The Objective
Hastío y estío

Cristina, una niña solitaria en Adamuz

«A los seis años no se debería saber qué es la muerte, menos aún de forma tan brutal»

Cristina, una niña solitaria en Adamuz

El tren Iryo que descarriló e impactó contra un Alvia. | EFE

Querida Cristina, un servidor, que no es más que un comentarista de lo que es noticia para el periódico THE OBJECTIVE, se atreve a dirigirse a ti, pequeña, en medio de este silencio que debe envolver tu mundo ahora mismo. No te conozco, pero tu historia ha llegado a mi corazón delator, retumbando en mi pecho desde el pasado domingo. Eres una niña de seis años, de Punta Umbría, Huelva, y de pronto, el destino te ha dejado sola en medio del caos. Sola, pero no abandonada.

El fin de semana pasado era un viaje a una felicidad temporal, capital, madrileña. Tus padres, tu hermano —ese que jugaba contigo a ser niños para siempre— y tu primo, cogisteis un tren rumbo a Madrid. El motivo principal era ver el partido del Real Madrid contra el Levante. ¡Qué alegría momentánea! El estadio Santiago Bernabéu con sus luces cegadoras, el rugido de la multitud, los goles que hacen saltar a la gente de sus asientos. Tú, con tus seis añitos, quizás aferrada a la mano de tu madre, comiendo un bocadillo mientras disfrutabas del ambiente. No sabías que esa felicidad era efímera, un destello que no se repetiría. Era un viaje para celebrar la vida, para escaparse de la rutina en Punta Umbría, con sus calles tranquilas y su buena gente. Pero el tren descarriló, el mundo se volvió un amasijo de metal y gritos, y de repente, el caos te envolvió como una niebla espesa.

Allí estabas tú, Cristina, una niña solitaria en medio de la catástrofe. Un guardia civil te encontró vagando, con los ojos grandes como platos, buscando a los tuyos entre el humo y los escombros. Tus padres, tu hermano, tu primo, todos se fueron en ese instante cruel. La pérdida de la inocencia de la manera más atroz. A los seis años, uno cree que el mundo es un parque de juegos eterno, que los padres son invencibles, que los hermanos siempre estarán para jugar y defenderte. Pero la vida, esa traidora, te ha robado todo eso en un pestañeo. Un viaje a ninguna parte.

A los seis años no se debería saber qué es la muerte, menos aún de forma tan brutal. Tus juegos con muñecas, tus carreras por el pueblo, todo eso se ha teñido de negro. Pero escúchame, pequeña, esa crueldad no te define. Es un capítulo oscuro, pero no el libro entero de tu vida. Ahora vivirás con tu abuela, esa mujer fuerte que huele a amor eterno. Ella te cuidará, te contará historias de tus padres cuando eran niños, de cómo tu madre te miraba orgullosa, o como tu padre jugaba contigo demostrándote que era lo más importante para él. Será duro al principio, con noches en las que llores hasta quedarte dormida, pero poco a poco, la luz volverá, aunque sea de manera tenue. 

Mira al futuro con esperanza, Cristina. No con esa esperanza falsa de los políticos ineptos que prometen mucho y solo cumplen con su incompetencia, sino con la esperanza real, la que nace de dentro. Tienes que intentar ser feliz, es el mejor homenaje que puedes hacerle a los seres queridos que perdiste. Ellos no querrían verte triste para siempre. Imagínalos en el cielo, o donde sea que creas que están, animándote desde las gradas como en aquel partido. «¡Vamos, Cristina!», te dirían. Juega, ríe, aprende. Ve a la escuela, haz amigos, descubre el mundo más allá de Adamuz.

No te voy a mentir, querida Cristina, este dolor no te será útil, ni se marchará nunca. Se quedará como una cicatriz imborrable, como un tatuaje en el alma. Todos hemos perdido personas queridas, y sabemos que el tiempo no lo cura todo, pero sí que lo transforma. Ese viaje a ninguna parte fue el final para ellos, pero para ti es un comienzo forzado. Aprovecha la dulzura de tu abuela, sus cuentos antes de que te vayas a dormir, sus comidas caseras. Y cuando mires al cielo, envíales un beso. Ellos lo recibirán.

Cristina, solitaria pero no sola. El mundo es cruel, sí, pero también lleno de gente buena que te ayudará. Un servidor, desde estas líneas, te manda un abrazo que abarque todo lo que necesites.

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