radio, centro cultural, televisión, un servidor un día estaba tomando una sopa y su gorra me salió en el plato. Y precisamente esa gorra como complemento a su vestimenta es lo que le hace ser un «escritor de moda». Y es que su outfit está perfectamente estudiado y no es fruto del azar. Esa apariencia de hombre pobre de los primeros años de la posguerra está tan conseguida que a veces me convence de que es un hombre que ha hecho un viaje al futuro, cosa que explicaría lo perdido que está. Esas chaquetas marrones y esas camisas de cuadros de hombre del campo de los años 30 y 40 del siglo pasado de aspecto «viejuno» hasta en ese momento, y esas gorras de poeta azucarado y sensibilidad impostada. 

David Uclés es un «viejoven» que el 21 de enero cumplirá 36 años. Nació en Úbeda como el protagonista de mi artículo reciente, Muñoz Molina, pero este con 70 años recién cumplidos. Dos gotas de agua con 34 años de diferencia. Ambos decidieron quedarse a vivir en el franquismo como el protagonista de Good Bye, Lenin decidió que su madre lo hiciera en el comunismo.  

En un acto reciente del pasado diciembre al recibir un galardón en los «Premios Influyentes», aprovechó la ocasión de que entre el público estuviese Isabel Díaz Ayuso para decirle que habiendo vendido cientos de miles de ejemplares de su novela, en Madrid sólo podría comprarse un zulo sin ventanas. Eso no lo ha dicho en Barcelona, Bilbao o San Sebastián, donde el precio de la vivienda es muy similar.

Un treintañero que vive en el año 39 del siglo pasado y que aprovecha un momento «presente» para criticar algo muy concreto y sesgado. Ni una palabra a que llevamos ocho años de un gobierno social-comunista con el que comparte afinidad, y que no ha hecho nada en estos años respecto a la vivienda. Tampoco le hemos visto utilizar el altavoz que tiene al ser un escritor de éxito en todos los medios donde ha estado para quejarse por el precio de la lista de la compra, de la luz, de la corrupción del gobierno, de las políticas que van contra las comunidades más pobres a costa de enriquecer a dos tan ricas como Cataluña y País Vasco, de lo mal que lo está pasando el sector agrícola y ganadero, pero sólo se le llena la boca de los hombres del campo que están criando malvas desde hace muchas décadas. 

Unos principios los de David Uclés, maleables, como suele pasar en los que se manifiestan de la misma manera que él. Muy sentenciosos hasta que utilizan su éxito y su privilegio en no perderlo nunca más. Muchas lecciones de moral que se olvidan cuando el protagonista es uno mismo. Un escritor que reconoce que le costó mucho encontrar editoriales que quisieran publicarle. Todo era un valle de lágrimas, seguramente todas esas editoriales eran franquistas, fascistas, homófobas y muchas cosas más.

La editorial Siruela le da la oportunidad que le hace alcanzar el éxito. Sin la apuesta de esta editorial nos habríamos ahorrado ver sus pintas «estratégicas» y escuchar sus topicazos vacíos. Y él no tendría los bolsillos tan llenos para tener todo el tiempo del mundo en querer seguir dando pena desde su lugar privilegiado. Él sufre por una España que ya pasó, pero se beneficia de la actual, cuando es la gran mayoría quien no lo hace. El señor Uclés decide presentarse al premio Nadal, o puede que la editorial Planeta le «sugiriera» que lo hiciera, algo no muy extraño en su forma de proceder.

La «casualidad» hace que tiempo más tarde se dé la fusión perfecta y nuestro protagonista gane el premio hace pocos días. Como es lógico, una parte del premio es publicar el libro en la editorial que lo convoca. Una forma muy sutil de llevarse un autor que estaba en otro sello. Como digo, es una casualidad que el autor que más vende en la actualidad ganase ese premio, que fuera la mejor novela entre decenas, que el seudónimo correspondiese con su nombre, que la editorial Planeta mate dos pájaros de un tiro y que coincida el ganador del premio con un autor superventas. Y lo más curioso de todo es lo pronto que Uclés ha olvidado a la editorial a la que le debe todo. No perdió tiempo en considerar a Ayuso la bruja del capitalismo feroz. Ahora él se va a la editorial Planeta, que como todos sabemos no es la empresa más capitalista del sector editorial. Señor Uclés, viva en el pasado, en el presente o donde quiera, pero no se victimice ni nos dé lecciones. Como mucho podrá hacerlo de su falsedad.   

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