The Objective
Hastío y estío

Julio Iglesias y el artículo patético de Martín Bianchi

«Es curiosa la fe en lo que no se ve de este progresismo cuando les conviene»

Julio Iglesias y el artículo patético de Martín Bianchi

Julio Iglesias. | Gtres

Leo un artículo del periódico El País. El artículo lo firma Martín Bianchi, y su título es tan rompedor como roto está su interior, «El ocaso de Julio Iglesias: cómo el español más famoso del mundo desapareció en su Triángulo de las Bermudas». A un servidor le gustaría saber de donde le viene esa inquina personal a ese periodista. Pareciera que estaba esperando pacientemente a que llegara este momento donde dos mujeres le acusan de agresiones sexuales, para realizar este ataque tan patético. Para hacerlo ha esperado a que la persona que sufre su animadversión haya sido golpeada hasta tirarla al suelo. Verla magullada para, ahora sí, atreverse a golpearla. Un cobarde que además no hace otra cosa que decir una tontería tras otra en el artículo. Y es que la cobardía nos humaniza cuando no se hace algo por miedo a las consecuencias, una cobardía pasiva. No como en esta ocasión, que es activa y que actúa solo cuando ve a su rival herido.

En el artículo se dicen estupideces de tal calibre como las siguientes: «El cantante, denunciado por agresión sexual y trata de personas, lleva 40 años alimentando el misterio sobre su vida escondido en mansiones inexpugnables en el Caribe. Pero el velo ha empezado a rasgarse». No tienen desperdicio cada una de estas palabras a la hora de analizarlas, aunque lo son en sí mismas. Un cubo de basura textual. Vayamos por partes, como haría Jack el destripador, y cómo se comporta Martín Bianchi en ese artículo con Julio Iglesias. Ir amputándole al cantante sus miembros tanto vitales como profesionales. Frases como cuchillos oxidados. Dice que el cantante lleva 40 años alimentando el misterio sobre su vida. Un servidor no sabe qué obligación tiene Iglesias de tener que ir contando su vida por ahí. Lo que puede que moleste es que haya compartido las partes que le apetecía, que seguramente no eran las que le interesaban a nuestro querido articulista. Y es que la vida pública y privada de una persona famosa es una decisión únicamente individual. Esa libertad que tan poco les gusta ideológicamente.

Después viene lo de «escondido en mansiones inexpugnables en el Caribe». ¿Escondido?, sea más claro y díganos qué quiere decir con ello. Si usted sabe que lleva cuarenta años ocultándose de algo, cuéntenoslo. Sí se quería esconder de alguien o de algo, ha tomado muy malas decisiones. Durante esos cuarenta años de los que habla se le ha podido ver por todo el mundo. Dando conciertos y entrevistas, y conociéndose los hoteles donde se hospedaba. Quedando con amigos y amigas, comiendo en restaurantes, en definitiva, disfrutando de la vida, que es lo que parece que le molesta. El éxito ajeno cuando no concuerda con su secta ideológica les revuelve las tripas como Jack. Algo que no debe ser casualidad, cuando aparece por segunda vez en este artículo. 

Lo de «mansiones inexpugnables en el Caribe» ya es de traca. Una gilipollez de premio. Una memez antológica por la que le doy la enhorabuena. Habría que retorcer mucho las meninges para soltar una más gorda, y no garantizaría conseguirlo. Y es que a Martín Bianchi no debe parecerle bien que en sus casas entren quien él quiera y ponga todas las dificultades a su alcance para tener los mejores sistemas de seguridad para que nadie acceda a ellas sin su permiso. Qué tipo más raro Julio Iglesias, que no quiere que accedan a su casa ni ladrones ni paparazzis. Puede que nuestro nuevo articulista favorito tenga la puerta de su casa abierta para todo el mundo. Que tenga preparada para esas visitas sorpresa ricas viandas, el sofá libre para que se tumben en él y el mando de la tele en uno de sus brazos para que vean una serie de su plataforma favorita. No sé sí tendrá una en el Caribe, pero si la tiene en Madrid, una con vistas al Manzanares puede dar el pego. 

«Pero el velo ha empezado a rasgarse», dice la última frase de la entradilla que destaca lo supuestamente más importante del artículo. Un velo no iraní, por supuesto. Los hombres que defienden esa teocracia islamista no merecen un texto. Lo merece Julio Iglesias, un templo al que muchas mujeres fueron fieles por elección propia. Algunas lo visitaron una sola vez, y otras peregrinaban de manera más continua. El articulista quiere dar a entender que el oscurantismo alrededor de la vida del cantante empieza a desaparecer, y que una nueva luz y una nueva claridad muestra la realidad de su figura. Todo por unas acusaciones inconexas que no demuestran nada tangible. Es curiosa la fe en lo que no se ve de este progresismo cuando les conviene. 

«Las últimas imágenes suyas son del verano de 2020 en su casa de Punta Cana. En ellas se lo veía con problemas de movilidad, bajando a su playa privada con la ayuda de tres mujeres en bikini». A un servidor le cuesta creer que no haya ninguna imagen pública en los últimos cinco años de Julio Iglesias. Pero ya sabemos aquello de que la verdad no te estropee una buena noticia. Que no se estropee el oscurantismo que quieren asociar al cantante. Un servidor está seguro de que no es así; tampoco tendría nada de raro que un señor octogenario quisiera llevar una vida más tranquila y casera, pero para este periodista, que Julio Iglesias pase mucho tiempo en alguna de sus mansiones tiene que significar algo turbio. Y no quiero terminar sin opinar sobre que unas mujeres acompañen a Julio Iglesias hasta la playa y destaque que iban vestidas con bikini. ¿Desde cuándo las mujeres van a la playa con esa prenda y no con un burka?, seguro que es cosa del cantante que las quiere cosificar. Ahora empiezo a entender a qué se refería el articulista con eso de que «el velo ha empezado a rasgarse».  

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