Jarana de elecciones contra Sánchez
«El PP está fiando a los resultados de la pléyade de elecciones buena parte del porvenir político de Feijóo»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Europa Press
Este lunes, Fernández Mañueco, un tipo gris, austero hasta en su retórica, eficaz en la gestión y muy lejano a los carismáticos líderes del PP que le precedieron en Castilla y León (Aznar y Herrera…) abrirá las urnas de su región para convocar a los paisanos a un aquelarre electoral el próximo 15 de marzo. Este momento coincide, casi en el tiempo, con otros dos de gran trascendencia para el partido de Feijóo: el comienzo el jueves de la campaña aragonesa, y la constitución de la Asamblea de Extremadura este mismo martes, el Parlamento donde los costaleros de Abascal quieren hacerse fuertes en la Presidencia. Quedan para más tarde los comicios de Andalucía, probablemente el último domingo de mayo, de igual importancia para un PP que está fiando a los resultados de esta pléyade de elecciones, buena parte del porvenir político de su jefe Núñez Feijóo.
Sánchez, su oponente, ha diseñado, para intentar que el PP pase de la euforia a la amargura, una amalgama de ingeniosidades, alguna de ellas francamente chuscas, que van desde el derribo de un cuartel militar en Madrid que empezó a ejecutarse hace más de 20 años, a ese fondo soberano, arrebatado al Instituto de Crédito Oficial, con el que el presidente quiere regar las inversiones del país después de no haber sido capaz de utilizar los fondos europeos que Bruselas quiere recuperar este mismo año. Todas son añagazas que se pueden completar, naturalmente, con las encuestas del desvergonzado Tezanos al que el público en general se toma a cachondeo en vez de hacer lo debido: llevarle a un Juzgado por prevaricador y por el malversador que está utilizando nuestros dineros para redactar sondeos falaces. Sus bodrios cumplen una doble misión: por un lado, engañar a los españoles haciéndoles temer que todavía el depauperado y villano Sánchez guarda alguna posibilidad de vencer en las próximas generales. Por otro, lo cual es mucho más perverso y amañado, estimular a los electores para que no den el partido por perdido, se movilicen y se queden estables donde, de forma increíble, permanecen instalados: más o menos, el 27% de intención de voto.
Aún podríamos agregar a este panorama una referencia foránea, pero muy próxima: las elecciones presidenciales en Portugal donde un socialista, Antonio José Seguro, y un sorprendente candidato de extrema derecha, el Chega André Ventura, se han medido para conquistar la confianza de los lusos. Al lado de los dos, el liberal Joäo Cotrim se ha refugiado en los brazos del primer ministro Montenegro. Claro está que lo que ocurra en el país vecino nos atañe solo de aquella manera, pero Sánchez lo espera porque se ha quedado en Europa prácticamente sin amigo ninguno para articular el más estúpido de los inventos pergeñados a medias entre el propio jefe del Gobierno y su insensato ministro, el pequeño Albares: una alianza mundial y multilateral que ha sido tomada a chanza en las cancillerías occidentales. Y es que Albares cada vez se parece más a esas vacas famélicas que en vez de dar leche dan pena.
España se encuentra aterida de expectación y refugia su esperanza en todas estas convocatorias electorales y demás añadidos, Sánchez vuelve a darse su enésimo garbeo por Europa para asistir esta vez al renombrado y muy inútil Foro de Davos. En una ocasión este cronista asistió a las sesiones (no a todas porque algunas eran un auténtico peñazo) y terminó haciéndose a sí mismo esta conclusión: propuestas estratosféricas, conclusiones con vocación de olvido, cotilleos de todo jaez e intención permanente de los asistentes, digamos de segunda división, por pegarse como lapas a los de primera. En la pasada edición fue Sánchez, al que nadie hacía demasiado caso, el que trataba por todos los medios de fotografiarse con los líderes mejor colocados. Alguno de los presentes calificaron de «auténtica risión» los esfuerzos desmesurados del jefe de la Política Económica de Presidencia, Manuel de la Rocha, para impedir que no le hiciera la cobra algún invitado y para lograr que su patrocinado se diera un abracillo con quien se pusiera a mano. Sencillamente patético.
Sánchez viaja a la nieve suiza de Davos —tierra donde no son infrecuentes los aludes— entre otras cosas porque aquí, en España, el Parlamento sigue de vacaciones navideñas como si fuera un colegio francés. Entre avión y avión recibe hoy a Feijóo, que acude a la Moncloa, según afirma, por «responsabilidad institucional» lo que es tanto como no decir nada. Sánchez le ha querido engañar de nuevo con la martingala del envío de soldados a Ucrania una vez que se termine allí la guerra. La gente se pregunta: ¿serán militares vestidos de la ONU para la interposición entre dos bandos?, o ¿el intento se quedará en agua de borraja porque no se sabe cuando Putin dejará de bombardear Ucrania?
La mentira pues, está servida y convenientemente denunciada. Feijóo recibirá de Sánchez su promesa de debatir toda la política exterior del Reino de España, y el presidente del PP se marchará de Moncloa con la seguridad de que, como asegura un asesor suyo: «Con este individuo no hay nada que hacer». Mucho han tardado en darse cuenta de ello. Al Palacio okupado por el autócrata acudirán, en fila india, uno tras otro de los representantes parlamentarios, salvo Junts que tiene la obligación de vender la imagen de una ruptura, que nadie cree, con el club infecto de Sánchez. Sí estarán allí los peneuvistas de Pradales Gil, que le han arrancado al dadivoso y felón presidente un porrón de competencias nuevas. No acaban ahí: ahora pretenden usurpar los aeropuertos y ¡ojo!, toda la organización electoral. O sea, un peligro. Este Pradales Gil se pasea por el extranjero, es decir por España, con un informe bajo el brazo que reza así: «… sobre cumplimientos e incumplimientos del Estatuto de Guernica» del que, por cierto, el mismo Pradales Gil (ocho apellidos castellanos en su Registro Civil tiene el converso andoba) opina que no es simplemente un acuerdo político de chicha y nabo, que es un pacto. Lo dice el que quiere volarlo.
En fin, como no es cosa de cansarlos con más relación de todos los acontecimientos de esta semana, les incluyo únicamente otros cinco episodios para estar pendientes de lo que pase: el primero, el reconocimiento ya iniciado de Trump de que Venezuela va a celebrar elecciones libres; el segundo, la continuación de la huelga de los médicos a los que la ministra como se llame quiere igualar con los honrados, eso sí, camilleros; la tercera, la sesión el martes del Parlamento Europeo para debatir precisamente la situación de Venezuela; la cuarta, los esfuerzos del mínimo Bolaños para conseguir definitivamente la censura de la prensa libre; y la quinta la revisión en el Congreso de aquella mentira descomunal sobre el bulo de la bomba-lapa de un agente de la UCO a Pedro Sánchez. Un ejemplo criminal (es de juicio) de la manipulación que, a diario, realiza la televisión gubernamental al mando del «Chupaíto» y de su jefe el enflaquecido, que no delgado, habitante todavía de la Moncloa.
